jueves, 28 de marzo de 2013

El ego de Lena Dunham en ‘Girls'



El tema del piloto es el talón de Aquiles de muchos productores que no dan con la fórmula para convencer a las cadenas con un solo capítulo de que la idea que están vendiendo tiene futuro. Un pasatiempo interesante es buscar capítulos piloto no emitidos (los famosos ‘not aired’) de series que una vez 'mejorados' sí son un buen producto con posibilidades diversas de rentabilizar. Comparando esos pilotos fallidos con los que finalmente sí ven la luz se entiende qué ha convencido a los ejecutivos de turno y, al contrario, cuáles eran los puntos débiles a eliminar. Como ejemplo, este 'not aired' de 'The Big Bang Theory': http://www.youtube.com/watch?v=jftzOTnB30I

Estos cambios, grandes o pequeños, que hay de todo en función de lo que pide (busca) el que paga, no sólo ocurren con el primer capítulo de una serie de televisión. A veces pasa más de un capítulo, incluso una temporada entera en la que se nota la búsqueda o el afianzamiento de la idea general. Esto les ha ocurrido incluso a las más grandes. ‘Boardwalk Empire’ tuvo una primera temporada muy dispersa, donde no se veía con claridad donde íbamos, para seguir con una segunda sobresaliente. ‘The Wire’ o Mad Men’ son paradigmas de comienzos espesos que hay que superar para poder disfrutar de verdadera calidad televisiva, siendo conscientes de que habrá no pocas deserciones de espectadores impacientes.    
Mercadillo improvisado
Lo que ya resulta más raro es que las tramas, a priori claras y concisas, se vayan enredando sin explicación lógica, para terminar estropeando comienzos prometedores. Algunas series empeoran porque sus propios estándares de calidad no soportan comparación con lo hecho anteriormente. ‘Dexter’ podía ser un ejemplo de ello, pero no son el ejemplo de lo que trato de explicar. ‘Perdidos’ dejaba múltiples cuestiones abiertas tras el cliffhanger de la primera temporada, pero su vía de suspense y misterios ofrecía posibilidades atractivas e infinitas que se fueron arruinando, temporada tras temporada, para terminar de manera grotesca, con el evidente enfado de los fans. Ni siquiera tres epílogos explicativos fueron suficientes para corregir la chapuza generada.  http://www.youtube.com/watch?v=OHyU5H mFzE

