Hubo un tiempo en que los roles en cuanto al medio en el
mundo de la interpretación tenía unas fronteras bien definidas. El teatro era
lo más profesional, lo que más curtía y prestigio daba, pero económicamente no
era lo óptimo. El cine, sobretodo el comercial, era lo soñado. A veces era
mejor conseguir un papel pequeño en la gran pantalla antes que un protagonista
en otro lugar. La televisión, por el contrario, era el refugio de los que
anhelaban el salto a mejores proyectos. A ella se llegaba bien vía serie, que
tenía la ventaja de asegurar ganancias durante un tiempo, pero tenía el
hándicap de que la gente pudiera encasillar al artista en el papel de su alter
ego. Además, podía darse la circunstancia de que un producto naciese para el
cine y, finalmente, no llegase a los circuitos de las salas de proyección. De
este modo pasaba directamente a la televisión, estigmatizados como obra muy
menor y con la etiqueta de serie B.
Los tiempos han cambiado y cada vez son más las estrellas de
Hollywood que sueñan con una serie a su media y se atreven a unir sus nombres a
proyectos catódicos. O, en sentido contrario, los protagonistas de series de
televisión exitosas que alcanzan fama y fortuna sin pasar por la pantalla
grande. Ni falta que hace.
La industria y su consumo tienen que ver mucho con ello. El
cine ha dejado de ser el ritual de antaño y el descenso en el número de
espectadores ha generado que las inversiones se hayan trasladado a la pequeña
pantalla. Ésta se ha visto beneficiada por ese dinero y no sólo en cuestiones
técnicas, sino desde el punto de vista global en unos productos mucho más
cuidados, para un público cada vez más exigente.
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| ¿Futuro y pasado? |
Como espectador siempre me han llamado la atención aquellos
actores que han sido capaces de dejar su huella en el gran público,
convirtiéndose en ídolos y poniendo cara a la edad de oro de la televisión. Un
concepto quizá grandilocuente, pero también efímero porque el crecimiento de esta industria no para
y cada vez son más aquellos que creen que apostar por los productos televisivos
puede generar pingües beneficios y éxito empresarial.
He escogido a diez actores, pero podrían haber sido cien y
seguramente cada seriéfilo tiene sus propias preferencias de artistas por los
que ha merecido la pena estar horas frente al televisor.
Ian McShane; su
retorcido personaje de Al Swearengen del western ‘Deadwood’ es el paradigma de villano tan perfecto que termina
brillando más incluso que el protagonista, un Timothy Olyphant notable. Este veterano
actor inglés tocó el cielo interpretativo con el personaje del barman tosco y
manipulador, pero tenía una amplia trayectoria detrás. Sobresalen ‘Lovejoy’, donde ejercía de ‘Robin Hood’
de las antigüedades, mediante estafas y detección de incunables y ‘Madson’ donde busca venganza tras haber
sido encarcelado ocho años injustamente por la muerte de su esposa. Después de su éxito en el escenario del oeste
de HBO protagonizaría ‘Kings’ una
historia fantástica basada en el reino de David, pero en un futuro cercano, con
buena crítica, pero que se quedaría en única temporada. También sería el
Waleram de ‘Los pilares de la tierra’,
basada en la novela de Ken Follet y más
recientemente en ‘American Horror Story’
como Leigh Emerson. McShane es un rostro que no deja indiferente y posee un arco interpretativo muy amplio que no hacen
sino confirmar el gran actor que es.

Tina Fey; se
acabó la dualidad mujer guapa/hombre divertido como fórmula para las
comedias. La pareja que forma Tina Fey
junto a un desatado (y rehabilitado) Alec Baldwin en ‘30 Rock’ (traducida en España con el desafortunado ‘Rockefeller
Plaza’) es no sólo desternillante, sino creíble y entrañable. Ya sea como escritora, productora o actriz
las posibilidades de Mrs. Fey son infinitas. Tanto como para brillar también en
la presentación de los Emmy 2013, junto con otra grande de la comedia Amy
Poehler (‘Parks & Recreations’).
Lo hicieron tan bien que ya las han propuesto presentar juntas de nuevo los
Globos de Oro de 2014 y 2015. Tina es la mujer de los mil recursos de guión,
del humor inteligente, de la eterna contendiente. Detrás, se nota, hay un
trabajo constante y una idea fija en la cabeza de lo que busca. A veces ésta y
no otra es la fórmula de la brillantez.

