Basta ya de tops y listas finales de lo mejor del
año. No soy un robot. Y aunque aspiro a ver toda la ficción televisiva que
merezca la pena, la vida tiene otros placeres en los que regocijarse. Por eso
me parece pretencioso eso de ‘Las mejore series de TV del año’ ¿se han visto
todas? ¿Hasta las iraníes? No tiene horas el día siquiera para ver las
españolas (gracias a Dios). Al final uno se mueve por experiencias visuales y
sensaciones y eso exactamente es lo que voy a plasmar. Mi absolutamente
subjetiva opinión de lo que más me ha gustado del año concluso.
Este post está dedicado a las diez series que me han
arrancado aplausos (metafóricos, aún no estoy tan loco). Imagino que hay ausencias,
pero como ya he adelantado el día sólo tiene veinticuatro horas y a veces toca
elegir.
House of Cards. Entre medias de las dos temporadas
me dio tiempo de ver la original de Ian Richardson (1991) y aunque es muy buena
la estética y ambición del producto estrella de Netflix es impresionante. La
serie que protagoniza Kevin Spacey es de estas tramas en las que la hoja de
ruta está escrita a sangre y fuego en cada escena, pero aun así uno tiene la
sensación de que quizá haya sorpresas que la hagan aún más impredecible. Y las
hay, aunque al final el destino esté ahí.
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| Frank Underwood y su némesis Mr. Tusk |
Fargo. Tratar de superar la original de los hermanos
Coen era casi un suicidio catódico, pero cuando algo está tan bien preparado
como la serie de Fx y encima está protagonizada por un virtuoso Martin Freeman
y un genial Billy Bob Thornton el resultado puede ser tan asombroso como el
obtenido. Además el terror no siempre está en lo más oscuro. El blanco absoluto
también puede dar mucho miedo.
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| Papelón de Billy Bob Thornton en Fargo |
La segunda temporada de Ray Donovan me ha gustado
aún más que la primera. A pesar de que Showtime siga volcada en promocionar dramas mucho menores, sólo
yendo tras los pasos del público. Que no siempre es soberano. La serie de la familia Donovan es
uno de los mejores guiones de los últimos años. Por historia, ritmo, realismo.
Las actuaciones son geniales, tanto del dúo Liv Schreiber/Jon Voight como del resto
del reparto. Un drama actual, familiar y social. Ray Donovan es tan transversal,
tan completa que abarca muchos campos y todos lo hace de maravilla. Si tuviera
que quedarme con una sola serie este año lo haría con ella.
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| Duelo actoral sublime en Ray Donovan |
Otra serie que supera una primera temporada notable
es The Americans. Como en los problemas crecen, pero en versión Guerra Fría,
las circunstancias varían cuando hay adolescentes en casa y toda tu vida es un
enorme secreto. Incluso pequeños nudos dramáticos que fueron algo opacos en su
primera entrega encuentran continuidad este año. La plasmación de los ochenta
de Reagan, la terrible sensación de quedar al descubierto a cada paso y todo
teniendo que bregar con la vida difícil en pareja y las pequeñas dudas sobre si
la causa a la que juraste amor eterno sigue siendo la correcta.
Más años ochenta:
Hail & the Catch Fire. Que una serie sobre el nacimiento
de los ordenadores personales tal y como los conocemos ahora me interese implica
que la serie en cuestión está bien hecha. Se agradece también que los
protagonistas no sean caras excesivamente conocidas de la pantalla, así el
triángulo profesional que trazan se antoja interesante, aunque las tramas
personales, como tantas veces aburran un poco. Más allá de una recreación
ochentera notable este drama es especial por confrontar presente y futuro en su
historia. Y lo hace de tal modo que se puede extrapolar al día de hoy y a
cualquier momento de la vida. Una oda al
I+D+i de AMC.
Juego de Tronos llegó a su cuarta temporada aún con
la resaca de la boda roja y haciéndonos cruces de cómo debíamos afrontar el
previsible maremoto que llega en esta épico noveno capítulo de cada temporada. Para disfrute de sus fans y con ánimo de seguir sorprendiendo el
momento wtf se adelantó, pero como HBO parece empeñado en darlo todo con la
obra de George R.R. Martin hubo dos puntos álgidos más. Uno de ellos (no quiero
hacer spoliers) demostró que los responsables de la serie quieren llevar varios
pasos más allá el concepto de violencia explícita. Muy exagerado para mi gusto,
pero quizá no para la propia heroica del drama.
Hablando de épica no puedo olvidarme de Boardwalk
Empire. Es, a mi juicio, la gran damnificada de una crítica pacata a la hora de
sumergirse en una historia global apabullante, donde, quizá ese sea su único,
pero, historia y ficción terminan por trazar líneas demasiado difuminadas para
según qué puristas. Terminó la serie este año en su quinta temporada y lo hizo como se
preveía. Con más ecos del fondo que de la forma y con un Stephen Buscemi
incomensurable. Además del tema transversal del tráfico de alcohol Boardwalk
Empire nos habla del auge de Lucky Luciano y Al Capone (genial Stephen Graham),
de las secuelas de la guerra, de las inquietudes de la mujer, de cómo fucionan
las cosas en cualquier sitio y cualquier lugar cuando los que mandan tienen
carta blanca para hacer lo que se les antoje. Es una de las series que volveré
a ver entera. Y muy pronto.
La sorpresa de la temporada, Fargo mediante, fue
True Detective. Esa historia contada en dos tiempos, por dos personajes y donde
la tensión dramática crecía a la vez que se abrían abanicos de posibilidades
sobre su explicación. Nada gusta más a algunos espectadores que una buena trama
conspiradora o mensajes ocultos que sugieren un final alternativo al que es.
Matthew McConaughey y Woody Harrelson bordan este drama, que es una manera muy
alternativa de la persecución de un asesino en serie al uso. Tan buena como
extraña. Y desde luego no deja para nada indiferente.
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| Las mil imágenes con lecturas múltiples de True detective |
De Italia nos llegó
la hiperrealista Gomorra. Una lucha por el poder en Nápoles con una fotografía impresionante, una trama
atractiva y un personaje que sufre una evolución brutal pasados los capítulos.
La descripción de Gomorra es la aceptación del fracaso como sociedad de tantos
y tantos países, que cierran los ojos para no ver un entramado delictivo que se
enreda en todos los ámbitos de la vida como un cáncer. Mucho mejor que la película,
que ya era buena.









