Y llegamos al final de año, momento en el que miramos hacia atrás y vemos lo que ha dado de sí este periodo anual en materia de ficción televisiva. He realizado una lista de diez series, de menor a mayor relevancia. Recordad que todo en la vida es subjetivo, pero en estas cuestiones más todavía.
10. Copper. Tuve
la suerte de ver el estreno de este producto de la BBC America en el Festival
de Series de Canal+ de Madrid y me gustó su mezcla entre Dickens y un western
oscuro. La serie dibuja una época poco explotada en el cine, si nos referimos
al ámbito urbano (aunque ampliamente en el terreno Western) como es la segunda
mitad del siglo XIX (1860). Estéticamente es parecida a la ‘Gans of New York’
de Scorsese, con la que comparte época y lugar, aunque temáticamente
difieren. ‘Copper’ (cobre, literal) es
sucia, opaca y oscura. Al principio se hace rara de ver, por los planos
arriesgados, la falta de luz, la ausencia de un hilo dramático conductor, pero
va ganando en interés a medida que avanza. Es una creación de Will Rokos
(co-productor de ‘Southland’) y Tom Fontana, que ya produjo las magníficas ‘OZ’
y ‘Homicidio’. Quizá esté en esta lista porque añoramos ‘Deadwood’ y no
encontramos nada parecido que nos guste. Ni la ‘Hatfields & McCoys’ de
Kevin Costner, ni esa cosa extraña y ambigua de ‘Hell on Wheels’ me convencen
para suceder al gran western de David Milch.
9. Downton Abbey. Tras la fiebre british que
padecimos en el 2011, esperaba más de la serie bandera de ITV en esta tercera
temporada. Está en la lista porque sus estándares de calidad siguen intactos y
está en los últimos puestos porque también siguen intactas (no hay ninguna novedad) las razones por las que nos gusta y por las que la crítica americana se
puso a sus pies. Las esperadas apariciones de Maggie Smith (como one-liner sí
que estaría bien arriba), el escenario majestuoso del castillo de Highclere en
Hampshire, el vestuario meticulosamente cuidado y el trasfondo histórico, que
lo convierte en un (lento) vehículo didáctico. Pese a cierto estancamiento en
la creatividad, esta novela visual sobre la relación entre señores y criados sigue
siendo de la mejor televisión que se puede ver.
8. Boss. Una
segunda temporada que sirve para aupar al alcalde de Chicago, Tom Kane,
interpretado por Kelsey Grammer (sí, nuestro ‘Frasier’) al reconocimiento unánime
de la crítica. ‘Boss’ sigue siendo dura, directa y a veces difícil, pero nos
regala diálogos y situaciones notables.
Se nota que la cadena ‘Starz’ ha cuidado su hijo pródigo y tras una quizá
autoconclusiva primera temporada (cabía la posibilidad de su no renovación) ha
mejorado aún más. Efectista, manipuladora a veces y con una factura técnica muy
buena ‘Boss’ es una serie que hay que ver, aunque sea para entender porqué sus detractores la culpan (con algo de
razón) de cierta condescendencia con el espectador.
7. America in Primetime.
Esta miniserie de cuatro capítulos hace un recorrido por la historia de la
televisión a través de la historia de los TV shows, con opiniones de creativos,
productores, actores, etc. que nos dan una imagen de cómo es la televisión
norteamericana por dentro. Dividida en cuatro temas transversales: la mujer
independiente, el hombre en casa, el inadaptado y el cruzado (la dicotomía
entre buenos y malos), esta creación de Lloyd Kramer constata cómo la sociedad
ha evolucionado desde los años 50 y 60 hasta la actualidad, al mismo tiempo que
lo hacían la series de TV. Escasamente publicitada es un verdadero regalo para
todos aquellos que amamos la televisión. Y un descubrimiento.
6. Secret State. No está más arriba porque como
buen producto británico es de capítulos cortos (cuatro) y esta sí es una
historia que se podía haber estirado bastante más. Su fugaz visionado no debe
desalentar y entenderse como una obra menor, porque es la mejor serie crítica
del año. La más honesta y diáfana que funciona, además, como objeto arrojadizo contra los poderes
fácticos. Con la que está cayendo, con
la crisis mundial es de obligado visionado y posterior reflexión. Channel 4, se
apunta otro tanto (tras la sorpresa de ‘Black Mirror’ en 2011) y supera a otras
miniseries de la omnipresente BBC también recomendables, como ‘Exile’ (con el
tremendo John Simm) o ‘Public Enemies’ o a la segunda temporada de ‘The Hour’. Un
Gabriel Byrne, contenido y brillante se pone al frente del país e intenta hacer
lo correcto. Al hacerlo, descubre que la
sociedad es víctima de una política hundida en un bucle de intereses
empresariales ¿Más actual?
