lunes, 28 de mayo de 2012

Reinventarse en 'Aída'


A veces, en círculos seriéfilos, reconocer que me río con 'Aída' es casi una invitación a que no me dejen salir del extrarradio. Como en casi todo, lo desconocido y de fuera es mejor y ciertamente, viendo la calidad de la ficción española es un argumento no del todo desdeñable, aunque siempre hay excepciones. 'Aída' suma casi todos los pecados que son rasgo común en las sitcom patrias: duración desmesurada, colorido brutal, chistes burdos (ocasionales), personajes estereotipados, etc. Este formato-tipo es idéntico a 'Médico de Familia', 'Aquí no hay quien viva', 'Los Serrano' y otras tantas. Sobre esto Nacho García-Velilla no albergaba ninguna duda cuando creó esta comedia allá por enero de 2005.
Madre e hija: ellas lo valen
Sin embargo hay algo que me engancha a la serie. Quizá es que me aferré a ella cuando surgió como spin-off de '7 Vidas' (también en Telecinco), serie que me dejó un enorme vacío como concepto de 'happy place'. El hecho de que Amparo Baró y, sobretodo, Gonzalo Castro no estuviesen en esta nueva producción me tenía alicaído, aunque Aída ya hubiera cobrado una relevancia mayor en la serie madre. Además de los protagonistas, el modelo socio-económico de los personajes también cambió pasando de una clase media (más o menos) a un barrio obrero, con todo lo bueno y malo que ello conlleva. Aunque exagerados, el lenguaje utilizado de los habitantes de 'Esperanza Sur' es más real que el de otras muchas series españolas que se jactan de ello, y que encima no funcionan en clave de comedia.
Chema tiene pan, cultura y ética 
Un punto a favor de esta serie es que utiliza a los personajes para retratar lo más absurdo de nosotros mismos, desde la exageración, pero también perdonando a su vez los defectos humanos y buscando el equilibrio, como si de un sainete o entremés del siglo XXI se tratase. Por ejemplo, se puede hablar de homosexualidad y que un 'fascista' como Mauricio Colmenero (genial Mariano Peña) opine barbaridades sobre ello, que el mismo contexto de la trama desacreditarán el punto de vista incorrecto del tabernero, sin necesidad de moraleja absurda y aleccionadora.
Si Mauricio ofrece algo nunca es gratis

Lejos de vertebrarse en el personaje que le da nombre, 'Aída' es una serie coral, y coral además con un montón de personajes, lo que permite que la ausencia de alguno de ellos no se note durante algunos capítulos. Así la longevidad del producto es más fácil de conseguir porque el desgaste de no poder asumir proyectos en paralelo abre una vía de escape. El gran envite en este sentido fue el anuncio de Carmen Machi (Aída) de abandonar la serie (por cansancio con el personaje) en el año 2009, a lo que los productores contestaron con una huida hacia adelante, sumando una nueva actriz en un papel parecido al suyo, su hija Soraya (Miren Ibarguren) y con un giro de guión que cambiaba todo, dejando (paradójicamente) las cosas prácticamente igual. Esta circunstancia quizá se ha convertido en la tónica de las últimas temporadas: la reconstrucción forzada por deserciones (Carmen Machi) maternidades (Melani Olivares) o bajas ¿temporales? (Ana María Polvorosa). Personajes interesantes ávidos de más cámara hay unos cuantos para tomar el relevo de los que se marchan.
Tan amigas, tan distintas
Teenager rural versus poligonera de manual


El equilibrio de la serie, respecto a los hombres, reside en un hilarante Paco León (Luisma), el mencionado Mariano Peña y Pepe Viyuela (Chema, el tendero). Éste último es, junto a su hijo homosexual Fidel (Eduardo Casanova) una gota de búsqueda intelectual en un mar de ignorancia asumida y sin complejos, lo que da pie a multitud de situaciones cómicas. El contrapunto al pedante y culto Fidel es Jonathan (David Castillo), de quien ya se hablaba en '7 Vidas', como fuente de quebraderos de cabeza de su madre Aída, aunque nunca llegó a salir, teniendo que llegar el spin-off para ponerle cara a sus trastadas.
La ciencia no es divertida para Jonathan
                                         
Respecto a los personajes femeninos destaca, además de Carmen Machi y Miren Ibarguren, la veterana Marisol Ayuso en un complicado papel de abuela, personificando bastantes chistes y situaciones desagradables, que le dan a la serie un tono demasiado 'popular' y no pocas críticas. La joven Ana María Polvorosa (como Lorena) y la atractiva Melani Olivares (como Paz) completan a las habitantes féminas de 'Esperanza Sur'.

Luisma se parte y se monda en la tienda de Chema


Por último alabar el papel de secundarios (a veces no tanto) como el divertidísimo Secun De la Rosa (Tony), Canco Rodríguez (Barajas), Pepa Rus (Macu), Adrián Gordillo (Mecos) y Óscar Reyes (Osvaldo, el 'Machu -Pichu'), que con la baja o ausencia temporal de algunos de los protagonistas van aumentando su participación en la serie.