Charles Dance; no
es un nombre que a bote pronto suscite la atención, pero este veterano británico
ha estado en infinidad de proyectos donde ha dejado su impronta de actor
camaleónico, con esa pose distinguida y soberbia, que intimida desde la
pantalla. Dentro de una extensa filmografía, donde tiene desde papeles menores
hasta de protagonista, en los últimos años Dance ha destacado por sus papeles
en la adaptación de la novela de Dickens ‘Bleak
House’, ‘la política ‘Secret State’
y, por supuesto el malvado patriarca Lannister de ‘Juego de Tronos’. Antes, papeles de malvado al uso, como en ‘El
último gran héroe’, ‘Ali G anda suelto, o ‘Gosford Park’. Se agradece cada aparición suya en pantalla. Reconozco
que es una de mis debilidades.

Michael K. Williams;
el ser el personaje favorito del presidente Obama en la mejor, para muchos,
series de todos los tiempos, no es algo baladí. En la excelsa ‘The Wire’ Williams daba vida al
doblemente fuera de la ley Omar Little. Dos veces fuera del orden porque dentro
de su perfil de delincuente tampoco se postraba al status quo de las bandas
reinante. Su carácter indomable, sus
funestos silbidos, su homosexualidad y su peculiar sentido de la
justicia lo catapultaron a icono
absoluto. Actualmente sigue brillando en un papel algo menor en la fantástica ‘Boardwalk Empire’, como Chulky White.
Antes de crear el pánico en los barrios de Baltimore había hecho papeles
pequeños en series tan dispares, como ‘Los
Soprano’, ‘The Kill Point’, ‘Alias’ o ‘Six Degrees’. Con un físico contundente y una voz rasgada y profunda
Michael K. Williams es una referencia en la televisión norteamericana de los
últimos años.

Edie Falco;
parecía que iba a ser para siempre Carmela Soprano hasta que showtime le dio la
oportunidad de dar vida a le enfermera Jackie Peyton en ‘Nurse Jackie’. Y lo está
bordando también. Su papel, como esposa
de James Gandolfini iba a ser en un principio para Lorraine Bracco, rememorando
sus años mozos, cuando también fue la mujer de un mafioso, en ese caso Ray
Liotta, en ‘Uno de los nuestros’. Pero David Chase prefirió que fuera la
Doctora Melfi y eligió para el papel a Eddie, que tenía como mejor currículum
haber participado en dos series del otro genial David televisivo. David Simon,
en ‘Homicidio’ y ‘OZ’.
Al principio chocaba ver a una mujer rubia, con ojos azules, como consorte del capo de Nueva Jersey, pero
hizo tanto suyo el papel que terminó sobresaliendo entre un nutrido grupo de
elegidos, en uno de los mejores dramas de siempre.

Kelsey Grammer;
gran acierto su personaje
pomposo y culto, como contrapunto a la fauna habitual del bar bostoniano de ‘Cheers’. Tanto gustó que dio a luz al
más relevante spin-off de la historia, con la maravillosa comedia ‘Frasier’. Su psicólogo radiofónico fue
una bendición en términos globales, pero a su vez, le obligó a pagar el peaje
de las enormes expectativas que generaba en cada nuevo proyecto. Tras los
fiascos de ‘Back to you’
y ‘Hank’ ese estándar de calidad perdido
llegó finalmente con el alcalde de Chicago, Tom Kane, en la notable ‘Boss’. Con el drama de la cadena ‘Starz’ Grammer
demostró su enorme talento en un registro completamente diferente, en la piel
de un hombre en la cúspide del poder político, enfermo y despiadado. A pesar de
ello, para muchos la consulta radiofónica del profesor Crane será siempre un
lugar donde ser bienvenido.