El caso de ‘Girls’ (HBO) y su cambio entre la primera y la segunda temporada, sin ser parecido a ‘Perdidos’, sí que evidencia un entorpecimiento en el guión: ‘Girls’ ha perdido frescura. Su segunda temporada ha sido muy irregular. El realismo grosero de Lena Dunham ya ha dejado de ser una novedad, a lo que se suma que se ha mostrado más explícita en algunas escenas de lo que el espectador necesita como información. A nadie se le escapa que la vida tiene momentos bastante sórdidos, alejados de los principios bucólicos de los cuentos de princesas. Pero de ahí a ser obsequiados con un catálogo escatológico de imágenes zafias hay un mundo.
Afortunadamente no todo es burdo en 'Girls' 
Las groserías, enfados pueriles, tics irritantes e imágenes escabrosas que ha inventado Miss Dunham ha sobrepasado con creces el ratio soportable. Y no me refiero a sus desnudos, casi siempre sin sentido, en busca de lograr una respuesta rechazo-aceptación por parte del público. Hannah ha dejado de ser esa chica de físico grotesco con la que nos reconocíamos, porque en el fondo era altruista y tenía cierto encanto. Esta Hannah Howartz está en una huida hacia delante que no entendemos. Su lista de amantes en esta segunda entrega es de lo más variopinta y, lo que es más grave, absolutamente intrascendente. Quiero pensar que con ello la creadora intenta explicar algo sobre la protagonista con estéril resultado. Alguna consideración propia que Lena Dunham extrapola a su alter ego, pero que se difumina antes de entenderse. Y lo peor es que con ello eclipsa otras opciones mucho más entretenidas e interesantes. Y lo son porque tienen cabida en lo ya emitido, aunque de manera escueta. ‘Girls’ ha dejado de ser la historia de cuatro amigas, para centrarse en el aburrido mundo de Hannah y, de modo puntual, las historias por separado de sus amigas. Desgloso, por partes (se incluyen varios SPOILERS de la segunda temporada):   
Hannah de anfitriona
El personaje de Jessa (la británica Jemima Kirke) está mal construido en la narración. Aparece y muestra que tiene cosas que aportar y después se evapora. Sin más. Su matrimonio llega de sopetón y se esfuma casi con la misma rapidez sin quedarnos claro que desencadena tanto una cosa como la otra. Ni siquiera el capítulo del fin de semana rural en Manitou (2x07 ‘Video Games’) donde se reencuentra con su padre esquivo, explica nada, culpa del poder omnívoro del personaje de Hannah. Jessa es el verso libre, la viajera, la inconsciente. Pero no se capta el porqué de ello, por lo que termina pareciendo que obedece únicamente a un cliché predeterminado que cuadra bien a efectos de guión.
Jessa con su padre, buscando explicaciones
Marnie (Allison Williams) sí sigue un camino más definido, aunque en resumidas cuentas siga con esa relación extraña con Charlie (Chris Abbott) que nos muestra lo aburrida que está de que la adore y lo atractivo que resulta cuando la ningunea. A ello se suma el triunfo profesional de su ex, que con la venta de su aplicación ‘banned’ se sitúa en un plano infinitamente superior a Marnie, aunque sea en el ámbito laboral. ¿Intentará hacer realidad sus sueños, Marnie, como la sugiere Ray, de cantar? Cualidades para ello tiene de sobra, como comprobamos, viendo a Allison Williams cantando magistralmente el tema principal de ‘Mad Men’  http://www.youtube.com/watch?v=OEj0z0maxzM
Marnie y Charlie
Shoshanna (Zosia Mamet) también debería explicar a qué se deben sus arrebatos y su creciente amargura. Qué la motiva y qué encuentra tan odioso en Ray, más allá de lo evidente. Su pérdida de la inocencia, otro tópico representado, ha dado paso a unas ganas de experimentar poco concretas. Y todo bajo la etiqueta de niña pija que ha perdido la candidez y con ella buenas salidas que añadían valor al grupo. La Shoshanna de la primera temporada era esperada, con sus giros y reflexiones en voz alta. Esperemos recuperar lo mejor de la chica de rosa para la tercera entrega.
Dudas de treintañero y veinteañera. Ray & Shoss
Adam (Adam Driver) me sigue encantando y es lo mejor de la serie. Su escena final parece calculada desde el principio en una elipse donde Hannah y él se van separando, para encontrarse de nuevo cuando se despierta la compasión por ella. Me gusta su historia con Natalie, aunque de nuevo me encuentro con un giro de guión esperado. La chica nueva no entiende las excentricidades de su novio que, pasa en una simple escena de semi-dominación de chico cool a ‘obseso impresentable del que debo huir’. Es la puerta abierta de nuevo para que Adam vea que la extraña relación que tenía con Hannah es difícilmente repetible. Me gusta mucho como ella se emociona cuando la sigue llamando  ‘niña’, pese a la distancia.  
Adam convaleciente
Ray, (Alex Karpovsky) el chico sin horizonte intelectual, es otro que suma en esta segunda entrega. No sabe si debe terminar su doctorado en latín o seguir volcado en su trabajo y el no saber lo que Shoshanna espera realmente de él alimenta aún más sus dudas. Su excursión a Staten Island con Adam, para devolver el perro ha sido de lo mejor. Por la fotografía, por la metáfora de la propia búsqueda personal y por la maravillosa escena final.
Maravillosa secuencia
El capítulo de ‘One Man’s trash’ merece un tratamiento aparte porque es en sí mismo algo diferente dentro de un todo. Me gusta cómo se desarrollan los acontecimientos y como el único escenario se convierte a la vez en paraíso y elemento claustrofóbico. ¿Algo así quiere Hannah? ¿Cuán lejos esta de esa vida representada? Sale de allí con el mismo silencio con el que entra. No ha sido nada en su vida. Sin embargo, la enseña más de las relaciones y de sí misma de lo que espera de un simple encuentro casual. La Hannah más real de esta segunda temporada y quizá la única soportable.  
'One man's trash'
Quiero más ‘Girls’ y menos Hannah.

