lunes, 30 de diciembre de 2013

Cuatro series que acaban este 2013


Breaking Bad
En cuanto a los finales que hemos podido disfrutar este 2013 me gustaría empezar por esa maravilla, bandera de la cadena AMC, la serie de la que mucha gente habla, pero que no todo el mundo ha visto completa, pese a que los que escribimos de esto no hemos dejado de contar bondades sobre ella.
Por fin culminó su segunda tanda de ocho capítulos de la quinta temporada, que sirvieron para hacer más grande a Vince Gilligan, su creador y para elevar al olimpo definitivamente al personaje de Walter White.

Las opciones de los protagonistas eran infinitas, pero la carcasa moral que todos (y sobretodo los norteamericanos) llevamos dentro decía que un hombre, por mucho cáncer que tenga o muy devoto de su familia que sea, si se ha hecho rico produciendo droga en cantidades inmensas no merece un final feliz. Si debía tenerlo, por las opiniones de los fans en blogs y redes sociales, el ingenuo (y totalmente superado por las circunstancias) Jesse. Cuya culpa no iba más allá de ser drogadicto a tiempo parcial.

Con esta reflexión sobre lo que los entusiastas de la serie esperaban no aclaro absolutamente nada. No destripo el final, pero sí que abro más interrogantes sobre cómo resolvería ese intrincado final mi tocayo Vince Gilligan.     

Un final que, visto con perspectiva, se sometía a la dura prueba de no fallar a las altísimas expectativas generadas  y lo solventó con nota. No hay más que decir. Si aún no has visto la serie protagonizada por Brian Cranston regálatela o que te la traigan los Reyes Magos estas Navidades.

Dexter
Ay Dexter ¿Qué hago pegándome con todo el mundo defendiendo unas últimas temporadas cuando menos irregulares? Quizá los más acérrimos de Michael C. Hall seamos como aquellos fans que no ven defectos, porque la veneración no nos deja, pero me reitero en que he disfrutado incluso con su última temporada y un final que, a estas alturas aún no sé si catalogar de abierto o conclusivo. Así de espeso se queda uno tras años de seguir las andanzas de este asesino en serie.

The Wire’, que sigue siendo para mí el referente en calidad televisivo por excelencia, dejó un final donde unos ganaban, otros perdían, otros quedaban igual y la rueda de molino había dado una vuelta completa para quedar igual, pero diferente. Algo que parece un acertijo en sí es exactamente lo que ocurrió y por eso fue un final tan bueno. Porque extrapoló a un mundo concreto lo que suele ocurrir en la vida real.

Hago este inciso porque Dexter es un personaje tan ambiguamente moral (ejem) que tenía muchos adivinos que intuían un final moralizante y justo (¿??). Algo parecido a lo que he escrito sobre Walter White varios párrafos arriba. '¿Final para Dexter? Debe morir. Sí o sí. No deja de ser un asesino en serie.'Ya veremos. 

¿Quedó la gente contenta con el final? Pues claramente no. De hecho, lo único que tiene sentido es un final irregular para unas últimas temporadas erráticas ¿Me gustó a mí? Sí y no. Creo que el final se precipitó demasiado, pero intuyo un fondo poético al que estoy agradecido para un personaje que siempre me ha llamado la atención, aunque sea por la singularidad de estar visto desde la primera persona.  

Luther
Esa serie que combina momentos geniales con otros de cierto escepticismo en el guión, pero que se vertebra en un personaje, el del detective John Luther, interpretado por Idris Elba, lleno de pasión y dudas. ‘Luther’ ha llegado al final el camino en esta tercera temporada, con más síntomas de cansancio del que cabría esperar en un producto con únicamente catorce capítulos. 

De hecho, hay varias tramas o situaciones que si uno quiere hacer daño encuentra bastante ilógicas. No lo hago porque me persigue una especie de justicia catódica donde valoro planos, momentos o planteamientos novedosos que den sentido a la calidad atribuible a un producto televisivo. Y en eso ‘Luther’ sigue siendo un referente claro.

Sus paisajes postindustriales, su banda sonora (desde la cabecera con ‘Paradise Circus’ de Massive Attack, por Díos), su melancolía latente, la pasión de John Luther, los mohines tenebrosos de Ruth Wilson (la primera némesis-colega televisiva), etc.

Dejemos a Idris Elba lucirse en la piel del recién fallecido Nelson Mandela y recordemos esta serie donde hay un policía pasional y atormentado, que lo da todo por su trabajo y una mala, que es terrible, pero a la vez buena e inquietante. Muy inquietante. Como esta estupenda serie.

