lunes, 30 de diciembre de 2013

Cuatro series que acaban este 2013


Breaking Bad
En cuanto a los finales que hemos podido disfrutar este 2013 me gustaría empezar por esa maravilla, bandera de la cadena AMC, la serie de la que mucha gente habla, pero que no todo el mundo ha visto completa, pese a que los que escribimos de esto no hemos dejado de contar bondades sobre ella.
Por fin culminó su segunda tanda de ocho capítulos de la quinta temporada, que sirvieron para hacer más grande a Vince Gilligan, su creador y para elevar al olimpo definitivamente al personaje de Walter White.

Las opciones de los protagonistas eran infinitas, pero la carcasa moral que todos (y sobretodo los norteamericanos) llevamos dentro decía que un hombre, por mucho cáncer que tenga o muy devoto de su familia que sea, si se ha hecho rico produciendo droga en cantidades inmensas no merece un final feliz. Si debía tenerlo, por las opiniones de los fans en blogs y redes sociales, el ingenuo (y totalmente superado por las circunstancias) Jesse. Cuya culpa no iba más allá de ser drogadicto a tiempo parcial.

Con esta reflexión sobre lo que los entusiastas de la serie esperaban no aclaro absolutamente nada. No destripo el final, pero sí que abro más interrogantes sobre cómo resolvería ese intrincado final mi tocayo Vince Gilligan.     

Un final que, visto con perspectiva, se sometía a la dura prueba de no fallar a las altísimas expectativas generadas  y lo solventó con nota. No hay más que decir. Si aún no has visto la serie protagonizada por Brian Cranston regálatela o que te la traigan los Reyes Magos estas Navidades.

Dexter
Ay Dexter ¿Qué hago pegándome con todo el mundo defendiendo unas últimas temporadas cuando menos irregulares? Quizá los más acérrimos de Michael C. Hall seamos como aquellos fans que no ven defectos, porque la veneración no nos deja, pero me reitero en que he disfrutado incluso con su última temporada y un final que, a estas alturas aún no sé si catalogar de abierto o conclusivo. Así de espeso se queda uno tras años de seguir las andanzas de este asesino en serie.

The Wire’, que sigue siendo para mí el referente en calidad televisivo por excelencia, dejó un final donde unos ganaban, otros perdían, otros quedaban igual y la rueda de molino había dado una vuelta completa para quedar igual, pero diferente. Algo que parece un acertijo en sí es exactamente lo que ocurrió y por eso fue un final tan bueno. Porque extrapoló a un mundo concreto lo que suele ocurrir en la vida real.

Hago este inciso porque Dexter es un personaje tan ambiguamente moral (ejem) que tenía muchos adivinos que intuían un final moralizante y justo (¿??). Algo parecido a lo que he escrito sobre Walter White varios párrafos arriba. '¿Final para Dexter? Debe morir. Sí o sí. No deja de ser un asesino en serie.'Ya veremos. 

¿Quedó la gente contenta con el final? Pues claramente no. De hecho, lo único que tiene sentido es un final irregular para unas últimas temporadas erráticas ¿Me gustó a mí? Sí y no. Creo que el final se precipitó demasiado, pero intuyo un fondo poético al que estoy agradecido para un personaje que siempre me ha llamado la atención, aunque sea por la singularidad de estar visto desde la primera persona.  

Luther
Esa serie que combina momentos geniales con otros de cierto escepticismo en el guión, pero que se vertebra en un personaje, el del detective John Luther, interpretado por Idris Elba, lleno de pasión y dudas. ‘Luther’ ha llegado al final el camino en esta tercera temporada, con más síntomas de cansancio del que cabría esperar en un producto con únicamente catorce capítulos. 

De hecho, hay varias tramas o situaciones que si uno quiere hacer daño encuentra bastante ilógicas. No lo hago porque me persigue una especie de justicia catódica donde valoro planos, momentos o planteamientos novedosos que den sentido a la calidad atribuible a un producto televisivo. Y en eso ‘Luther’ sigue siendo un referente claro.

Sus paisajes postindustriales, su banda sonora (desde la cabecera con ‘Paradise Circus’ de Massive Attack, por Díos), su melancolía latente, la pasión de John Luther, los mohines tenebrosos de Ruth Wilson (la primera némesis-colega televisiva), etc.