lunes, 25 de marzo de 2013

‘The Hour’: la televisión como herramienta de denuncia social



No me suele gusta mucho la televisión dentro de la televisión, a pesar de que los primeros ejemplos que me vienen a la cabeza ‘30 Rock’ o ‘Studio 60’ deberían hacer que me replantease mis reticencias. ‘The Hour’, creada por Abi Morgan, (2011-2012) habla de los años 50 y la guerra fría, contextualizado desde el punto de vista de un programa televisivo de la BBC británica.

Como protagonistas Dominique West (nuestro Mc Nulty de ‘The Wire’), Romola Garai (‘The Crimson Petal and the White’ y ‘Emma’) y el increíble Ben Whishaw (‘El Perfume’) que, además de  ser el eje de la serie conforman un triángulo de afectos y ambiciones bastante atractivo. Como bien le recuerdan a Bel Rowley (Romola Garai) ‘en una pareja sólo puede haber un periodista’ y los tres perfiles profesionales de los intérpretes principales no pueden ser más diferentes, lo que les lleva a veces a discutir sobre el tipo de programa que quieren hacer. 

Hector Madden (Dominique West) es la cara de ‘The Hour’, arrogante, mujeriego y un tanto frívolo. Está casado con la hija de un hombre poderoso a cuya sombra Hector medra en la profesión. Es el menos periodista de los tres con diferencia y aunque se ve a sí mismo como un líder necesita mejorar su capacidad de comunicación y empatía.
Dominique 'McNulty' West como Hector Madden
Freddie Lyon (Ben Whishaw) es extremadamente apasionado, con gran capacidad comunicativa, incisivo hasta las últimas consecuencias y extremadamente crítico con los poderosos, lo que le pone continuamente en el disparadero de la caza de brujas política propia de la época, como un posible elemento subversivo. También es ególatrata y,  fruto de su capacidad intelectual superior, soberbio  y condescendiente.
Ben Whishaw como Freddie Lyon
Bel Rowley (Romola Garai) es la jefa, la productora de ‘The Hour’. También está enamorada de su trabajo, pero desde un punto de vista más profesional y menos anárquico que Freddie. Ambos ya se conocen de experiencias anteriores y tienen una relación laboral y amistosa que no termina de convertirse en nada más porque la arrogancia de Freddie en otros campos se convierte en inseguridad cuando se plantea acercarse más a Bel.  La llegada de Hector termina por dinamitar cualquier opción entre ellos y la tensión afectiva se traslada al campo profesional con una competencia feroz entre los dos hombres por su relevancia en ‘The Hour’.
Romola Garai como Bel Rowley
Acompañando a los tres personajes centrales están Lix Storn (Anna Chancellor), profesional curtida  y experta en política internacional que ejerce de elemento estabilizador en el programa. Anna era la pareja de Hugh Laurie en ‘Fortysomething’, también participó en ‘Orgullo y prejuicio’, ‘Spooks’ y ‘Suburban Shootout’. También la nieta de Charles Chaplin, Oona Chaplin (¿madrileña!!!), como sufridora esposa de Hector, el todo terreno Anton Lesser (como Clarence Fendley), Lisa Greenwood (‘Eastenders’) y el inquietante Julian Rhind-Tutt (como el enlace entre Westminster y la BBC, Angus Mc Cain).

