viernes, 28 de diciembre de 2012

Lo mejor del 2012


Y llegamos al final de año, momento en el que miramos hacia atrás y vemos lo que ha dado de sí este periodo anual en materia de ficción televisiva. He realizado una lista de diez series, de menor a mayor relevancia. Recordad que todo en la vida es subjetivo, pero en estas cuestiones más todavía. 

10. Copper. Tuve la suerte de ver el estreno de este producto de la BBC America en el Festival de Series de Canal+ de Madrid y me gustó su mezcla entre Dickens y un western oscuro. La serie dibuja una época poco explotada en el cine, si nos referimos al ámbito urbano (aunque ampliamente en el terreno Western) como es la segunda mitad del siglo XIX (1860). Estéticamente es parecida a la ‘Gans of New York’ de Scorsese, con la que comparte época y lugar, aunque temáticamente difieren. ‘Copper’ (cobre, literal) es sucia, opaca y oscura. Al principio se hace rara de ver, por los planos arriesgados, la falta de luz, la ausencia de un hilo dramático conductor, pero va ganando en interés a medida que avanza. Es una creación de Will Rokos (co-productor de ‘Southland’) y Tom Fontana, que ya produjo las magníficas ‘OZ’ y ‘Homicidio’. Quizá esté en esta lista porque añoramos ‘Deadwood’ y no encontramos nada parecido que nos guste. Ni la ‘Hatfields & McCoys’ de Kevin Costner, ni esa cosa extraña y ambigua de ‘Hell on Wheels’ me convencen para suceder al gran western de David Milch.  
   
9. Downton Abbey. Tras la fiebre british que padecimos en el 2011, esperaba más de la serie bandera de ITV en esta tercera temporada. Está en la lista porque sus estándares de calidad siguen intactos y está en los últimos puestos porque también siguen intactas (no hay ninguna novedad) las razones por las que nos gusta y por las que la crítica americana se puso a sus pies. Las esperadas apariciones de Maggie Smith (como one-liner sí que estaría bien arriba), el escenario majestuoso del castillo de Highclere en Hampshire, el vestuario meticulosamente cuidado y el trasfondo histórico, que lo convierte en un (lento) vehículo didáctico. Pese a cierto estancamiento en la creatividad, esta novela visual sobre la relación entre señores y criados sigue siendo de la mejor televisión que se puede ver. 

8. Boss. Una segunda temporada que sirve para aupar al alcalde de Chicago, Tom Kane, interpretado por Kelsey Grammer (sí, nuestro ‘Frasier’) al reconocimiento unánime de la crítica. ‘Boss’ sigue siendo dura, directa y a veces difícil, pero nos regala diálogos y  situaciones notables. Se nota que la cadena ‘Starz’ ha cuidado su hijo pródigo y tras una quizá autoconclusiva primera temporada (cabía la posibilidad de su no renovación) ha mejorado aún más. Efectista, manipuladora a veces y con una factura técnica muy buena ‘Boss’ es una serie que hay que ver, aunque sea para entender  porqué sus detractores la culpan (con algo de razón) de cierta condescendencia con el espectador.

7. America in Primetime. Esta miniserie de cuatro capítulos hace un recorrido por la historia de la televisión a través de la historia de los TV shows, con opiniones de creativos, productores, actores, etc. que nos dan una imagen de cómo es la televisión norteamericana por dentro. Dividida en cuatro temas transversales: la mujer independiente, el hombre en casa, el inadaptado y el cruzado (la dicotomía entre buenos y malos), esta creación de Lloyd Kramer constata cómo la sociedad ha evolucionado desde los años 50 y 60 hasta la actualidad, al mismo tiempo que lo hacían la series de TV. Escasamente publicitada es un verdadero regalo para todos aquellos que amamos la televisión. Y un descubrimiento.

6. Secret State. No está más arriba porque como buen producto británico es de capítulos cortos (cuatro) y esta sí es una historia que se podía haber estirado bastante más. Su fugaz visionado no debe desalentar y entenderse como una obra menor, porque es la mejor serie crítica del año. La más honesta y diáfana que funciona, además,  como objeto arrojadizo contra los poderes fácticos. Con la que está cayendo,  con la crisis mundial es de obligado visionado y posterior reflexión. Channel 4, se apunta otro tanto (tras la sorpresa de ‘Black Mirror’ en 2011) y supera a otras miniseries de la omnipresente BBC también recomendables, como ‘Exile’ (con el tremendo John Simm) o ‘Public Enemies’ o a la segunda temporada de ‘The Hour’. Un Gabriel Byrne, contenido y brillante se pone al frente del país e intenta hacer lo correcto. Al hacerlo, descubre que la sociedad es víctima de una política hundida en un bucle de intereses empresariales ¿Más actual? Imposible.    