Dejemos a Idris Elba lucirse en la piel del recién fallecido Nelson Mandela y recordemos esta serie donde hay un policía pasional y atormentado, que lo da todo por su trabajo y una mala, que es terrible, pero a la vez buena e inquietante. Muy inquietante. Como esta estupenda serie.

Misfits
Cinco temporadas han durado estos chicos inadaptados, aunque si fuera por los puristas de la serie no habría durado más de dos. Heredera de productos de calado diferente, como ‘Skins’ o 'Inbetweeners’, Misfits se ganó su fama por la frescura, la irreverencia, sus fantásticos diálogos mordaces y el humor negro. Si a todo eso le añadimos una fotografía fantástica y una banda sonora acertada (como pocas) tenemos un serión.

¿Qué a quién va dirigido este producto? Pues uno de sus aciertos es que de inicio era un target juvenil exclusivamente. Pero la inteligencia de sus guiones cautivó a gente bastante más mayor (me incluyo, claro).
Si, además, tiene un personaje tan hipnótico, que destroza desde los primero planos el planteamiento coral, gracias a su carisma, tenemos un hype de los grandes. Y el firme compromiso de no perdernos nada.

El problema surge cuando la estrella decide marcharse al finalizar las dos primeras temporadas. Nos quedamos huérfanos y las tramas deben reinventarse, aupando a los hasta ahora secundarios de lujo a primeras espadas. Aquí toma relevancia Lauren Socha, con su poligonera Kelly, que merece un spinn-off por sí sola, gracias a esa franca y abrupta honestidad.

El carisma del personaje de Nathan lo sustituye Joseph Gilgun, el inolvidable Woody de ‘This is England’. El gracioso Rudy pasa la prueba con nota, ya que al menos minimiza los daños causados por la pérdida.
Pero a medida que la serie avanza los chicos del mono naranja van desertando. Y la cuarta temporada comienza únicamente con un personaje primigenio. Nathan-Stewart Jarrett, Curtis el runner, al que también veremos después en la impactante ‘Utopia’. 

Tanta baja termina por eliminar la esencia del comienzo y los sustitutos hacen lo que pueden en unas historias igual de rocambolescas, pero sin el punto de la novedad y frescura de sus inicios. Demasiado esfuerzo centrado, únicamente, en reinventarse de nuevo. Y eso se termina notando.

A ello se suma una tendencia casi obsesiva a acercar el mundo zombie. Eso y el gore. Los excesos de sangre son tan prescindibles como el superhéroe que encarna el tímido Simon. Esa subtrama que por momentos centra la serie nos recuerda que estamos viendo algo para un público más juvenil. Pero el paso adelante dado anteriormente nos hace revelarnos y exigir que se nos trate con menos condescendencia. Queremos de vuelta la serie aguda e incisiva que conocemos.


El simple hecho de enumerar defectos y debilidades habla a las claras del declive de la serie. Lo que no es óbice para seguir fascinados por lo que ha aportado y los buenos momentos que hemos pasado viéndola.
Algo me dice que en breve veremos algún producto similar y también de factura británica. Las cadenas no son tontas y saben que han abierto una puerta con multitud de posibilidades futuras.  

   

jueves, 19 de diciembre de 2013

Las series que han llegado este 2013


Año convulso, este 2013, en cuanto a series se refiere, con finales esperadísimos, novedades donde sobra la cantidad y falta la calidad, y regresos de todo tipo.

Respecto a los estrenos, que analizo en este post, me quedo, sin duda, con ‘Ray Donovan’ de ‘Showtime’. No esperaba demasiado del ‘señor lobo’ hollywoodiense encarnado por Liev Schreiber, pero el ritmo, su capa sopranesca, la voz del protagonista y la espléndida actuación de Jon Voight me han despejado dilemas. Una serie que es capaz de terminar un capítulo con la espectacular ‘Banshee’ de Kendra Morris me tiene a sus pies. El mejor estreno del año.

También puntúa muy alto ‘Top of the Lake’, de Jane Campion (’El piano’), esa truculenta historia desarrollada en el paisaje inhóspito de Nueva Zelanda y protagonizado por Elisabeth Moss (nuestra Peggy de ‘Mad Men’) que nos muestra como los seres humanos nos podemos convertir en monstruos con un simple click, en medio de un escenario impresionante y con la muerte como telón de fondo.

