viernes, 15 de febrero de 2019

El preciso momento en que el mundo se viene abajo

Comencé a ver The Girlfriend Experience con más dudas que ánimo, impulsado en la búsqueda de algo diferente y con el borroso recuerdo de haber leído una buena crítica. La historia no da para que la imaginación se desborde. Una estudiante de derecho de Chicago comienza a trabajar de becaria en un reputado bufete y al mismo tiempo una amiga le convence para probar un trabajo que le permite ganar bastante dinero como escort (acompañante ocasional de hombres solventes).  

Así, a bote pronto no me interesaba nada. Tampoco ayudaba que hubiera una película homónima del año 2009, dirigida por Steven Soderbergh (sí, el de Erin Brockovich) que fuera un rotundo fracaso. Menos mal que la vida está llena de éxitos construidos sobre cimientos más que dudosos, así que decidí darle una oportunidad.
Un drama con este argumento tiene alarmas automáticas que saltan para avisarnos de que estamos ante un bodrio. Si resalta la encrucijada ética de vender el propio cuerpo por dinero, si se regodea en lo sórdido que resulta hacer el amor con personas extrañas o el atajo que supone conseguir dinero fácil, frente a lo complicado que suele ser hacerlo de otras maneras 'más convencionales'. Pero no hay valoraciones morales de ningún tipo. Y menos mal.

Casi puedo decir que al principio tenía el dedo puesto en el stop para cambiar de opción, pero me empezó a gustar. Sin ruido, sin nada que justificase mi adhesión. Siendo objetivo el guión realista fue básico para ello. Que Riley Keough borde el poliédrico papel también tuvo mucho que ver.
El personaje de Christine/Chelsea es una oda al camaleonismo. En la facultad es una chica aplicada y seria, consciente de que el mundo de la abogacía es una selva y que desde sus primeros años de derecho debe disciplinarse para destacar. En el bufete adopta el papel sumiso y servicial que debe tener en una gran empresa donde es el último (y a prueba) eslabón. Sin embargo, en su papel de compañera de lujo Christine se transforma. A pesar del tipo de trabajo desde el primer momento es consciente de su poder, tanto como para preguntarle a la mujer que le pone en contacto con los elitistas clientes (una moderna Madame) en su primera toma de contacto para qué la necesita.

Puede que la constatación de esa transformación sea algo con lo que podíamos contar, pero no con el hipnotismo con que nos seduce Riley Keough. No así. No con ese control de la situación desde el principio. Esas ideas claras y unas líneas rojas para saber por donde nunca hay que perderse. El binomio entre poder y control y cómo ejerce ambos. Para ser una prostituta novel Chelsea se maneja de maravilla en el proceloso mundo de las carencias masculinas. 
La travesía laboral de Christine le hace ir conociendo cómo funciona su empresa, o al menos cómo es el equilibrio de fuerzas y motivaciones de las personas que la rodean. A su vez va experimentando las posibilidades que le dan sus clientes como escort. Qué esperan de ella y cómo van evolucionando esas relaciones. El grado de cariño y confianza que ella misma debe ir entregando a quien se hace merecedor de ello. Un proceso sumamente interesante y que es verazmente reflejado en la serie. Porque nos pone frente al espejo. Sobretodo a los hombres.

Todo muy interesante y socialmente perturbador. Incómodo. La protagonista maneja demasiadas situaciones en el filo, haciendo malabares entre su vida pública y privada. Entonces, en medio de esa tensión in crescendo llega EL CAPÍTULO.  Blindsided, el noveno capítulo de la primera temporada, número mágico, como en Juegos de Tronos,  que vuelve todo del revés y nos muestra como reacciona una mujer cuando TODO lo que puede salirle mal, le sale mal. Y en el caso de Christine, con su agitada y múltiple vida social es una verdadera hecatombe.
Podría añadir que Chirstine muere matando, que su instinto casi animal para revolverse cuando la intentan hacer daño la hace comportarse como nadie espera, pero todo es una verdad a medias. Lo único real es que es un capítulo que se desarrolla íntegramente en las oficinas de Kirkland & Allen. Y no necesita de más escenarios. Todas el abanico de emociones que se pueden desarrollar son reflejadas en esos escasos 28 minutos de metraje.

Sentir empatía y a través de ella pensar ¿Qué ha pasado? ¿Qué parte concreta me ha descolocado tanto como para ir corriendo a escribir un post sobre ello? Y eso que no he terminado todavía. Y eso que hay una segunda temporada con Carmen Ejogo de protagonista.