5. Boardwalk Empire. Cuando una historia supera con nota la muerte del que en un principio es uno de los protagonista (e hilo emocional en solitario) es que el guión está magistralmente bien planificado. Si de ello emerge un Steve Buscemi omnipresente y en un contexto tan atractivo como la Atlantic City de los años 20 todo lo que podemos esperar es disfrutar de una de los mejores dramas de los últimos años. Implacable y dura, ‘Boardwalk Empire’ sigue mejorando temporada a temporada. Especial mención a un Stephen Graham que clava cada vez más el personaje de Al Capone. 

4. Dexter. Para alguien, que como yo, no entendió las críticas del Dexter post-Trinity, en su quinta y sexta temporada, la unanimidad del aplauso general en esta séptima le ha pillado por sorpresa. Cierto es que, argumentalmente la serie dio varios pasos gigantes con el tremendo cliffhanger en la escena del último capítulo, ampliado a casi todo el primero de esta nueva. Ya con las cartas sobre la mesa la trama podía haberse estancado, pero en Showtime entendieron que el nuevo escenario podía tener interesantes vías. Además, Dexter Morgan ha encontrado un rival de altísimo nivel (como personaje, por lo interpretativo, por todo) en Ray Stevenson (el Tito Pulo de la maravillosa ‘Roma’), dando vida al mafioso ucraniano Isaak Sirko. ‘Dexter’ sigue con ese ritmo frenético, poniéndonos el corazón en un puño y a la vez, haciéndonos sentir mal por esa sombra de duda moral que nos invade ante lo que vemos. La espera de la octava (y última) temporada nos invita a apostar por donde irán los tiros. Un tema de conversación con multitud de posibilidades.   

3. Breaking Bad. Cuando Vince Gilligan decidió que esta última temporada de dieciséis capítulos iba a tener un ecuador de casi un año no esperábamos que el primer capítulo se iniciaría con un flashforward, sin interpretación posible hasta la consecución de ésta segundo ciclo de ocho capítulos. Como truco para levantar expectación ha sido inmejorable. Por lo demás las desventuras de la familia White siguen como siempre. A la deriva, en una huída hacia adelante donde siempre existe un resquicio  para aguantar el naufragio. Opción que casi, queda descartada tras una última escena. Un cliffhanger con mayúsculas, que habrá que materializar en las últimas ocho entregas donde la duda se cierne en cómo se van a cerrar todos los flecos abiertos y si dará tiempo en explicar todo sin atajos. Hasta ahora AMC no nos ha hecho dudar de su capacidad. Walter White tampoco.   

2. Girls. Si alguien define su creación televisiva como ‘la voz de mi generación’ lo primero que pienso es en desmesurada soberbia y en la tremenda dificultad que tiene cumplir unas expectativas tan ambiciosas. Sin embargo, Lena Dunham y su ‘Girls’,obra  que escribe, dirige y protagoniza, es un soplo de aire fresco, un ejercicio de honestidad brutal. Hace que obras previas en esa línea queden como grotescas y falsas. Lena, a través de su alter ego, Hannah, bucea en las relaciones de veinteañeros, en el manido contexto de Manhattan, sin dejar de esbozar matices, por pequeños, sórdidos y ridículos que sean. ‘Girls’ dibuja unos personajes imperfectos, llenos de inseguridades y defectos, pero reales. Esa realidad es el punto fuerte de esta serie. Puede que las cosas que les ocurran a Hannah, Shoshanna, Marnie y Jessa nos sean ajenas, pero sabemos que en algún lugar hay chicas reconociéndose en ellas. Hannah Horvath se desnuda para nosotros en cuerpo y alma, para provocarnos, para vernos reflejados en sus miedos, ambiciones y locuras, para renegar de ella y colocarnos automáticamente en un plano superior. Pero es mentira. Allá donde Lena Dunham planta rasgos negativos sabe que tarde o temprano surgirá una flor que restituirá nuestra fe en ella. En nosotros mismos. Así es ‘Girls’, mucho más compleja que la vida aparentemente superficial que nos presenta. Un descubrimiento que hay que ver y darle la oportunidad de que nos redima de ser como somos.    