‘The Americans’, era otra serie que ponía en cuarentena porque Keri Russell no era santo de mi devoción. Por eso y porque es una historia a la que le cuesta despegar. Pero cuando lo consigue es una recreación estupenda de esa América de los años ochenta y la guerra fría. Personajes con fondo, ambigüedades morales y credibilidad. Con los dos personajes principales haciendo un papelón.

Masters of sex’, que es la serie que llevo con más retraso también merece una mención. A veces no se trata solamente de coger un momento social o político y pasarlo a la pequeña pantalla. La historia tiene que estar bien contada y eso ocurre en esta serie, como reza la novela en la que se basa ‘La vida y tiempo de William Masters y Virginia Johnson, la pareja que enseño a América cómo amar’. Pasando por el punto G, claro y en un contexto histórico de una Norteamérica aún mojigata, para la que el sexo es un tema tabú.

El tremendo universo político de Kevin Spacey en ‘House of Cards’, sería mi elegida, de no ser por Mr. Donovan. La pareja que forma el protagonista con Robin Wright  está a una altura interpretativa sobresaliente, pese a las licencias de ponerse a  hablar con la cámara directamente.  La serie de Neftlix explica como nunca cómo funciona la política norteamericana, con toda la ironía, frivolidad y falta de escrúpulos que se esperaba de ella.

Sin embargo, ‘Orange is the new Black’ me ha gustado. Sin más. La vida en una penitenciaría de una mujer normal, como pago de errores pasados, es atrevida, curiosa y mordaz, pero se mira demasiado el ombligo, abusa de los flasbacks explicativos de porqué llegaron allí otras reclusas y carece de ritmo. Puede que el fallo sea mío, que es ver una cárcel y espero acción, planes de fuga y túneles cincelados a golpe de cucharilla.

Utopía’ es un descubrimiento. La violencia máxima, ese formato pseudo cómic, la huída hacia delante, los cromatismos imposibles, esos silencios. Quizá apuntaba mucho más en esta primera temporada, tras un piloto redondo, pero no hay que dudar que el panorama televisivo no será el mismo desde su llegada. Una road-movie diferente. Y británica.

La cara de Jamie Dornan nos empezará a sonar más si finalmente encarna al protagonista de ’50 sombras de Grey’, esa novela de ensoñación erótica para maduritas. Antes será el némesis de Gillian Anderson en ‘The Fall’, un thriller sobre un asesino en serie ambientado en Belfast, que ha generado buenas críticas, a las que me sumo, aunque sea por el tono, el trasfondo político y la dualidad de acción de la trama.

Siguiendo con lo british, la espléndida ‘Dates’¸que trata de citas a ciegas en la cosmopolita Londres, con diferentes protagonistas, entre los que sobresalen Oona Chaplin (sí, la nieta de Charlie) y un maduro y consolidado como actor, Ben Chaplin (no son familia), que nos sumergen en el vértigo de entender como nos mostramos ante un@ complet@ desconocid@.   

También del Reino Unido el fantástico suspense de cuatro capítulos, ‘What Remains’ que trata sobre la muerte de una joven en el ático de un edificio y consigue que, mediante la investigación conozcamos a fondo a los inquilinos del inmueble de la mano del veterano (y sobresaliente) David Threlfall.

La última reseña británica viene del drama histórico ‘The White Queen’, entretenido juego de poder de la Inglaterra de Eduardo IV, con las intrigas reales como nudo dramático y donde las mujeres y sus argucias vertebran la serie.  

De Francia nos llega ‘Jo’, protagonizada por Jean Reno, en un procedimental de manual, ambientado en París y que me ha decepcionado muchísimo por su carácter plano y sus tramas trilladas. Lo mejor es su recorrido turístico por los rincones más conocidos de la ciudad de la luz. 


Por último, una mirada crítica y honesta al pasado nazi de Alemania en ‘Unsere mütter, unsere väter’ (nuestras madres, nuestros padres) que en sólo tres capítulos recrean los años del ascenso y caída del Tercer Reich a través de la vida de cinco jóvenes, en una historia profunda y dura. No apta para corazones sensibles. 

