Vaya por delante que True Detective me ha
decepcionado un poco, algo que suele ocurrir cuando las expectativas están por
las nubes. Esto es reflejo de que, si bien estamos en la época dorada de las
series, llevamos unos años buscando como locos entre las novedades alguna
propuesta que recoja el guante de abanderado de la calidad televisiva. Que su nota en ese Sancta sanctorum del cine
y la televisión llamado IMDB sea de 9,4 sobre diez tampoco ayudó a rebajar mis
pretensiones.
Más allá de la idea preconcebida, la crítica limpia
de prejuicios empieza con una trama difícil de seguir. No porque la
rocambolesca línea temporal sea insalvable: tres tiempos mezclados, plagados de
flashbacks y que vienen bastante a cuento porque explican también la propia
evolución de los dos protagonistas. Sí lo es porque la obra de HBO empieza
densa, como atascada en una idea que no termina de germinar. La presentación de
los dos detectives se hace presente, pero es torpe y difusa, sin previa. Están
ahí, son compañeros y punto. Peor aún es el binomio interrogatorio (¿lo es?) entre
el tiempo presente y los actos del pasado donde nos llevan dichas
explicaciones. El error no parte de estos dos planos, sino de que estos son lentos y
uno se teme entrar en un bucle donde sea imposible salir. La televisión, por
mucho adorno interpretativo que lleve consigo necesita de una velocidad mínima
para no aburrir al espectador y esta asignatura se la suspendo a su creador Nic
Pizzolatto.
La historia en sí de True Detective tampoco es
absolutamente novedosa. De hecho la temática me obliga a hacer referencia, por poner un ejemplo, a la cruda Top of the Lake. Sí lo es la manera de contarla. Y ahí radica su
fortaleza. El hilo argumental tiene un fondo policíaco, pero conlleva trenzadas
las vidas de sus personajes sin puntos de sutura visibles que nos recuerden que
estamos hablando de cosas distintas. Esto es muy de elogiar, porque son
multitud los productos televisivos donde esto se hace superfluo y lo tocante a
la vida personal se convierte en un estorbo. Incorporado a esa base hay un
plano más trascendente que tiene como instigador al personaje de Rush Cohle
(Matthew McConaughey) y su peculiar manera de ver la vida. Como contrapunto
está el pragmático y un punto cínico Marty Hart (Woody Harrelson) y esta
diferencia sirve para crear otro nudo interesante en la trama, la relación de
ambos y su propia evolución. Ahí True Detective nos lleva por un lado sensible
y palpable de las relaciones humanas, donde la continua contraposición de
puntos de vista nos hace empatizar aún más con los personajes, discrepar con
ellos, justificarlos, absolverlos. En este intercambio de perspectivas entre el
pasado y presente y los dos detectives sale a la luz el concepto de verdad y
como sus límites son difusos en muchos casos. Las mentiras pasan a ser una
herramienta más en el modo de contar las cosas, todo de una manera subjetiva y
en función de quien cuenta la historia y la distancia temporal con la misma.
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| Rush Cohle (Matthew McConaughey) estupendamente caracterizado |
Este juego dual de lecturas múltiples de la realidad
se sustenta en las interpretaciones prodigiosas de los resucitados Matthew McConaughey y Woody Harrelson.
Quizá en McConaughey sea en el primero que nos fijemos, por estar más alejado de
los cánones, tanto por su peculiar espiritualidad como por una estética
agradecida. Pero los aplausos se van aparejando a medida que el personaje de
Marty Hart crece en carisma, sobretodo porque para ello no tiene que renunciar
a alejarse del cliché de policía quemado
al uso. La caracterización de ambos, sus cambios físicos en el tiempo y su
desarrollo en paralelo al caso son una obra de arte y un espejo donde deberían
mirarse otras ficciones.
La televisión vuelve a mostrarse como un medio
idóneo para rescatar carreras estancadas y los dos espadas de este thriller
policíaco son el mejor ejemplo. Woody Harrelson ya no es ese camarero simple de
Cheers y Matthew Conaughey ha demostrado que da para mucho más que para inexpresiva sonrisa de comedia romántica. La resurrección artística de ambos es una buena
noticia y servirá de estímulo para aquellos actores y actrices que aún son reticentes a la pequeña pantalla.
La vida y la muerte también tienen su importancia en
la serie bandera de HBO para este 2014. Precisamente el dolor de True Detective
(un buen drama debe doler) se inicia a través de los dos intérpretes
principales y su incapacidad para entender la falta de humanidad que ven en el
día a día de su trabajo. Ese padecimiento, que es diferente en ambos personajes
por motivos de creencias y modo de pensar, va extendiéndose como un cáncer y
les va haciendo más difícil el trabajo policial y la convivencia entre ambos. Esa dualidad entre cielo e infierno viene
también de la mano de la religión, siempre presente en la serie, ya sea en su
faceta extrema (pero a través de los canales habituales) o incluso de la santería propia de algunas comunidades de Lousiana.
Los detalles siempre importan y más en una serie que
tenía pretensiones de ser grande desde su concepción. Los créditos son
parecidos a nuestra Crematorio, con una canción extraña de corte country-folk, pero que
termina obligándome a escucharla todos y cada uno de los ocho capítulos. Su
propio título ‘Far from any road’ es un guiño al argumento. La fotografía de
una Lousiana salvaje y bella es magnífica y le da un carácter propio y una
profundidad infinita a los escenarios, lo que sirve de complemento a los puntuales
momentos opresivos y claustrofóbicos de la intriga. La banda sonora es bastante
aceptable y no desmerece en absoluto, aunque tampoco es el punto fuerte de True Detective.
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| Marty Hart (Woody Harrelson) con su mujer en la ficción, Michelle Monaghan |
Por supuesto y en un drama policíaco con tantas
dobles lecturas, tantas señales y con un universo propio de sentidos y
contrasentidos, no son pocas las teorías que intentan argumentar que lo que parece
un final no es más que una enésima mentira y que hay una serie de migas de pan diseminadas en forma de imágenes o palabras a lo largo de la primera temporada
que nos convencen de ello. De este modo, la conclusión sería algo absolutamente
revolucionario (no digo más) respecto a lo que hemos obtenido. La verdad es que
leer estas teorías es bastante entretenido, se tome en mayor o menor
consideración, y ayuda a completar el mapa de esta novela noir en imágenes, gracias al obsesivo
estudio de cada escena.
Mi conclusión final de True Detective es que es una
serie notable, quizá no tan excelsa como se no has querido vender, pero con un
guión muy trabajado y una ejecución técnica impecable. La gestión de las interpretaciones
también es perfecta, más allá de las dos estrellas, lo cual tiene su
relevancia, porque en este tipo de situaciones el resto del reparto suele bajar
varios puntos, pero se nota que la tensión por mantener esos altos cánones se
ha mantenido a la altura exigida.
Parece que habrá en un futuro una segunda temporada,
pero a día de hoy las informaciones son un tanto confusas, hasta el punto de que
incluso se habla de que la próxima historia tenga una localización y unos
protagonistas completamente diferentes. Ya veremos, porque sin duda merecerá la
pena esperar y comprobar si HBO sufre en este caso el mal de las segundas
temporadas o por si, al contrario, pule los pocos defectos que impiden que True
Detective sea una obra definitivamente mayor.