1. Juego de Tronos. Dudo de si soy afortunado o no al ver esta producción de la HBO sin haber leído ninguno de los libros de George R.R. Martin en los que se basa, ‘Canción de hielo y fuego’. Seguramente para su legión de fans debería hacerlo, pero tengo la experiencia de haber leído los cómics de ‘The Walking Dead’ y después haber visto su primera temporada y la palabra decepción se queda muy corta. Lo que tengo claro es que las dos temporadas de ‘Juego de Tronos’ me han encantado. Y eso para alguien no especialmente tentado por historias de magia, medievales o de reyes y princesas es ya un dato. El guión, la historia vertebradora, el equilibrio de las ‘casas’o familias en disputa, el excelente y creíble atrezzo (ojo, la época es indeterminada y ficticia) y, sobretodo, el nivel técnico de producción de esta colosal aventura, con localizaciones tan dispares como zonas glaciares, desiertos o bosques. ‘Juego de Tronos’ es un espectáculo visual. Por sí sola ha abierto el debate sobre si sería rentable su distribución en cines, de manera paralela a la pantalla pequeña. Para un servidor que sí la ha visto en sala grande la respuesta es claramente afirmativa. SI además tiene personajes dotados de una especial singularidad, ya casi legendarios, como el menudo Tyrion Lannister, la reina de dragones, Daenerys Targaryen o el bastardo Jon Snow es que está preparada para entrar en la historia y marcar un antes y un después en la industria televisiva.

Por último el gran ausente y que quizá debería haber entrado en esta lista: ‘Mad Men’  paga el castigo de una quinta temporada algo errática. El personaje de Don Draper está desdibujado, en una fase en la que parece haber perdido la ambición por la vida que le caracterizaba y donde la asimilación de su recién estrenado matrimonio acapara su atención y su incertidumbre. También es intermitente la importancia de Peggy, su alumna aventajada (y mi personaje favorito) y casi inexistente el de Betty Draper, debido a unas supuestas ínfulas de estrella de January Jones con el resto del rodaje, que han hecho que sus escenas se hayan visto recortadas. Una pena, porque la relación de amor-odio entre Don y Peggy, fue de lo mejorcito en la cuarta temporada y nos quedamos con ganas de más, algo que entraba dentro de la lógica ocurriese en esta quinta entrega. De capítulos prescindibles y con poco que significar a otros como ‘The Other Woman’ y sobretodo ‘Far Away Places’ redondos. Extraordinarios.
En definitiva, personajes que no terminan de cuajar, como el de Jessica Paré (Megan) y otros con creciente atractivo, como el Pete Campbell (Vincent Kartheiser) y en medio de todo un Roger Sterling, cada vez más pasado de tuerca y con frases más lapidarias.
Para enmendar una temporada de la que se esperaba bastante más, una escena final para el lucimiento técnico de Matthew Weiner. Una pirueta artística para recordarnos que sigue siendo televisión, pero con la ambición del mejor cine.   

 También faltan de la lista comedias ya consolidadas como 'The Big Bang Theory' o 'Modern Family', que quizá deberían haber estado, aunque pagan el pato de que quizá, inconscientemente seguimos entendiendo el drama como el hermano mayor. También lo merecen regresos triunfales como 'Justified', culebrones de lujo y con sentido, como 'Revenge', procedimentales al uso (o no) como la entretenida 'Person of Interest' (gran Michael Emerson) y coproducciones (Canal +, ZDF alemana y Sky británica, ojo) de temática arriesgada, como 'Falcón', un detective en una Sevilla donde todo el mundo habla inglés. 
2012 ha sido un buen año en ficción de pantalla pequeña. Espero que tengamos un mejor 2013. En cuestiones televisivas y en las demás.
Feliz año nuevo.  

sábado, 22 de diciembre de 2012

'Secret State' y el bucle del poder



El director y productor de ‘Secret State’, Ed Fraiman, traza de modo inteligente, incisivo y directo en cuatro únicos episodios el porqué las buenas intenciones en política naufragan. Fraiman intenta explicar porqué se pierden por el filtro del poder en nuestras (cada día más) fallidas democracias actuales.
La red de intereses empresariales, los favores políticos, el sectario uso de los medios de comunicación, etc. hacen que preceptos tan loables y exigibles como la verdad y la justicia se conviertan en objetos deformables en función del crisol que maneje quien ostenta el poder.