Ha habido más estrenos a los que no hago mención, como la pueril ‘Under the Dome’ (‘La cúpula’), ‘Hannibal’, la extraña ‘Rectify‘, ‘Behind the Candelabra’, ‘Agents of SHIELD’ o ‘Banshee’ del otro lado del atlántico y entre las británicas la comedia ‘Two Wrong Mans’, ‘Southcliffe’, los zombis de ‘In the Flesh’ y ‘Peaky Blinders’. Como buena noticia apuntar la llegada de una producción española que se puede ver: ‘El tiempo entre costuras’.
Adriana Ugarte en, 'El tiempo entre costuras'

jueves, 14 de noviembre de 2013

Mujeres y poder: ‘The White Queen’


Parece que cuando hablamos de la Edad Media, en este caso en sus años finales, nos encontramos con una época donde las mujeres eran meros complementos de los hombres, en cualquier estrato social y condición. Pero en ‘The White Queen’ esto es completamente distinto y aunque su rigor histórico se pierde en muchos momentos directamente en lo folletinesco, cabe entender que algunos de los acontecimientos de la época se fraguasen bajo el puño de un hombre, hábilmente aconsejado en susurros por una mujer.
La novela en cuestión
Basado en la novela de Philippa Gregory , trata principalmente de eso. De cómo el camino hacia el trono mueve a diferentes mujeres a tomar decisiones en la sombra, bajo la conocida como ‘La guerra de las rosas’ entre las casas de Lancaster (cuyo emblema es una rosa roja) y York (una rosa blanca) en la Inglaterra del siglo XV.
Amanda Hale, como pez en el agua con papeles sufridos
La historia comienza con la reciente coronación de Enrique IV, de la casa de los York,  tras derrotar con la ayuda de su primo Lord Warwick a la casa de Lancaster. Éste tiene ideado un sistema de alianzas que pasan por que el joven rey contraiga matrimonio con la heredera francesa, momento en que el rey conoce a Elizabeth (interpretada por la sueca Rebecca Ferguson) y se enamoran perdidamente.
Ay el amor, que une a reyes y plebeyos
A partir de ahí, la idea de medrar en la Corte de la advenediza prometida choca con no pocos obstáculos. El maquiavélico y poderoso Lord Warwick, la casi en éxtasis permanente Lady Margaret Buffort (la reina roja en el exilio), la reina madre, los hermanos del rey, las hijas de Warwick, etc.
James Frain, como Lord Warwick, que malo y que bueno
La trama es muy interesante y tiene giros inesperados que marcan distancia respecto a otros productos pseudohistóricos cuyos desenlaces se ven venir de lejos. Los personajes están bien construidos, evolucionan de manera coherente y la realización técnica, sin grandes alardes, está a la altura de las cadenas que la co-producen: la británica BBC y la norteamericana Starz.

Entre las actuaciones destaco la de James Frain, como Lord Warwick, que ya fue Thomas Cromwell en ‘Los Tudor’ y Janet McTeer, como madre de Elisabeth, quien apoya la resolución de problemas con pócimas sobrenaturales, lo que la hace que la historia caiga en momentos clave entre lo fantástico y lo poético. Según. Y la reina roja. Una espléndida Amanda Hale perdida entre su misticismo y su inequívoca meta de ver a su hijo reinar algún día.
Janet McTeer, el concepto de suegra-bruja llevado más allá
Diez capítulos que se ven muy bien y que despliegan todo un catálogo de posibilidades para que los hombres, aún sin saberlo, hagamos exactamente lo que quiere la mujer que calla a nuestro lado. Y qué bien lo hacen.   
Rebecca Ferguson


  


miércoles, 6 de noviembre de 2013

10 razones para querer más a la pequeña pantalla


Hubo un tiempo en que los roles en cuanto al medio en el mundo de la interpretación tenía unas fronteras bien definidas. El teatro era lo más profesional, lo que más curtía y prestigio daba, pero económicamente no era lo óptimo. El cine, sobretodo el comercial, era lo soñado. A veces era mejor conseguir un papel pequeño en la gran pantalla antes que un protagonista en otro lugar. La televisión, por el contrario, era el refugio de los que anhelaban el salto a mejores proyectos. A ella se llegaba bien vía serie, que tenía la ventaja de asegurar ganancias durante un tiempo, pero tenía el hándicap de que la gente pudiera encasillar al artista en el papel de su alter ego. Además, podía darse la circunstancia de que un producto naciese para el cine y, finalmente, no llegase a los circuitos de las salas de proyección. De este modo pasaba directamente a la televisión, estigmatizados como obra muy menor y con la etiqueta de serie B.