‘The Hour’ es mucho más que una serie sobre un programa de actualidad de la BBC. Es un relato veraz de acontecimientos clave en la década de los años 50 (la guerra fría, la crisis de Suez, la instalación de misiles norteamericanos en el Reino Unido). También es un thriller, con marcado acento de género de espías, pero donde son periodistas los que bucean en busca de la verdad, a contracorriente de los poderes políticos y los intereses económicos.
BBC, son las 19 horas. Comienza 'The Hour'
Esta mezcla de géneros que en otras manos degeneraría en una composición  sin sentido en ‘The Hour’ se convierte en un género en sí mismo y convierte en casi tragedia las noticias de que no habrá una tercera temporada. Tal expectación-decepción ha creado entre sus fans que  ya hay teorías en la red sobre cómo sería una supuesta tercera temporada, fundamentalmente porque la segunda nos deja un final abierto y, sobretodo, con muchas más ganas de seguir las primicias de ‘The Hour’.    
Miss Rowley, Mr. Madden y Mr. Lyon

                              

miércoles, 20 de marzo de 2013

Bares, como lugares de encuentro televisivos

Las escenas de interior de las sitcoms han ido variando desde los decorados del ámbito hogareño al uso, hasta lugares de trabajo, oficinas, escuelas, etc. Sin embargo los bares son una ubicación idónea donde desarrollar argumentos nuevos, al ser a la vez punto de encuentro de los protagonistas y lugar accesible a nuevos personajes que alimenten la trama. Voy a hacer un repaso de los lugares más emblemáticos de mis series favoritas o de las más conocidas. Seguro que se me olvida alguno importante, pero sirva este pequeño repaso para recordar esos espacios que servían para tomar algo y pasar un buen rato con los amigos.

Café Nervosa (Frasier): El lugar preferido de los hermanos Crane para tomarse un café (templado, con sacarina y una nubecilla de leche) acompañado de un muffin. Cabe la opción si se tiene prisa de pedir un café para llevar, lo que se antoja un guiño a la conocida franquicia de cafeterías Starbucks, nacida también en la Seattle lluviosa y exquisita de esta comedia acaparadora de Emmys. El más reacio al Café Nervosa es Martin Crane, que sigue siendo fiel al McGuintis de su amigo Duke, lugar de encuentro de policías.   
McLaren’s (Cómo conocí a vuestra madre): No son pocos las tramas de esta serie que comienzan en estas mesas a cuatro, de clientela en su mayoría joven. Incluso Ted y Barney tendrán la oportunidad de hacerse con el mando del bar en un momento dado, sin el permiso de Carl, claro. También era el lugar donde comenzaban las historias, apuestas o planes de ligues más surrealistas (y aún sin conocer a la mujer de Ted Mosby).  

Cheers (Cheers); el coqueto bar de Boston regentado por Sam Malone era el punto de encuentro del mal humor de Carla, la candidez de Woody y las tórridas aventuras de un joven Ted Danson, con Rebecca y Diana como parejas (no a la vez). Entre sus clientes más distinguidos el cartero Cliff, el bonachón Norm y un joven y distinguido psiquiatra llamado Frasier Crane.   

Central Perk (Friends); reconozco que tengo un par de tazas de este santuario televisivo en casa. En el Central Perk comienza todo, Rachel entrando súbitamente vestida de novia y encontrando a los otro cinco ‘Friends’. Quien la iba a decir que más tarde daría sus primeros pasos laborales allí como camarera. También es el lugar donde Phoebe exhibe su creatividad, guitarra en mano, con el ‘smelly cat’ como himno a lo kitsch.    
  
Monk’s Café (Seinfeld)situado en Manhattan es habitual que las tramas de ‘Seinfeld’ comiencen aquí. La serie’ que va sobre nada’ rompió moldes, aunque el Monk’s fuera la típica cafetería norteamericana donde charlar tranquilamente tomando café o donde el voraz George  Constanza (Jason Alexander) se ocupa de un par de sándwiches de atún.