A través del vicepresidente Tom Dawkins, magistralmente interpretado por Gabriel Byrne, vamos descubriendo los entresijos de los poderes fácticos. Que la economía no es un medio para los ciudadanos, sino que éstos, sus aspiraciones, sus derechos, sus vidas en definitiva se convierten en meras herramientas desechables.
Tom Dawkins en el número 10 de Downing Street
Con los enormes problemas políticos y económicos que padecemos en este comienzo del siglo XXI este es un tema de rabiosa actualidad. ‘Secret State’ se convierte en una excelente crítica de nuestra sociedad y no se esconde en su papel de denuncia social. No exonera, implícitamente a la clase política, pero argumenta que aquel servidor público que quiera hacer lo correcto, seguir un código ético y moral sin ambages chocará seguramente con un muro. Una línea roja dibujada entorno a vicios y corruptelas asumidas y asimiladas por gobiernos de distinto sesgo durante años.

Secret State’ denuncia lo que todos sospechamos. Que las grandes multinacionales y los bancos tienen más peso en muchas decisiones  políticas que los gobiernos que elegimos libremente. Que éstas grandes firmas sólo promoverán mínimos estándares sociales si son denunciados ante la opinión pública y el peso de ésta les hará lavar su imagen ante la sociedad. Que esta opinión pública convertida en juez se despierta de su pasividad social solamente cuando es reclamada por los medios de comunicación. Unos medios que viven alejados de su fin primigenio, la búsqueda de la verdad por encima de todo y con objetividad. Y que estos mismos Media son creados y financiados por intereses políticos y, claro está, las élites empresariales, con lo que el círculo pernicioso se cierra.
Rupert Graves como calculador Felix Durrell
Un contenido pero inmenso Gabryel Byrne intenta hacer lo adecuado, porque cree que es su deber y para eso les han votado. Contra aquellos personajes inquietantemente cercanos que le aconsejan que haga exactamente lo contrario y que le recuerdan que el camino hacia lo correcto tiene varios desvíos inevitables si se quiere seguir haciendo carrera política. El mejor ejemplo de esos atajos es el acto de no hacer nada. La frase ‘laissez faire, laissez passer, le monde va de lui même’ (dejad hacer, dejad pasar, el mundo va solo) es perfecta para entender  la clase de capitalismo radical a que nos obliga en ocasiones el libre mercado.
Consecuencias de la falta de seguridad de PetroFex
Un pueblo del norte de Inglaterra sufre una explosión en una petroquímica norteamericana (PetroFex), dejando diecinueve víctimas mortales, un centenar de heridos y un pueblo arrasado. El Primer Ministro viaja a la central de la petroquímica en Houston para obtener de manera directa a través de su dueño importantes compensaciones económicas y ayudas sociales que acallen ante la opinión pública la presunta falta de procedimientos mínimos de seguridad.
La periodista Ellis Kane sí busca la verdad
La gestión de esta crisis por el gobierno británico centra la historia y muestra los matices de este tipo de situaciones que no siempre salen a la luz pública. Una situación tan brutalmente real, tan observable de una manera análoga en las noticias diarias que se plasma en la pantalla para explicar qué se cuece detrás de estas catástrofes.

Acompañan en el reparto al señor Byrne, el veterano Charles Dance (el Tywin Lannister de ‘Juego de Tronos’), Gina McKee (la minusválida de ‘Notting Hill’) como la incisiva periodista Ellis Kane y Rupert Graves (el Inspector Lestrade de ‘Sherlock’) como ladino compañero de partido de Byrne.         
Sé que me ha salido un post más político que seriéfilo, pero no me arrepiento de ello porque ‘Secret State’ trasciende lo televisivo para hincarse en nuestra conciencia, como anónimos (y casi siempre pasivos) observadores de estos invisibles y turbios equilibrios de poder.     
Charles Dance en el Parlamento

martes, 4 de diciembre de 2012

Trepidante y turbadora: 'The Shield'