En resumen, la gracia de esta comedia está en ver quien intenta engañar a quien y cómo al final se resuelve la situación. Quizá el humor de 'Aída' no sea muy intelectual ni rebuscado, pero sus personajes se me hacen cercanos y entrañables y 'Esperanza Sur' es un buen lugar donde perderme cuando quiero estar tranquilo. A veces que te guste algo en la televisión puede ser lo más subjetivo del mundo.
Entiérrame que me matas, maricón

lunes, 14 de mayo de 2012

Ayer y hoy. 'Life on Mars'


Los recuerdos son algo muy subjetivo ya que solemos, cuando miramos atrás, quedarnos con los aspectos más positivos, eliminando lo negativo o lo que no es digno de mención. Quizá por esto una serie como ‘Life on Mars’, construida sobre la base de una comparación continua entre el año 1973 y la actualidad suma atractivos desde su honesto retrato social. Esta narración no edulcora comportamientos y situaciones, en la búsqueda de hacer más evidente la evolución de la sociedad y como hoy en día, además de ser buenas personas debemos parecerlo, bajo la espada de Damocles de lo políticamente correcto.

‘Life on Mars’ cuenta como el inspector de policía Sam Tyler (John Simm) sufre un accidente de tráfico y al despertar lo hace exactamente en el mismo lugar, pero treinta y tres años antes. Allí retoma su trabajo mientras intenta averiguar si está soñando, si este viaje en el tiempo va en paralelo con un coma cerebral o si simple y llanamente se ha vuelto loco.  A la vez Tyler comprueba que los métodos policiales, lejos de sustentarse en evidencias científicas o de apoyarse en la tecnología, se basan en el uso de la fuerza, en la ausencia de la presunción de inocencia o en la falta de derechos de los sospechosos. Todo de modo aleatorio y bajo una metodología basada en la intuición policial.
Sam Tyler alucinando con su 'viaje'
Como segundo de una brigada policial de Manchester, Sam intenta implementar sus conocimientos y su intachable ética al equipo, chocando con sus compañeros, en especial con el inspector jefe, Gene Hunt, protagonizado por un fantástico Philip Glenister.
La serie tiene una estructura procedimental, a caso por capítulo, donde cada uno evidencia una diferencia de contexto respecto al presente. La historia está contada en clave dramática, enfatizando el deseo máximo del protagonista de volver a su tiempo o con situaciones emotivas y paradójicas, como conocer a sus padres, más jóvenes que él, o incluso, como en ‘El fin de la eternidad’ de Asimov, el posible encuentro consigo mismo.
Al Inspector Jefe no le gustan los métodos del nuevo   
El drama como base no es el único género que trabaja ‘Life on Mars’, lo que es a la vez un rasgo atractivo y una debilidad por concepto. La trama tiene pinceladas cómicas, apoyadas más en unos personajes en exceso caricaturizados  que en un guión atractivo que aproveche las múltiples alusiones históricas que podría usar el protagonista. También se mezcla género fantástico o de ciencia-ficción, lo que es previsible en un argumento basado en un viaje temporal, pero que se pierde en las propias dudas sobre el coma (o no) de Sam Tyler. Su comunicación con el año 2006, los mensajes, las llamadas o las apariciones a las que se ve expuesto son un excesivo trabajo para el espectador, que debe asimilar lo que a todas luces no es fundamental en la trama.
Quizá éstas sean las mayores debilidades de ‘Life on Mars’; sus vaivenes argumentales y su falta de rigor en el tono. Tampoco juegan a favor de la historia la falta de empatía que muchas veces produce un protagonista contemporáneo que pretende llevar las situaciones a su terreno moral de manera exagerada, contra todos y contra todo.
John Simm, Philip Glenister y Liz White

La parte romántica se centra en el acercamiento emocional entre Tyler y una oficial de policía femenina, Annie (Liz White), pese a que el atribulado policía no calla su deseo de regresar a ‘su mundo’. Quizá aquí radique una de los atractivos de este producto de la BBC, el elevar cuestiones como la subjetividad de lugares o tiempos en función de quiénes nos acompañan o la misma dualidad realidad-ficción.
En dos temporadas de ocho capítulos cada uno, ‘Life on Mars’ es una metáfora de la búsqueda personal. Con una ambientación correcta (otro aspecto que podría haberse trabajado más), unos exteriores adecuados (aunque repetidos) y una banda sonora regular (buena, pero escasísima), las estupendas interpretaciones de los dos protagonistas, John Simm y Philip Glenister sustentan esta creación británica. Por cierto, Simm y Glenister repiten juntos en ‘Mad Dogs’, la ‘Breaking Bad’ británica con Ibiza como escenario y María Botto como compañera de reparto.         
‘Life on Mars’ tiene una especie de secuela con ‘Ashes to Ashes’, otro título de canción de David Bowie, pero esta vez ambientada en el año 1981 y con una mujer, Keeley Hawes, viajando en el tiempo. Esperándola el inspector jefe, Gene Hunt y los agentes Carling (Dean Andrews) y Skelton (Marshall Lancaster), ocho años más viejos y cambiando Manchester por Londres.
Carling y Skelton de farra en el pub
También cuenta con una versión norteamericana, con Harvey Keitel como Gene Hunt, del mismo título y otra española, ‘La Chica de Ayer’, protagonizada por Ernesto Alterio, Manuela Velasco y Antonio Garrido.
Life on Mars' pese a estar lejos de ser perfecta es una serie que engancha. Es atrevida en su planteamiento, atractiva al espectador y tiene un final que invita a pensar.