Vesubio-Satriale’s-Bada-Bing (Los Soprano): vale que únicamente el ‘Vesubio’ de Artie Buco era un restaurante. En la carnicería ‘Satriale’s’ se podía comer algún bocadillo de carne o tomar café y el ‘Bada Bing’ de Silvio Dante era más de copas y bailarinas de striptease, en cuya trastienda Tony Soprano y sus secuaces discutían sobre negocios.  Nueva Jersey bien vale una cena.
El Vesubio de Artie
Satriale's
Bada Bing 
Williamsburg Diner (2 Broke Girs): también en Nueva York, pero en una zona peligrosa el bar-restaurante propiedad del asiático Han Lee es el génesis del futuro proyecto entre Max y Caroline de montar una tienda de magdalenas. El contraste entre la descarada y humilde Max (Kat Dennings) y la pija e inocente Caroline (Beth Behrs) es bastante divertido.
Scrabs Shack (My Name is Earl): el antro de billares y música country del hombre cangrejo, donde se reúne toda clase de white trash, dueños de caravanas y cobradores de cheques sociales. Punto de reflexión de Earl sobre su pasada poco ejemplar vida y donde planea cómo restablecer su karma.  
Merlotte’s Bar (True Blood): especialista en comida sureña al grill y, eventualmente de sangre fresca, si la clientela vampírica atraída por Sookie Stackhouse lo requiere. Un bar todo menos aburrido, donde el público guarda secretos, seres o sed de venganza en su interior.  
La Taberna de Moe (Los Simpsons): Moe sabe que cuenta con clientela segura con Hommer, Burney, Lenny, Carl, etc. Intenta varias veces cambiar de negocio, como discoteca de moda, restaurante familiar,  etc. pero al final fracasa y el Moe’s vuelve a ser el tugurio de Springfield de siempre.  
Double R Diner (Twin Peaks); el agente del FBI Dale Cooper (Kyle MacLachlan) saboreaba la mítica tarta de cerezas, antes de adentrase en el denso y misterioso imaginario de David Lynch. Camareras guapas y uniformadas que pagan el peaje de este trabajo mientras sueñan con una vida mejor.

Como no, en España el asunto de los bares como escenario seriéfilo tenía que merecer un espacio aparte:
Casi Ke No (7 Vidas); aunque de manera extraordinaria cambió sus dimensiones desde las primeras temporadas que era casi un restaurante y tenía en medio un sofá muy ‘Friends’. El genial Gonzalo Montero pasó de anónimo camarero a dueño del bar, aunque al final tuviera que vendérselo a Mónica (María Pujalte). Sole, Paco, Carlota, y un sinfín de personajes que durante quince temporadas (15!!!) pasaron por esa barra. La foto de Charlie Chaplin saludando en ‘El gran dictador’ es el icono gráfico de este bar.
El Búho (El Comisario); bar-restaurante pegado a la comisaría donde las fuerzas del orden reponen fuerzas, celebran los días especiales y donde, como en muchos otros sitios, se piden los cafés y después no se terminan tomando.

Los Cachis (Los Hombres de Paco); bar de toda la vida donde se traen sus asuntos los hombres de la Comisaria de San Antonio. Subrayar el buen hacer de Pepón Nieto, Paco Tous, Adriana Ozores y sobretodo el gran Juan Diego, en una serie que empezó siendo diferente y que terminó como una mediocridad más gracias a los guiones de siempre.
Praga (Todos los hombres sois iguales); regentado al principio por Carmen (Mª Jesús Sirvent, la mujer real de Tito Valverde), fue traspasado al grupo de amigos gays más divertido de la televisión (Fran Boira, Ángel Burgos y Juan Carlos Vellido). Universo social donde los tres protagonistas (Josema Yuste, Luis Fernando Alves y Fernando Valverde) bajaban a apagar sus penas y conflictos. Serie infravalorada, pero con momentos cómicos estupendos, donde se explotaban como nunca los clichés de la guerra de sexos.
La Oficina (Los ladrones van a ‘La Oficina’); con la picaresca española como tema de fondo, una serie que cuenta con Fernán Gómez, López- Vázquez o Manuel Alexandre es para tenerla en cuenta. Al frente de ‘La Oficina’ el matrimonio formado por una desatada Anabel Alonso y un Antonio Resines haciendo de mudo. Como contrapunto a tanto ‘delincuente’ el comisario Agustín Gónzalez (como anillo al dedo) con su subalterno Gutiérrez (Roberto Cairo –‘Cuéntame’). Grandes momentos.
Bar Reynolds (Aída); según Mauricio Colmenero en el registro se partieron al inscribir el nombre del bar. Lugar donde el tabernero más políticamente incorrecto de la televisión hace y deshace a sus anchas. Ya sea para despreciar a sus camareros, organizar estafas o intentar conseguir alguna mujer mediante mentiras (y sin pagar).   
Hermanos Serrano (Los Serrano); La familia más completita de la España cañí y costumbrista, aunque para ello se partiese de un sinfín de binomios: padre con tres hijos-madre con dos hijas, Barcelona-Madrid, cultivada ella-casi agricultor él. En fin, más de lo mismo en series españolas. Desayunos en familia y con product placement (publicidad a la vista, vamos), colorido infinito, contenidos para todas las edades, mucho amor, etc. Al frente del bar dos hermanos: Antonio Resines y el colérico Jesús Bonilla. 
Bar Bodega Nalón (Cuéntame); Cuando Juan Echanove (Miguel) le compra el negocio a Quique San Francisco (Tinín) pasa a llamarse 'Bistrot París-Nalón, intentado implementar sus conocimientos del extranjero a un bar de barrio. Quizá no sea la mejor idea, por mucho que le encante comer al bueno de Miguel.  