Hay una expresión norteamericana para señalar el preciso momento en que una película o serie de TV pierde el norte y toda su trama se pone patas arriba, con el consiguiente desconcierto (y decepción) del espectador. Esta expresión es 'jumping the shark' (saltando el tiburón) y viene de una serie de los años 50, llamada 'Happy Days' donde uno de los personajes, Fonzie, salta con sus esquíes acuáticos sobre un tiburón, marcando un punto de inflexión en la credibilidad de la historia, sin vuelta atrás posible. Todo esto viene a cuento porque en mi siempre subjetiva opinión 'The Shield' tiene ese momento al final del primer episodio. Un acontecimiento que, en cualquier otro momento de este sobresaliente producto habría sido desproporcionado y extraño, pero como se produce al principio los guionistas lo único que tiene que hacer es ir moderando el texto para que ese 'momento' se vaya difuminando y desaparezca.
Fonzie saltando al tiburón en 'Happy Days'

Esta extraña metedura de pata (para mí lo es) es el mejor ejemplo de que estamos ante una de las mejores series policíacas de la historia, porque el error se obvia y uno se sumerge capítulo tras capítulo en una acción constante. Y cuando digo policíacas me refiero a que trate de la problemática del cuerpo de policía exclusivamente, en uno de los peores barrios de Los Angeles, Farmington. Habla de política, siempre presente, pero de manera marginal, porque lo que importa es lo que ocurre en la comisaria de 'la cuadra'. También habla de jueces, fiscales, abogados, pero siempre desde su complicada relación con las fuerzas del orden. Sin desviarse un ápice del tema. Para bien y para mal.
        
'The Shield', de FX, es una excelente recreación de la problemática policial, de la corrupción dentro del cuerpo, de los equilibrios de poder dentro y fuera de la ley. Su punto fuerte es el ritmo trepidante que se le da a la trama, sin respiro y casi sin descanso para analizar la situación. La estupenda obra de Shawn Ryan intenta huir de cualquier atisbo de moralina y plasma las visicitudes de los agentes y los asuntos oscuros donde a veces caen debido a los propios casos o a sus intereses personales.

Michael Chicklis, todo pasión.
Entre los personajes sobresale Michael Chiklis (el detective Vic McKey), al que ya le habíamos visto en The Comish y en Daddio, incluso en las películas de Los cuatro fantásticos. Su contundente físico ayuda a monopolizar ese raudal de energía que es la serie, a través de su vehemencia, su sarcasmo y su carácter protector con los suyos. Capitaliza protagonismo sin abarcarlo absolutamente todo y la presunta identificación con él es a veces fácil y otras veces una mera cuestión de fe.


Como contrapunto de Chicklis, está su compañero en el grupo de asalto, el detective Shane Vendrell, encarnado por Walton Goggins, quien duda donde su jefe no lo hace y abre el abanico de cuestiones morales. A veces estas premisas éticas son tan aleatorias y personales que se producen diferencias entre ambos, en una espiral de rivalidad-respeto que navega por la siempre estrecha franja del filo de la ley. A Goggins le hemos visto también en la Justified de Timothy Oliphant. 
Walton Goggins, como Shane Vendrell 
Otra interesante actuación es la de la actriz afroamericana CCH Pounder, dando vida a la detective Claudette Wyms. Claudette  tiene su propio código del honor y no alberga dudas sobre lo que está bien y lo que no. Esta confianza moral hace que sea obstinada hasta límites insospechados, donde sólo la separa de los enemigos que se va creando su astucia y su buen hacer policial. 
La detective Wyms, terca no, lo siguiente
El poco conocido Jay Karnes, da vida al holandés (Holland Wagenbach), detective que gusta de usar sus dotes psicológicas para conseguir confesiones de sospechosos. Tiene una extrema confianza en sus habilidades, aunque también es objeto de burlas ocasionalmente por cierta incapacidad para las relaciones sociales. 

Glenn Close de azul


Con la serie ya avanzada entra en liza Glenn Close, que sin ser santo de mi devoción, realiza un gran papel, quizá por estar contenida y no dejarse llevar por ese histrionismo del que sí hace gala en otros desafortunados papeles. Obvio explicar más sobre su papel porque es adelantar acontecimientos a quien no ha visto la serie. 

