Breaking Bad
En cuanto a los finales que hemos podido disfrutar este 2013
me gustaría empezar por esa maravilla, bandera de la cadena AMC,
la serie de la que mucha gente habla, pero que no todo el mundo ha visto
completa, pese a que los que escribimos de esto no hemos dejado de contar
bondades sobre ella.
Por fin culminó su segunda tanda de ocho capítulos de la quinta
temporada, que sirvieron para hacer más grande a Vince Gilligan, su creador y
para elevar al olimpo definitivamente al personaje de Walter White.
Las opciones de los protagonistas eran infinitas, pero la carcasa
moral que todos (y sobretodo los norteamericanos) llevamos dentro decía que un hombre, por mucho cáncer que tenga o muy devoto de su familia que sea, si se
ha hecho rico produciendo droga en cantidades inmensas no merece un final feliz.
Si debía tenerlo, por las opiniones de los fans en blogs y redes sociales, el
ingenuo (y totalmente superado por las circunstancias) Jesse. Cuya culpa no iba
más allá de ser drogadicto a tiempo parcial.
Con esta reflexión sobre lo que los entusiastas de la serie
esperaban no aclaro absolutamente nada. No destripo el final, pero sí que
abro más interrogantes sobre cómo resolvería ese intrincado final mi tocayo Vince
Gilligan.
Un final que, visto con perspectiva, se sometía a la dura
prueba de no fallar a las altísimas expectativas generadas y lo solventó con nota. No hay más que decir.
Si aún no has visto la serie protagonizada por Brian Cranston regálatela o que
te la traigan los Reyes Magos estas Navidades.
Dexter
Ay Dexter ¿Qué hago
pegándome con todo el mundo defendiendo unas últimas temporadas cuando menos
irregulares? Quizá los más acérrimos de Michael C. Hall seamos como aquellos
fans que no ven defectos, porque la veneración no nos deja, pero me reitero en
que he disfrutado incluso con su última temporada y un final que, a estas alturas aún no sé si catalogar de
abierto o conclusivo. Así de espeso se queda uno tras años de seguir las
andanzas de este asesino en serie.
‘The Wire’, que sigue siendo para mí el referente en calidad
televisivo por excelencia, dejó un final donde unos ganaban, otros perdían,
otros quedaban igual y la rueda de molino había dado una vuelta completa para
quedar igual, pero diferente. Algo que parece un acertijo en sí es exactamente
lo que ocurrió y por eso fue un final tan bueno. Porque extrapoló a un mundo
concreto lo que suele ocurrir en la vida real.
Hago este inciso porque Dexter es un personaje tan
ambiguamente moral (ejem) que tenía muchos adivinos que intuían un final
moralizante y justo (¿??). Algo parecido a lo que he escrito sobre Walter White
varios párrafos arriba. '¿Final para Dexter? Debe morir. Sí o sí. No deja de ser un asesino en serie.'Ya veremos.
¿Quedó la gente contenta con el final? Pues claramente no.
De hecho, lo único que tiene sentido es un final irregular para unas últimas
temporadas erráticas ¿Me gustó a mí? Sí y no. Creo que el final se precipitó
demasiado, pero intuyo un fondo poético al que estoy agradecido para un
personaje que siempre me ha llamado la atención, aunque sea por la singularidad
de estar visto desde la primera persona.
Luther
Esa serie que combina momentos geniales con otros de cierto
escepticismo en el guión, pero que se vertebra en un personaje, el del
detective John Luther, interpretado por Idris Elba, lleno de pasión y dudas.
‘Luther’ ha llegado al final el camino en esta tercera temporada, con más
síntomas de cansancio del que cabría esperar en un producto con únicamente
catorce capítulos.
De hecho, hay varias tramas o situaciones que si uno quiere hacer
daño encuentra bastante ilógicas. No lo hago porque me persigue una especie de
justicia catódica donde valoro planos, momentos o planteamientos novedosos que
den sentido a la calidad atribuible a un producto televisivo. Y en eso ‘Luther’
sigue siendo un referente claro.
Sus paisajes postindustriales, su banda sonora (desde la
cabecera con ‘Paradise Circus’ de Massive Attack, por Díos), su melancolía
latente, la pasión de John Luther, los mohines tenebrosos de Ruth Wilson (la primera
némesis-colega televisiva), etc.
Dejemos a Idris Elba
lucirse en la piel del recién fallecido Nelson Mandela y recordemos esta serie
donde hay un policía pasional y atormentado, que lo da todo por su trabajo y
una mala, que es terrible, pero a la vez buena e inquietante. Muy inquietante.
Como esta estupenda serie.
Misfits
Cinco temporadas han durado estos chicos inadaptados, aunque
si fuera por los puristas de la serie no habría durado más de dos.
Heredera de productos de calado diferente, como ‘Skins’ o 'Inbetweeners’,
Misfits se ganó su fama por la frescura, la irreverencia, sus fantásticos diálogos
mordaces y el humor negro. Si a todo eso le añadimos una fotografía fantástica
y una banda sonora acertada (como pocas) tenemos un serión.
¿Qué a quién va dirigido este producto? Pues uno de sus
aciertos es que de inicio era un target juvenil exclusivamente. Pero la
inteligencia de sus guiones cautivó a gente bastante más mayor (me incluyo,
claro).
Si, además, tiene un personaje tan hipnótico, que destroza
desde los primero planos el planteamiento coral, gracias a su carisma, tenemos
un hype de los grandes. Y el firme compromiso de no perdernos nada.
El problema surge cuando la estrella decide marcharse al finalizar
las dos primeras temporadas. Nos quedamos huérfanos y las tramas deben reinventarse,
aupando a los hasta ahora secundarios de lujo a primeras espadas. Aquí toma
relevancia Lauren Socha, con su poligonera Kelly, que merece un spinn-off por
sí sola, gracias a esa franca y abrupta honestidad.
El carisma del personaje de Nathan lo sustituye Joseph
Gilgun, el inolvidable Woody de ‘This is England’. El gracioso Rudy pasa la
prueba con nota, ya que al menos minimiza los daños causados por la pérdida.
Pero a medida que la serie avanza los chicos del mono
naranja van desertando. Y la cuarta temporada comienza únicamente con un personaje primigenio. Nathan-Stewart Jarrett,
Curtis el runner, al que también veremos después en la impactante ‘Utopia’.
Tanta baja termina por eliminar la esencia del comienzo y
los sustitutos hacen lo que pueden en unas historias igual de rocambolescas,
pero sin el punto de la novedad y frescura de sus inicios. Demasiado esfuerzo centrado, únicamente, en reinventarse de
nuevo. Y eso se termina notando.
A ello se suma una tendencia casi obsesiva a acercar el
mundo zombie. Eso y el gore. Los excesos de sangre son tan prescindibles como
el superhéroe que encarna el tímido
Simon. Esa subtrama que por momentos centra la serie nos recuerda
que estamos viendo algo para un público más juvenil. Pero el paso adelante dado
anteriormente nos hace revelarnos y exigir que se nos trate con menos condescendencia.
Queremos de vuelta la serie aguda e incisiva que conocemos.
El simple hecho de enumerar defectos y debilidades habla a
las claras del declive de la serie. Lo que no es óbice para seguir fascinados
por lo que ha aportado y los buenos momentos que hemos pasado viéndola.
Algo me dice que en breve veremos algún producto similar y
también de factura británica. Las cadenas no son tontas y saben que han abierto
una puerta con multitud de posibilidades futuras.




















