John Simm; su
rostro no deja de ser del tipo anodino, cercano, pero su buen quehacer en todos
y cada uno de sus papeles hace merecedor a John Simm de estar en esta lista. Ya
me puse a sus pies con la excelente ‘Life
on Mars’, donde mantenía un duelo de titanes con Philip Glenister.
Colaboración que se repitió en la extraña y diferente ‘Mad Dogs’, que espera su cuarta temporada. Simm me gustó mucho también en la miniserie ‘Exile’ y en la asombrosa ‘State of play’. Este año ha hecho ‘The Village’ con desigual respuesta de
la crítica. Es poco probable que volvamos
experimentar un viaje a nuestros años de niñez más real que los de Simm
en ‘Life on Mars’, con la canción de
David Bowie de fondo, en ese proyecto de autopista Manchester-Londres. Imágenes
para el parnaso catódico.

Romola Garai; de
prostituta dickensiana, en ‘The Crimson
Petale & the White’ a productora de televisión en los años 50 en ‘The Hour’. Esos fueron mis primeros
referentes para esta guapísima actriz británica, nacida en Hong Kong, con cuyo
nombre quiso su padre honrar a uno de los míticos fundadores de Roma. Antes fue Gwendolen en ‘Daniel Deronda’, Mary Bryant en ‘El increíble viaje de Mary Bryant’o la ‘Emma’ de Jane Austen. Esa
belleza serena y a la vez extraña también la hacen propicia para ese tipo de
papeles algo folletinescos, pero con fondo turbio. Sus miradas, sus silencios y
su voz la hacen inconfundible e inolvidable.

Gabriel Byrne; Tras un primer paso televisivo
como ‘Cristobal Colón’ pasó a ser el
príncipe negro en ‘Lyonheart’, controlar a Bridget Fonda en ‘La asesina’, formar
parte de los ‘Sospechosos habituales’, brillar
en el thriller ‘Smila, terror en la nieve’ o ser satán en ‘El fin de los días’
junto a Arnold Schwarzenegger. A partir de entonces su carrera da un giro y se
centra más en producciones televisivas. Primero con la comedia ‘Madigan Men’, el drama pisiquiátrico ‘In Treatment’ y dando vida al viceprimer
ministro británico en ‘Secret State’. Este año ha hecho, ‘Quirke’ situada a mediados del siglo XX
en Dublin y como jerarca vikingo en la destacada
‘Vikings’. Byrne tiene un físico hecho
para explotar su lado frágil, pero también un cierto atractivo que le da sentido,
como alternativa al típico galán. Eso y un gesto reflexivo que nos hace olvidar
que estamos hablando de ficción.

Bryan Cranston; si el gran Anthony Hopkins escribe
una carta abierta donde asegura que su papel en ‘Breaking Bad’ es la mejor actuación que ha visto en su vida,
estamos hablando de palabras mayores. Hasta ese sublime personaje de Walther
White, Cranston era el sufrido padre de Malcolm (‘Malcolm in the Middle’) y poco más. Papeles menores en ‘Seinfeld’, ‘El rey de Queens’
o ‘Cómo conocía a vuestra madre’. Y
voces, muchas voces para series de animación. Ahí tenemos una estupenda razón
para ver ‘Breaking Bad’ en versión original.
Varias de sus escenas memorables son virales en internet y están sustentadas en
su personal voz. Quien no haya visto aún la serie podrá deleitarse por esa montaña
rusa emocional que vive el protagonista, que le obligan a estar a la altura como
manso empleado, sufrido enfermo, tierno padre, hábil negociador, ególatra sin
fin o vengativo monstruo. Sí, puede que al final Mr. Hopkins no haya exagerado
en absoluto y estemos ante una maravilla de personaje.