Otro gran fichaje a la trama de 'The Shield' es Forest Whitaker, como incisivo e implacable teniente de Asuntos Internos, Jon Kavanaugh. La serie cambia con él. Se vuelve más compleja y opresiva si cabe, con más flecos de guión por unir y quizá ascienda un peldaño más a nivel cualitativo. 
Whitaker como Jon Kavanaugh
También es destacado el papel de Catherine Dent, como la honesta y abnegada Danny Sofer, quien a través de su trabajo como patrullera de uniforme se ve otra perspectiva del trabajo policial. 
Por último, es crucial el personaje del hispano David Aceveda (Benito Martínez) quien compagina su trabajo como capitán de policía con su odio al equipo de asalto que comanda Vic Mckey y sus ambiciones políticas.
El Capitán David Aceveda
Las historias entroncan los problemas raciales existentes entre las tres grandes comunidades: blanca, negra y latina, en un barrio donde los sueños de prosperar son complicados si no se cogen atajos ilegales. Este crisol se ve complementado por multitud de minorías de emigrantes, cada cual con sus negocios, sus tradiciones y sus recelos del resto de etnias. Las ambiciones políticas, las difíciles relaciones con la familia y la búsqueda de metas individuales completan el lienzo de esta gran serie de televisión.
Jaleo en la comisaría de 'la Cuadra', antigua iglesia 


lunes, 3 de diciembre de 2012

'Forbrydelsen': el suspense que llegó del frío


Una de las discusiones fijas en blogs y webs de series es la comparación entre la ‘The Killing’ danesa y su remake americana. Como soy poco amigo de las copias no he visto la versión de AMC y viendo las críticas,, que la tachan de extremadamente lenta y oscura, creo que tardaré en hacerlo.  De la versión original de la DR danesa he visto las dos primeras temporadas. La tercera está empezando a emitirse en la actualidad y es una cita que no pienso eludir visto lo que disfruté con las previas.
En una primera entrega de veinte capítulos, la detective Sarah Lund investiga el asesinato de una joven de instituto, hija del dueño de una pequeña empresa de mudanzas. La localización del cuerpo, tras su extraña desaparición sume en una nube de interrogantes a la policía, a lo que se suma un oscuro entramado político que puede tener relación con el asesinato.
Los tiempos del esclarecimiento del crimen, la perfecta descripción del duelo por la pérdida, las motivaciones políticas y, sobretodo, la estupenda actuación de la actriz Sofie Grabol como protagonista, son unos ingredientes más que válidos para un thriller perfecto  bajo el tenue sol de Copenhague. Tengo que resaltar  varios giros de la investigación notables por lo novedosos, ya que la multitud de series y películas con temática parecida complican el conseguir ideas que suenen a nuevas y más aún si encima son efectivas y creíbles.
Sarah Lund en plena investigación
Por poner un pero a esta estupenda primera temporada sería su excesiva duración, que consigue que las diferentes vías de investigación se crucen, incluso se superpongan a veces, dejando una cierta sensación de saturación que se enmienda al final con varios capítulos más ligeros y directos, que concluyen en un final bastante logrado. También las cuestiones personales de la protagonista se hacen algo superfluas, aunque a medida que avanza la investigación van perdiendo protagonismo, lo que se agradece.
La segunda temporada de ‘Forbrydelsen’ mejora bastante a una primera bastante aceptable. Una abogada es asesinada de modo bastante macabro y la investigación de la policía se centra en un grupo de militares daneses que tuvieron un incidente sin determinar en suelo iraquí. De nuevo existe una trama política paralela a la investigación policial, pero el hecho de que esta vez los capítulos sean sólo diez dota de un extraordinario dinamismo a la trama. Otra vez el tempo de la historia, el suspense mantenido hasta el final en todas sus opciones, el triple escenario, dividido entre el político, el policial y el militar son muy de agradecer y logran mayor verosimilitud y agilidad a la historia. Y Sarah Lund, sus miradas, sus reflexiones, su contención, sus silencios. Enorme actriz. Pocas veces se puede empatizar tanto con un policía en una investigación, a través de su diáfana humanidad.
Sofie Grabol y sus creativos jerseys
El contexto geográfico es otro punto que desarrolla bien ‘The Killing’. Una Copenhague fría e inhóspita, con sus luces y sombras, y donde se constata que a pesar de ser un lugar de altísimo nivel de vida habitan los mismos monstruos que en el resto del mundo. Monstruos que acaban salvajemente con la vida de una estudiante en la mitad de la noche o que hacen del asesinato de una abogada un rito satánico de crueldad. Todo ante los ojos de una escéptica y reflexiva Sarah Lund, en la mejor tradición escandinava de novela negra: Arnaldur Indridason, Stieg Larsson, Henning Mankell y su 'Wallander', etc.