Misfits
Cinco temporadas han durado estos chicos inadaptados, aunque si fuera por los puristas de la serie no habría durado más de dos. Heredera de productos de calado diferente, como ‘Skins’ o 'Inbetweeners’, Misfits se ganó su fama por la frescura, la irreverencia, sus fantásticos diálogos mordaces y el humor negro. Si a todo eso le añadimos una fotografía fantástica y una banda sonora acertada (como pocas) tenemos un serión.

¿Qué a quién va dirigido este producto? Pues uno de sus aciertos es que de inicio era un target juvenil exclusivamente. Pero la inteligencia de sus guiones cautivó a gente bastante más mayor (me incluyo, claro).
Si, además, tiene un personaje tan hipnótico, que destroza desde los primero planos el planteamiento coral, gracias a su carisma, tenemos un hype de los grandes. Y el firme compromiso de no perdernos nada.

El problema surge cuando la estrella decide marcharse al finalizar las dos primeras temporadas. Nos quedamos huérfanos y las tramas deben reinventarse, aupando a los hasta ahora secundarios de lujo a primeras espadas. Aquí toma relevancia Lauren Socha, con su poligonera Kelly, que merece un spinn-off por sí sola, gracias a esa franca y abrupta honestidad.

El carisma del personaje de Nathan lo sustituye Joseph Gilgun, el inolvidable Woody de ‘This is England’. El gracioso Rudy pasa la prueba con nota, ya que al menos minimiza los daños causados por la pérdida.
Pero a medida que la serie avanza los chicos del mono naranja van desertando. Y la cuarta temporada comienza únicamente con un personaje primigenio. Nathan-Stewart Jarrett, Curtis el runner, al que también veremos después en la impactante ‘Utopia’. 

Tanta baja termina por eliminar la esencia del comienzo y los sustitutos hacen lo que pueden en unas historias igual de rocambolescas, pero sin el punto de la novedad y frescura de sus inicios. Demasiado esfuerzo centrado, únicamente, en reinventarse de nuevo. Y eso se termina notando.

A ello se suma una tendencia casi obsesiva a acercar el mundo zombie. Eso y el gore. Los excesos de sangre son tan prescindibles como el superhéroe que encarna el tímido Simon. Esa subtrama que por momentos centra la serie nos recuerda que estamos viendo algo para un público más juvenil. Pero el paso adelante dado anteriormente nos hace revelarnos y exigir que se nos trate con menos condescendencia. Queremos de vuelta la serie aguda e incisiva que conocemos.


El simple hecho de enumerar defectos y debilidades habla a las claras del declive de la serie. Lo que no es óbice para seguir fascinados por lo que ha aportado y los buenos momentos que hemos pasado viéndola.
Algo me dice que en breve veremos algún producto similar y también de factura británica. Las cadenas no son tontas y saben que han abierto una puerta con multitud de posibilidades futuras.  

   

jueves, 19 de diciembre de 2013

Las series que han llegado este 2013


Año convulso, este 2013, en cuanto a series se refiere, con finales esperadísimos, novedades donde sobra la cantidad y falta la calidad, y regresos de todo tipo.

Respecto a los estrenos, que analizo en este post, me quedo, sin duda, con ‘Ray Donovan’ de ‘Showtime’. No esperaba demasiado del ‘señor lobo’ hollywoodiense encarnado por Liev Schreiber, pero el ritmo, su capa sopranesca, la voz del protagonista y la espléndida actuación de Jon Voight me han despejado dilemas. Una serie que es capaz de terminar un capítulo con la espectacular ‘Banshee’ de Kendra Morris me tiene a sus pies. El mejor estreno del año.

También puntúa muy alto ‘Top of the Lake’, de Jane Campion (’El piano’), esa truculenta historia desarrollada en el paisaje inhóspito de Nueva Zelanda y protagonizado por Elisabeth Moss (nuestra Peggy de ‘Mad Men’) que nos muestra como los seres humanos nos podemos convertir en monstruos con un simple click, en medio de un escenario impresionante y con la muerte como telón de fondo.

‘The Americans’, era otra serie que ponía en cuarentena porque Keri Russell no era santo de mi devoción. Por eso y porque es una historia a la que le cuesta despegar. Pero cuando lo consigue es una recreación estupenda de esa América de los años ochenta y la guerra fría. Personajes con fondo, ambigüedades morales y credibilidad. Con los dos personajes principales haciendo un papelón.

