jueves, 7 de junio de 2018

Infiltrados en la realidad



En el libro Segunda Fundación, de Isaac Asimov, la adolescente Arcadia huye hacia su planeta escapando del clima de conspiraciones y miedo donde se haya. Sólo una persona la ayuda en su desesperada fuga. A punto de elegir su destino, en medio de la tensión, algo retumba en su cerebro y se sorprende con la revelación de que su único apoyo es en realidad quien le produce el mayor terror. La persona que le ayuda, sonríe y entiende es de quien tiene que huir lo más rápido y lejos posible.

Ese doble tirabuzón entre el nudo y el desenlace está al alcance de muy pocos elegidos contadores de historias, ya sean narrativa, cine o televisión. Un tono de suspense tan bien generado que produce tensión hasta el límite, para una vez allí, deslizarse en caída libre por el filo que nadie esperaba.

Los aciertos de Oficina de infiltrados, Les Bureau des legendes en el original (todo suena mejor en la lengua de Molière) son muchos. Para empezar explica como nadie el avispero en que se ha convertido la actual Siria. Los objetivos de cada actor político, más allá de la dualidad occidente-oriente y Rusia-EEUU. No hay bueno y malos. Hay intereses. Algunos más evidentes que otros.

El punto de partida de esta estupenda serie es la Dirección General de Seguridad francesa (DGSE), un lugar lleno de secretos y donde los protocolos de seguridad de los que allí trabajan les preparan para conocer hasta un punto exacto. Ni un centímetro más. Los conocimientos por debajo de la cúspide jerárquica son estancos. Y en ese tablero regresa el agente Malotru de su misión, tras seis años en Siria.

Malotru es brillante, comprometido y muy perpicaz. Vuelve a su rutina diaria en la DGSE, se reúne con su hija y retoma su verdadera identidad: Guillaume Debailly. Pero algo ha cambiado en él.  Le cuesta desentenderse de su nombre encubierto, porque encierra una relación secreta que no quiere dar por terminada.

La dualidad entre lo público y privado con la que convive un agente de inteligencia es minuciosamente reflejada en la serie de Movistar +. Las reglas de seguimiento o las que evitan precisamente ser seguido. La manera de entablar contacto con alguien cuya información, directa o indirecta, puede ser un activo y la preparación para tomar distancia emocional con estas personas.

Hay que entender que el enemigo es múltiple y muchas veces adopta la forma de aliado. El Daesh y el Estado Islámico son lo palpable, lo evidente, aunque incluso entre ellos hay diferencias en cuanto a metas y los medios para materializarlas. EEUU, Irán, Turquía, Rusia, Israel, Argelia, el pueblo Kurdo, etc. componen un puzzle geopolítico de difícil solución.

El tono de la historia es una de sus elementos diferenciadores. Me cuesta creerme una trama monocorde, a un nivel pausado o veloz, porque la vida misma no es así. Oficina de infiltrados cuida mucho los momentos. Cuándo y cómo debe ser la tensión. Ese bucle de situaciones que precipita las cosas, pero de manera tan aleatoria que no nos muestra lugares conocidos. No hay atajos de guión para llegar donde esperábamos. Sorprende, sin perder en ningún momento su compromiso con la realidad.

Mathieu Kassowitz, a quien vimos en Amelie, borda el papel de Malotru/Guillaume Debailly/Paul Lefevre. Despierta interés por su sagacidad, por su modo de analizar las situaciones y dar con soluciones. Pero también conmueve. Su lado humano, que no desaparece en ningún momento, es el hilo conductor de todo. Sus miradas, sus dudas, nos presentan a un agente de inteligencia extraordinariamente preparado para lo imposible y sencillamente frágil para lo evidente.

En paralelo la sismóloga Marine Loiseau (interpretada por Sara Giraudeau) es un camaleón emocional dentro de un aspecto inocente. Precisamente su fachada de fragilidad es el punto fuerte desde donde debe engañar a todos. Marine hace tan bien su trabajo que cuando duda en situaciones límite ella misma no tiene claro hasta qué punto la incertidumbre es otra capa más con la que protegerse. Con la que endurecerse.
Las motivaciones de todos los actores principales tienen cabida en el mundo real que conocemos. Ansia de poder, mayor relevancia, libertad de movimiento y saber. Conocer más allá del protocolo previo es la Ítaca cotidiana de la DGSE y sus moradores.Al fin y al cabo la información es poder y manejada de manera conveniente permite tener ventaja frente a los demás.

Excelente trabajo actoral, más allá de unos protagonistas sublimes. Las localizaciones son también las pertinentes, destacando unas oficinas del DGSE, con las que se juega con su localización exterior-interior, en una paradoja entre lo visible y lo oculto. 
   
Zineb Triki, como Nadia El Mansour
De momento este regalo televisivo tiene tres temporadas, con tramas transversales que a veces divergen y otras encuentran puntos en común, con la precisión de una orquesta sinfónica. Se nota que hay un guión principal previo, sobre el que se van dibujando los tramos intermedios, con ingenio y precisión.  

Una cuarta entrega en ciernes alimenta la esperanza de que en breve podamos seguir disfrutando y aplaudiendo esta maravillosa obra, donde se confunden constantemente ficción y realidad.