Imposible.
5. Boardwalk Empire. Cuando
una historia supera con nota la muerte del que en un principio es uno de los
protagonista (e hilo emocional en solitario) es que el guión está magistralmente
bien planificado. Si de ello emerge un Steve Buscemi omnipresente y en un
contexto tan atractivo como la Atlantic City de los años 20 todo lo que podemos
esperar es disfrutar de una de los mejores dramas de los últimos años. Implacable y dura, ‘Boardwalk Empire’ sigue
mejorando temporada a temporada. Especial mención a un Stephen Graham que clava
cada vez más el personaje de Al Capone.
4. Dexter. Para
alguien, que como yo, no entendió las críticas del Dexter post-Trinity, en su
quinta y sexta temporada, la unanimidad del aplauso general en esta séptima le
ha pillado por sorpresa. Cierto es que, argumentalmente la serie dio varios
pasos gigantes con el tremendo cliffhanger en la escena del último capítulo,
ampliado a casi todo el primero de esta nueva. Ya con las cartas sobre la mesa
la trama podía haberse estancado, pero en Showtime entendieron que el nuevo
escenario podía tener interesantes vías. Además, Dexter Morgan ha encontrado un
rival de altísimo nivel (como personaje, por lo interpretativo, por todo) en
Ray Stevenson (el Tito Pulo de la maravillosa ‘Roma’), dando vida al mafioso
ucraniano Isaak Sirko. ‘Dexter’ sigue con ese ritmo frenético, poniéndonos el
corazón en un puño y a la vez, haciéndonos sentir mal por esa sombra de duda
moral que nos invade ante lo que vemos. La espera de la octava (y última)
temporada nos invita a apostar por donde irán los tiros. Un tema de
conversación con multitud de posibilidades.
3. Breaking Bad. Cuando Vince Gilligan decidió que
esta última temporada de dieciséis capítulos iba a tener un ecuador de casi un
año no esperábamos que el primer capítulo se iniciaría con un flashforward, sin
interpretación posible hasta la consecución de ésta segundo ciclo de ocho
capítulos. Como truco para levantar expectación ha sido inmejorable. Por lo
demás las desventuras de la familia White siguen como siempre. A la deriva, en
una huída hacia adelante donde siempre existe un resquicio para aguantar el naufragio. Opción que casi, queda
descartada tras una última escena. Un cliffhanger con mayúsculas, que habrá que materializar en las últimas ocho
entregas donde la duda se cierne en cómo se van a cerrar todos los flecos
abiertos y si dará tiempo en explicar todo sin atajos. Hasta ahora AMC no nos
ha hecho dudar de su capacidad. Walter White tampoco.
2. Girls. Si
alguien define su creación televisiva como ‘la voz de mi generación’ lo primero
que pienso es en desmesurada soberbia y en la tremenda dificultad que tiene
cumplir unas expectativas tan ambiciosas. Sin embargo, Lena Dunham y su
‘Girls’,obra que escribe, dirige y protagoniza,
es un soplo de aire fresco, un ejercicio de honestidad brutal. Hace que obras
previas en esa línea queden como grotescas y falsas. Lena, a través de su alter
ego, Hannah, bucea en las relaciones de veinteañeros, en el manido contexto de
Manhattan, sin dejar de esbozar matices, por pequeños, sórdidos y ridículos que
sean. ‘Girls’ dibuja unos personajes
imperfectos, llenos de inseguridades y defectos, pero reales. Esa realidad es
el punto fuerte de esta serie. Puede que las cosas que les ocurran a Hannah,
Shoshanna, Marnie y Jessa nos sean ajenas, pero sabemos que en algún lugar hay
chicas reconociéndose en ellas. Hannah Horvath se desnuda para nosotros en
cuerpo y alma, para provocarnos, para vernos reflejados en sus miedos,
ambiciones y locuras, para renegar de ella y colocarnos automáticamente en un
plano superior. Pero es mentira. Allá donde Lena Dunham planta rasgos negativos
sabe que tarde o temprano surgirá una flor que restituirá nuestra fe en ella.