Los tiempos han cambiado y cada vez son más las estrellas de Hollywood que sueñan con una serie a su media y se atreven a unir sus nombres a proyectos catódicos. O, en sentido contrario, los protagonistas de series de televisión exitosas que alcanzan fama y fortuna sin pasar por la pantalla grande. Ni falta que hace.

La industria y su consumo tienen que ver mucho con ello. El cine ha dejado de ser el ritual de antaño y el descenso en el número de espectadores ha generado que las inversiones se hayan trasladado a la pequeña pantalla. Ésta se ha visto beneficiada por ese dinero y no sólo en cuestiones técnicas, sino desde el punto de vista global en unos productos mucho más cuidados, para un público cada vez más exigente.
¿Futuro y pasado?
Como espectador siempre me han llamado la atención aquellos actores que han sido capaces de dejar su huella en el gran público, convirtiéndose en ídolos y poniendo cara a la edad de oro de la televisión. Un concepto quizá grandilocuente, pero también efímero  porque el crecimiento de esta industria no para y cada vez son más aquellos que creen que apostar por los productos televisivos puede generar pingües beneficios y éxito empresarial.

He escogido a diez actores, pero podrían haber sido cien y seguramente cada seriéfilo tiene sus propias preferencias de artistas por los que ha merecido la pena estar horas frente al televisor.   

Ian McShane; su retorcido personaje de Al Swearengen del western ‘Deadwood’ es el paradigma de villano tan perfecto que termina brillando más incluso que el protagonista, un Timothy Olyphant notable. Este veterano actor inglés tocó el cielo interpretativo con el personaje del barman tosco y manipulador, pero tenía una amplia trayectoria detrás. Sobresalen ‘Lovejoy’, donde ejercía de ‘Robin Hood’ de las antigüedades, mediante estafas y detección de incunables y ‘Madson’ donde busca venganza tras haber sido encarcelado ocho años injustamente por la muerte de su esposa.  Después de su éxito en el escenario del oeste de HBO protagonizaría ‘Kings’ una historia fantástica basada en el reino de David, pero en un futuro cercano, con buena crítica, pero que se quedaría en única temporada. También sería el Waleram de ‘Los pilares de la tierra’, basada en la novela de Ken Follet  y más recientemente en ‘American Horror Story’ como Leigh Emerson. McShane es un rostro que no deja indiferente y posee un  arco interpretativo muy amplio que no hacen sino confirmar el gran actor que es.

Tina Fey; se acabó la dualidad mujer guapa/hombre divertido como fórmula para las comedias.  La pareja que forma Tina Fey junto a un desatado (y rehabilitado) Alec Baldwin en ‘30 Rock’ (traducida en España con el desafortunado ‘Rockefeller Plaza’) es no sólo desternillante, sino creíble y entrañable.  Ya sea como escritora, productora o actriz las posibilidades de Mrs. Fey son infinitas. Tanto como para brillar también en la presentación de los Emmy 2013, junto con otra grande de la comedia Amy Poehler (‘Parks & Recreations’). Lo hicieron tan bien que ya las han propuesto presentar juntas de nuevo los Globos de Oro de 2014 y 2015. Tina es la mujer de los mil recursos de guión, del humor inteligente, de la eterna contendiente. Detrás, se nota, hay un trabajo constante y una idea fija en la cabeza de lo que busca. A veces ésta y no otra es la fórmula de la brillantez.

Charles Dance; no es un nombre que a bote pronto suscite la atención, pero este veterano británico ha estado en infinidad de proyectos donde ha dejado su impronta de actor camaleónico, con esa pose distinguida y soberbia, que intimida desde la pantalla. Dentro de una extensa filmografía, donde tiene desde papeles menores hasta de protagonista, en los últimos años Dance ha destacado por sus papeles en la adaptación de la novela de Dickens ‘Bleak House’, ‘la política ‘Secret State’ y, por supuesto el malvado patriarca Lannister de ‘Juego de Tronos’. Antes, papeles de malvado al uso, como en ‘El último gran héroe’, ‘Ali G anda suelto, o ‘Gosford Park’. Se agradece cada aparición suya en pantalla. Reconozco que es una de mis debilidades.