Masters of sex’, que es la serie que llevo con más retraso también merece una mención. A veces no se trata solamente de coger un momento social o político y pasarlo a la pequeña pantalla. La historia tiene que estar bien contada y eso ocurre en esta serie, como reza la novela en la que se basa ‘La vida y tiempo de William Masters y Virginia Johnson, la pareja que enseño a América cómo amar’. Pasando por el punto G, claro y en un contexto histórico de una Norteamérica aún mojigata, para la que el sexo es un tema tabú.

El tremendo universo político de Kevin Spacey en ‘House of Cards’, sería mi elegida, de no ser por Mr. Donovan. La pareja que forma el protagonista con Robin Wright  está a una altura interpretativa sobresaliente, pese a las licencias de ponerse a  hablar con la cámara directamente.  La serie de Neftlix explica como nunca cómo funciona la política norteamericana, con toda la ironía, frivolidad y falta de escrúpulos que se esperaba de ella.

Sin embargo, ‘Orange is the new Black’ me ha gustado. Sin más. La vida en una penitenciaría de una mujer normal, como pago de errores pasados, es atrevida, curiosa y mordaz, pero se mira demasiado el ombligo, abusa de los flasbacks explicativos de porqué llegaron allí otras reclusas y carece de ritmo. Puede que el fallo sea mío, que es ver una cárcel y espero acción, planes de fuga y túneles cincelados a golpe de cucharilla.

Utopía’ es un descubrimiento. La violencia máxima, ese formato pseudo cómic, la huída hacia delante, los cromatismos imposibles, esos silencios. Quizá apuntaba mucho más en esta primera temporada, tras un piloto redondo, pero no hay que dudar que el panorama televisivo no será el mismo desde su llegada. Una road-movie diferente. Y británica.

La cara de Jamie Dornan nos empezará a sonar más si finalmente encarna al protagonista de ’50 sombras de Grey’, esa novela de ensoñación erótica para maduritas. Antes será el némesis de Gillian Anderson en ‘The Fall’, un thriller sobre un asesino en serie ambientado en Belfast, que ha generado buenas críticas, a las que me sumo, aunque sea por el tono, el trasfondo político y la dualidad de acción de la trama.

Siguiendo con lo british, la espléndida ‘Dates’¸que trata de citas a ciegas en la cosmopolita Londres, con diferentes protagonistas, entre los que sobresalen Oona Chaplin (sí, la nieta de Charlie) y un maduro y consolidado como actor, Ben Chaplin (no son familia), que nos sumergen en el vértigo de entender como nos mostramos ante un@ complet@ desconocid@.   

También del Reino Unido el fantástico suspense de cuatro capítulos, ‘What Remains’ que trata sobre la muerte de una joven en el ático de un edificio y consigue que, mediante la investigación conozcamos a fondo a los inquilinos del inmueble de la mano del veterano (y sobresaliente) David Threlfall.

La última reseña británica viene del drama histórico ‘The White Queen’, entretenido juego de poder de la Inglaterra de Eduardo IV, con las intrigas reales como nudo dramático y donde las mujeres y sus argucias vertebran la serie.  

De Francia nos llega ‘Jo’, protagonizada por Jean Reno, en un procedimental de manual, ambientado en París y que me ha decepcionado muchísimo por su carácter plano y sus tramas trilladas. Lo mejor es su recorrido turístico por los rincones más conocidos de la ciudad de la luz. 


Por último, una mirada crítica y honesta al pasado nazi de Alemania en ‘Unsere mütter, unsere väter’ (nuestras madres, nuestros padres) que en sólo tres capítulos recrean los años del ascenso y caída del Tercer Reich a través de la vida de cinco jóvenes, en una historia profunda y dura. No apta para corazones sensibles. 

Ha habido más estrenos a los que no hago mención, como la pueril ‘Under the Dome’ (‘La cúpula’), ‘Hannibal’, la extraña ‘Rectify‘, ‘Behind the Candelabra’, ‘Agents of SHIELD’ o ‘Banshee’ del otro lado del atlántico y entre las británicas la comedia ‘Two Wrong Mans’, ‘Southcliffe’, los zombis de ‘In the Flesh’ y ‘Peaky Blinders’. Como buena noticia apuntar la llegada de una producción española que se puede ver: ‘El tiempo entre costuras’.
Adriana Ugarte en, 'El tiempo entre costuras'