En resumen, innumerables lugares donde poder aunar una buena conversación, con una copa o algo para comer. Seguro que tengo más en la cabeza. Iré sumándolos a medida que me recuerde.  

domingo, 17 de marzo de 2013

BBC + MI 5 + Melissa George = 'Hunted'


Rememorando lo mejor de la BBC en cuanto a espías se refiere encontramos a la omnipresente 'Spooks', la ochentera 'The Chinese Detective', o la más reciente 'The Shadow Line'. Como en un homenaje continuo a la obra de Ian Fleming la cadena pública británica nos regala cada cierto tiempo alguna trama de espionaje donde se entremezclan el MI5 (para asuntos domésticos), el MI6 (para el exterior) o empresas privadas y semi-secretas que buscan fines parecidos.
David Yip, como 'The Chinese Detective'
Este último es el caso de 'Hunted', donde Melissa George ('Alias', The Slap', 'In Treatment') regresa a 'Byzantium', agencia privada británica que colabora con el MI5, para descubrir quien la ha traicionado. Allí tendrá que combinar sus pesquisas con una nueva misión: introducirse en una casa como niñera para vigilar los negocios turbios del patriarca.
Melissa George, buena atleta, cuestionable interpretación
La obra de Frank Spotnitz es entretenida, las secuencias de acción creíbles, la trama concisa y el único pero que le veo es que se centra demasiado en un escenario que, de algún modo se vuelve opresivo y redundante. De hecho, la serie mejora mucho con las secuencias de exterior, por mucho que se evidencien las carencias presupuestarias (que creo que existen) de determinadas escenas.

Resaltar la contribución interpretativa de Stephen Dillane, como Jefe del operativo de Bizanthium, recordado por la maravillosa 'Welcome to Sarajevo', Thomas Jefferson en 'John Adams' y más recientemente por ser Stannis Baratheon en 'Juego de Tronos'. Pausas y silencios a la gama dual interpretativa (sí, es una crítica) de Melissa George.
Stephen Dillane con Mr. Eko (Adewale Akinnuoye)
Sobresale, además, el buen hacer de la exótica Indira Varma ('Silk', Luther' o la Niobe de 'Roma'), como agente, esta sí oficial, del MI5, que es eje fundamental en esa mezcla de información y secretos que es 'Hunted'.  .
Varma, ex de Idris Elba (Luther) y Kevin McKidd (Roma)
Es necesario señalar que la historia de 'Hunted' parece escrita por dos guionistas, porque en la mayor parte del producto se observan detalles notables y dignos, pero son salpicados a veces con situaciones o nudos resueltos de manera algo infantil. Al final el resultado es grato, pero esos puntos débiles están ahí y es necesario resaltarlos.
'Byzanthium' meeting
          
No sé sabe aún si 'Hunted' tendrá segunda temporada y si podremos seguir o no admirando las dotes atléticas de la australiana Melissa George.