Michael K. Williams; el ser el personaje favorito del presidente Obama en la mejor, para muchos, series de todos los tiempos, no es algo baladí. En la excelsa ‘The Wire’ Williams daba vida al doblemente fuera de la ley Omar Little. Dos veces fuera del orden porque dentro de su perfil de delincuente tampoco se postraba al status quo de las bandas reinante. Su carácter indomable, sus  funestos silbidos, su homosexualidad y su peculiar sentido de la justicia lo  catapultaron a icono absoluto. Actualmente sigue brillando en un papel algo menor en la fantástica ‘Boardwalk Empire’, como Chulky White. Antes de crear el pánico en los barrios de Baltimore había hecho papeles pequeños en series tan dispares, como ‘Los Soprano’, ‘The Kill Point’, ‘Alias’ o ‘Six Degrees’. Con un físico contundente y una voz rasgada y profunda Michael K. Williams es una referencia en la televisión norteamericana de los últimos años. 

Edie Falco; parecía que iba a ser para siempre Carmela Soprano hasta que showtime le dio la oportunidad de dar vida a le enfermera Jackie Peyton en ‘Nurse Jackie’. Y lo está bordando también.  Su papel, como esposa de James Gandolfini iba a ser en un principio para Lorraine Bracco, rememorando sus años mozos, cuando también fue la mujer de un mafioso, en ese caso Ray Liotta, en ‘Uno de los nuestros’. Pero David Chase prefirió que fuera la Doctora Melfi y eligió para el papel a Eddie, que tenía como mejor currículum haber participado en dos series del otro genial David televisivo. David Simon, en ‘Homicidio’ y ‘OZ’.  Al principio chocaba ver a una mujer rubia, con ojos azules,  como consorte del capo de Nueva Jersey, pero hizo tanto suyo el papel que terminó sobresaliendo entre un nutrido grupo de elegidos, en uno de los mejores dramas de siempre.   

Kelsey Grammer;  gran acierto su personaje pomposo y culto, como contrapunto a la fauna habitual del bar bostoniano de ‘Cheers’. Tanto gustó que dio a luz al más relevante spin-off de la historia, con la maravillosa comedia ‘Frasier’. Su psicólogo radiofónico fue una bendición en términos globales, pero a su vez, le obligó a pagar el peaje de las enormes expectativas que generaba en cada nuevo proyecto. Tras los fiascos de ‘Back to you’ y ‘Hank’ ese estándar de calidad perdido llegó finalmente con el alcalde de Chicago, Tom Kane, en la notable ‘Boss’.  Con el drama de la cadena ‘Starz’ Grammer demostró su enorme talento en un registro completamente diferente, en la piel de un hombre en la cúspide del poder político, enfermo y despiadado. A pesar de ello, para muchos la consulta radiofónica del profesor Crane será siempre un lugar donde ser bienvenido.   

John Simm; su rostro no deja de ser del tipo anodino, cercano, pero su buen quehacer en todos y cada uno de sus papeles hace merecedor a John Simm de estar en esta lista. Ya me puse a sus pies con la excelente ‘Life on Mars’, donde mantenía un duelo de titanes con Philip Glenister. Colaboración que se repitió en la extraña y diferente ‘Mad Dogs’, que espera su cuarta temporada.  Simm me gustó mucho también en la miniserie ‘Exile’ y en la asombrosa ‘State of play’. Este año ha hecho ‘The Village’ con desigual respuesta de la crítica. Es poco probable que volvamos  experimentar un viaje a nuestros años de niñez más real que los de Simm en ‘Life on Mars’, con la canción de David Bowie de fondo, en ese proyecto de autopista Manchester-Londres. Imágenes para el parnaso catódico.  

Romola Garai; de prostituta dickensiana, en ‘The Crimson Petale & the White’ a productora de televisión en los años 50 en ‘The Hour’. Esos fueron mis primeros referentes para esta guapísima actriz británica, nacida en Hong Kong, con cuyo nombre quiso su padre honrar a uno de los míticos fundadores de Roma.  Antes fue Gwendolen en ‘Daniel Deronda’, Mary Bryant en ‘El increíble viaje de Mary Bryant’o la ‘Emma’ de Jane Austen.  Esa belleza serena y a la vez extraña también la hacen propicia para ese tipo de papeles algo folletinescos, pero con fondo turbio. Sus miradas, sus silencios y su voz la hacen inconfundible e inolvidable.

