El mejor ejemplo de que no todos los remakes son malas ideas
es la excelente House of Cards de la plataforma Netflix. La primigenia miniserie
británica (BBC) intentaba reflejar, a través de Francis Urquhart como
protagonista, los resortes del poder en la Gran Bretaña de los años ochenta. Desde
un punto de vista feroz, terrible, sin atisbo de compasión, en un crítico retrato de la clase política. Estos
cuatro capítulos pueden verse a través del portal youtube, con subtítulos en
castellano.
En 2013 Netflix decide crear su versión americana, con trece
capítulos vertiginosos, complejos, profundos. Que nos enseñan sin ambages la manera
de mantenerse y escalar en el poder, por medio de alianzas, traiciones y una falta
de ética y moral apabullantes.
![]() |
| Jackie Sharp y Remy Denton |
La elección de Kevin Spacey como Frank Underwood fue una
elección acertada, porque nadie como él para encarnar a un político tan lleno
de ambición como carente de escrúpulos. Además su relación con la cuarta pared
es un sello diferenciador de la serie, aunque ya lo hayamos visto en más productos
televisivos. La cuarta pared es la pantalla invisible que separa a una obra, ya
sea cine, teatro o televisión, de los espectadores. Cuando alguien, durante la
representación, se dirige a los espectadores se llama romper la cuarta pared y
es, además de un guiño a la complicidad con el público, un recurso para
enfatizar la tensión del momento.
![]() |
| Claire y Frank Underwood |
Underwood puede estar departiendo en el Gabinete un tema
crucial que en un momento dado girará la cabeza, nos mirará de frente y
explicará lo que acabamos de ver o su próxima jugada. Esta técnica que parece
importante termina por parecernos lógica y normal y no aleja ni un ápice nuestra
atención de lo que estamos viendo: una serie fantástica sobre política.
House of Cards ha terminado su segunda temporada y ya tiene
una tercera en camino. Lo que empezó siendo una historia algo lenta y quizá con
demasiado por abarcar, se ha ido concretando con un solo objetivo: el poder
absoluto. Esta sintetización de la trama no ocurre de hecho entre ambas temporadas,
sino en mitad de la segunda. Y no lo hace de manera aleatoria o carente de
sentido, pero es un punto de inflexión que el espectador reconoce y asocia con
un vértigo dramático que se va acelerando a medida que llega al final y amenaza
con descarrilar y llevarse todo por delante.
Francis Underwood está acompañado en su escalada al poder
por la fría y calculadora Claire (notable Robin Wright, Globo de Oro a mejor actriz 2014), con quien además de
sueños comparte falta de prejuicios, determinación y un lado oscuro. Como toda
pareja la relación pasa por mejores y peores momentos. La superación de éstos
últimos, y más allá, la manera de hacerlo, conseguirán que nos expliquemos la naturaleza
real de esta unión. Aquí está, en mi opinión
una de las virtudes de House of Cards. La capacidad para bosquejar el alma
humana cuando esta trata de poner absolutamente todos los recursos al servicio
de un fin último. Sin que aparezcan en ningún momento dudas morales o
remordimientos que la alejen de su éxito.
![]() |
| Francis en su local de BBQ |
Respecto al conjunto del guión la trama política no se sale
de lugares comunes, como el equilibrio de poder, la tensión entre partidos
(Underwood es demócrata), el poder de las grandes corporaciones, la relación con los medios de comunicación y a través
de ellos con la opinión pública, etc. Estamos viviendo una época en que tanto los
Media como los entresijos de poder han cobrado especial relevancia en las
producciones televisivas. Bienvenidos sean, ambos. A nadie se le escapa que
estos temas al ser de rabiosa actualidad necesitan ser, a su vez, un reflejo de
su tiempo, de un lugar y un momento determinados. Por ello la actualización de
las nuevas tecnologías, la relación con las redes sociales o como se
retroalimentan el poder y la calle tiene que ser contados de tal manera que
olvidemos por un momento que se trata de ficción.
![]() |
| La periodista Zoey Barnes, cruzando la delgada línea entre lo ético y lo que no lo es |