En nosotros mismos. Así es ‘Girls’, mucho más compleja que la vida
aparentemente superficial que nos presenta. Un descubrimiento que hay que ver y
darle la oportunidad de que nos redima de ser como somos.
1. Juego de Tronos.
Dudo de si soy afortunado o no al ver esta producción de la HBO sin haber leído ninguno de los libros de
George R.R. Martin en los que se basa, ‘Canción de hielo y fuego’. Seguramente
para su legión de fans debería hacerlo, pero tengo la experiencia de haber
leído los cómics de ‘The Walking Dead’ y después haber visto su primera
temporada y la palabra decepción se queda muy corta. Lo que tengo claro es que
las dos temporadas de ‘Juego de Tronos’ me han encantado. Y eso para alguien no
especialmente tentado por historias de magia, medievales o de reyes y princesas
es ya un dato. El guión, la historia vertebradora, el equilibrio de las ‘casas’o familias en disputa, el excelente y creíble atrezzo (ojo, la época es
indeterminada y ficticia) y, sobretodo, el nivel técnico de producción de esta
colosal aventura, con localizaciones tan dispares como zonas glaciares, desiertos
o bosques. ‘Juego de Tronos’ es un espectáculo visual. Por sí sola ha abierto
el debate sobre si sería rentable su distribución en cines, de manera paralela
a la pantalla pequeña. Para un servidor que sí la ha visto en sala grande la
respuesta es claramente afirmativa. SI además tiene personajes dotados de una
especial singularidad, ya casi legendarios, como el menudo Tyrion Lannister, la
reina de dragones, Daenerys Targaryen o el bastardo Jon Snow es que está
preparada para entrar en la historia y marcar un antes y un después en la
industria televisiva.
Por último el gran ausente y que quizá debería haber entrado en esta lista: ‘Mad Men’ paga el castigo de una quinta temporada algo errática. El personaje de Don Draper está desdibujado, en una fase en la que parece haber perdido la ambición por la vida que le caracterizaba y donde la asimilación de su recién estrenado matrimonio acapara su atención y su incertidumbre. También es intermitente la importancia de Peggy, su alumna aventajada (y mi personaje favorito) y casi inexistente el de Betty Draper, debido a unas supuestas ínfulas de estrella de January Jones con el resto del rodaje, que han hecho que sus escenas se hayan visto recortadas. Una pena, porque la relación de amor-odio entre Don y Peggy, fue de lo mejorcito en la cuarta temporada y nos quedamos con ganas de más, algo que entraba dentro de la lógica ocurriese en esta quinta entrega. De capítulos prescindibles y con poco que significar a otros como ‘The Other Woman’ y sobretodo ‘Far Away Places’ redondos. Extraordinarios.
En definitiva, personajes que no terminan de cuajar, como el
de Jessica Paré (Megan) y otros con creciente atractivo, como el Pete Campbell
(Vincent Kartheiser) y en medio de todo un Roger Sterling, cada vez más pasado
de tuerca y con frases más lapidarias.
Para enmendar una temporada de la que se esperaba bastante
más, una escena final para el lucimiento técnico de Matthew Weiner. Una pirueta
artística para recordarnos que sigue siendo televisión, pero con la ambición
del mejor cine.
También faltan de la lista comedias ya consolidadas como 'The Big Bang Theory' o 'Modern Family', que quizá deberían haber estado, aunque pagan el pato de que quizá, inconscientemente seguimos entendiendo el drama como el hermano mayor. También lo merecen regresos triunfales como 'Justified', culebrones de lujo y con sentido, como 'Revenge', procedimentales al uso (o no) como la entretenida 'Person of Interest' (gran Michael Emerson) y coproducciones (Canal +, ZDF alemana y Sky británica, ojo) de temática arriesgada, como 'Falcón', un detective en una Sevilla donde todo el mundo habla inglés.
2012 ha sido un buen año en ficción de pantalla pequeña. Espero que tengamos un mejor 2013. En cuestiones televisivas y en las demás.
Feliz año nuevo.



