Gabriel  Byrne; Tras un primer paso televisivo como ‘Cristobal Colón’ pasó a ser el príncipe negro en ‘Lyonheart’, controlar a Bridget Fonda en ‘La asesina’, formar parte de los ‘Sospechosos habituales’,  brillar en el thriller ‘Smila, terror en la nieve’ o ser satán en ‘El fin de los días’ junto a Arnold Schwarzenegger. A partir de entonces su carrera da un giro y se centra más en producciones televisivas. Primero con la comedia ‘Madigan Men’, el drama pisiquiátrico ‘In Treatment’ y dando vida al viceprimer ministro británico en ‘Secret  State’. Este año ha hecho, ‘Quirke’ situada a mediados del siglo XX en Dublin y como jerarca vikingo  en la destacada ‘Vikings’. Byrne tiene un físico hecho para explotar su lado frágil, pero también un cierto atractivo que le da sentido, como alternativa al típico galán. Eso y un gesto reflexivo que nos hace olvidar que estamos hablando de ficción.  

Bryan Cranston; si el gran Anthony Hopkins escribe una carta abierta donde asegura que su papel en ‘Breaking Bad’ es la mejor actuación que ha visto en su vida, estamos hablando de palabras mayores. Hasta ese sublime personaje de Walther White, Cranston era el sufrido padre de Malcolm (‘Malcolm in the Middle’) y poco más.  Papeles menores en ‘Seinfeld’, ‘El rey de Queens’ o ‘Cómo conocía a vuestra madre’. Y voces, muchas voces para series de animación. Ahí tenemos una estupenda razón para ver ‘Breaking Bad’ en versión original. Varias de sus escenas memorables son virales en internet y están sustentadas en su personal voz. Quien no haya visto aún la serie podrá deleitarse por esa montaña rusa emocional que vive el protagonista, que le obligan a estar a la altura como manso empleado, sufrido enfermo, tierno padre, hábil negociador, ególatra sin fin o vengativo monstruo. Sí, puede que al final Mr. Hopkins no haya exagerado en absoluto y estemos ante una maravilla de personaje.   






sábado, 2 de noviembre de 2013

‘Under the Dome’: el sopor está en el aire


Ya es arriesgado coger una novela de Stephen King y llevarla a la pequeña pantalla en formato de serie. En película ya se hizo con títulos tan dispares como ‘It’, ‘El resplandor, ‘La milla verde’ o ‘Carrie’ y el resultado no fue mal del todo. En algunas ocasiones incluso al contrario.

Lo que no tiene sentido es que una historia de miedo se convierta en un producto para todos los públicos, con una trama ñona e infantiloide, donde la cúpula, el porqué de la misma, quién la ha creado o las mismas pistas para responder a esas preguntas queden casi siempre en un segundo plano. Lo importante de esta serie, parece ser, son las tensas relaciones de afecto y poder (zzz) entre los recluidos habitantes de la ciudad bajo la cúpula. A ratos parece que estamos viendo una película juvenil de los años 80, con sus dos sustitos por capítulo.
Dean Norris, como concejal 'Big Jimmy'
Ni siquiera la presencia de Dean Norris  (nuestro Hank de la recientemente finalizada ‘Breaking Bad’) como concejal sin escrúpulos, Big Jimmy, sostiene la historia. El guapín protagonista, ‘Barbie’, Mike Vogel, de pasado en las fuerzas especiales y, más tarde, en asuntos al margen de la ley, no transmite absolutamente nada. Con ese eterno rictus de ‘qué vida tan atormentada tengo’. Sopor.
'Barbie', el enésimo malo-bueno
La ayudante del sheriff, Linda Esquivel (Natalie Martínez) es aún peor, por no hablar de Junior Rennie (Alexander Koch), que pasa de psicópata a uno más del grupo indistintamente, sin previo aviso, para sorpresa del alucinado espectador. De hecho, éste es uno de los nudos de la trama. Para que nos hagamos la idea del bodrio que estamos viendo.  

Como atractivo para el público juvenil (¿hay alguien más ahí?) está ver a uno de los nuevos ídolos femeninos de Hollywood, Britt Robertson, aunque no demuestre nada. También está ver a Jeff Fahey, el Frank Lapidus de ‘Perdidos’, como Sheriff Duke (aunque ‘salga’ poco).   


La insulsa Britt...
...y el hipnótico Jeff Fahey



Para ser justos hay que reconocer que la historia de la cúpula engancha en un principio. Aunque sólo sea por la curiosidad innata del ser humano. Las preguntas sobre el porqué de la cúpula le hacen a uno continuar viendo los doce capítulos hasta el final. Por si la serie remonta. Pero termina con un cliffhanger de pacotilla y con la sensación de haber visto mohines adolescentes suficientes como para no importar qué ocurre en la segunda temporada ya prevista. 
Mi teoría es que fue el novio de Martínez quien ideó la cúpula
Ignoro si la historia tiene mucho que ver con la novela original (mis gustos literarios van en otro sentido), pero dudo mucho que el maestro del terror se haya hecho famoso por algo parecido a lo visto. Me consta que el señor King ha ganado dinero con ello y con un guión como éste habría pasado bastante hambre.
Al final sólo me queda el pesar de que no exista una cúpula real capaz de encerrar en ella a los mediocres guionistas que han convertido un producto, que había levantado cierta expectación, en un libro infantil de Enid Blyton. Y malo. Cosas de la cadena CBS.




lunes, 28 de octubre de 2013

Banshee: la revolución de Cinemax


Los creadores de Banshee, Jonathan Tropper y David Schickler no serán recordados por un guión excelso, tramas originales o una temática atrevida. Más bien al contrario. Pero sí que tenían claro que la base de este producto de Cinemax debía basarse en unas escenas de acción óptimas. En eso y en las escenas de sexo explícito, claro. Quizá algo que la misma cadena les demandó como algo conceptual e inherente a la cadena.

La historia suena a cliché, con tantos ingredientes extras que termina pareciendo una parodia de multitud de películas. El protagonista, recién salido de prisión se afana en la búsqueda de su ex amante y ex compañera de robos, encontrándola en el pintoresco pueblo de Banshee.
Hoon Lee como Job
La pequeña población de Pennslvania tiene de todo: un oligarca que, bajo el negocio de la carne, esconde unos tentáculos que llegan a todo y todos, una población Amish centrada en el cultivo y en la carpintería, una reserva india con casino incluido, un barman excampeón de boxeo, etc.
Problemas generacionales
La suerte o el destino hacen que el ex reo consiga accidentalmente la oportunidad de suplir al nuevo sheriff, Lucas Hood, al estilo de los western clásicos. Desde ahí la estructura temática circunda entre la ocultación de la verdadera personalidad del protagonista, sus escarceos amorosos (gratuitos y prescindibles) y las adversidades a las que se enfrenta el sheriff en cada capítulo, convirtiéndose así en casi un procedimental de manual.
Ivana Milicevic
La serie se deja ver. Más difícil resulta si se hace a continuación de otro producto con más altas pretensiones, aunque las escenas de acción son bastante reseñables, más si uno es fan de este tipo de acción. Cinemax no ha reparado en gastos para los efectos especiales y para cuidar las (exageradas casi siempre) violentas peleas.
Los malos de Banshee son más propios de Mazinger Z
Entre los protagonistas sobresale el afroamericano Frankie Faison, al que ya hemos visto antes en ‘The Wire’ o ‘The Good Wife’.  La actriz principal es la bosnia Ivana Milicevic, que al principio me resultaba incómoda en el papel, pero que poco a poco se asienta y gana credibilidad. Sus notables escenas de acción son memorables y un ejemplo para otras pseudoactrices (no hace falta que te des por aludida Pilar Rubio). 
Frankie Faison, como el barman Sugar Bates
Respecto al protagonista (de la primera temporada, ojo) el neozelandés Antony Starr no termina de ser verosímil, aunque tiene un matiz que valoro positivamente, como es el resultar vulnerable en bastantes ocasiones, alejado del cliché de héroe imperturbable. 

Antony Starr, al que le dan por todos los lados
En fin, acción sin demasiadas ambiciones en cuanto a la historia, en esta primera temporada de diez capítulos que parece tendrá su continuación en el futuro, porque el cliffhanger del final es de los que no dejan lugar a dudas y, además, promete muchos y radicales cambios. Cinemax busca ese matiz diferenciador que le distinga de otras cadenas. Algo que no sé si está bien enfocado del todo.