viernes, 28 de diciembre de 2012

Lo mejor del 2012


Y llegamos al final de año, momento en el que miramos hacia atrás y vemos lo que ha dado de sí este periodo anual en materia de ficción televisiva. He realizado una lista de diez series, de menor a mayor relevancia. Recordad que todo en la vida es subjetivo, pero en estas cuestiones más todavía. 

10. Copper. Tuve la suerte de ver el estreno de este producto de la BBC America en el Festival de Series de Canal+ de Madrid y me gustó su mezcla entre Dickens y un western oscuro. La serie dibuja una época poco explotada en el cine, si nos referimos al ámbito urbano (aunque ampliamente en el terreno Western) como es la segunda mitad del siglo XIX (1860). Estéticamente es parecida a la ‘Gans of New York’ de Scorsese, con la que comparte época y lugar, aunque temáticamente difieren. ‘Copper’ (cobre, literal) es sucia, opaca y oscura. Al principio se hace rara de ver, por los planos arriesgados, la falta de luz, la ausencia de un hilo dramático conductor, pero va ganando en interés a medida que avanza. Es una creación de Will Rokos (co-productor de ‘Southland’) y Tom Fontana, que ya produjo las magníficas ‘OZ’ y ‘Homicidio’. Quizá esté en esta lista porque añoramos ‘Deadwood’ y no encontramos nada parecido que nos guste. Ni la ‘Hatfields & McCoys’ de Kevin Costner, ni esa cosa extraña y ambigua de ‘Hell on Wheels’ me convencen para suceder al gran western de David Milch.  
   
9. Downton Abbey. Tras la fiebre british que padecimos en el 2011, esperaba más de la serie bandera de ITV en esta tercera temporada. Está en la lista porque sus estándares de calidad siguen intactos y está en los últimos puestos porque también siguen intactas (no hay ninguna novedad) las razones por las que nos gusta y por las que la crítica americana se puso a sus pies. Las esperadas apariciones de Maggie Smith (como one-liner sí que estaría bien arriba), el escenario majestuoso del castillo de Highclere en Hampshire, el vestuario meticulosamente cuidado y el trasfondo histórico, que lo convierte en un (lento) vehículo didáctico. Pese a cierto estancamiento en la creatividad, esta novela visual sobre la relación entre señores y criados sigue siendo de la mejor televisión que se puede ver. 

8. Boss. Una segunda temporada que sirve para aupar al alcalde de Chicago, Tom Kane, interpretado por Kelsey Grammer (sí, nuestro ‘Frasier’) al reconocimiento unánime de la crítica. ‘Boss’ sigue siendo dura, directa y a veces difícil, pero nos regala diálogos y  situaciones notables. Se nota que la cadena ‘Starz’ ha cuidado su hijo pródigo y tras una quizá autoconclusiva primera temporada (cabía la posibilidad de su no renovación) ha mejorado aún más. Efectista, manipuladora a veces y con una factura técnica muy buena ‘Boss’ es una serie que hay que ver, aunque sea para entender  porqué sus detractores la culpan (con algo de razón) de cierta condescendencia con el espectador.

7. America in Primetime. Esta miniserie de cuatro capítulos hace un recorrido por la historia de la televisión a través de la historia de los TV shows, con opiniones de creativos, productores, actores, etc. que nos dan una imagen de cómo es la televisión norteamericana por dentro. Dividida en cuatro temas transversales: la mujer independiente, el hombre en casa, el inadaptado y el cruzado (la dicotomía entre buenos y malos), esta creación de Lloyd Kramer constata cómo la sociedad ha evolucionado desde los años 50 y 60 hasta la actualidad, al mismo tiempo que lo hacían la series de TV. Escasamente publicitada es un verdadero regalo para todos aquellos que amamos la televisión. Y un descubrimiento.

6. Secret State. No está más arriba porque como buen producto británico es de capítulos cortos (cuatro) y esta sí es una historia que se podía haber estirado bastante más. Su fugaz visionado no debe desalentar y entenderse como una obra menor, porque es la mejor serie crítica del año. La más honesta y diáfana que funciona, además,  como objeto arrojadizo contra los poderes fácticos. Con la que está cayendo,  con la crisis mundial es de obligado visionado y posterior reflexión. Channel 4, se apunta otro tanto (tras la sorpresa de ‘Black Mirror’ en 2011) y supera a otras miniseries de la omnipresente BBC también recomendables, como ‘Exile’ (con el tremendo John Simm) o ‘Public Enemies’ o a la segunda temporada de ‘The Hour’. Un Gabriel Byrne, contenido y brillante se pone al frente del país e intenta hacer lo correcto. Al hacerlo, descubre que la sociedad es víctima de una política hundida en un bucle de intereses empresariales ¿Más actual? Imposible.    

5. Boardwalk Empire. Cuando una historia supera con nota la muerte del que en un principio es uno de los protagonista (e hilo emocional en solitario) es que el guión está magistralmente bien planificado. Si de ello emerge un Steve Buscemi omnipresente y en un contexto tan atractivo como la Atlantic City de los años 20 todo lo que podemos esperar es disfrutar de una de los mejores dramas de los últimos años. Implacable y dura, ‘Boardwalk Empire’ sigue mejorando temporada a temporada. Especial mención a un Stephen Graham que clava cada vez más el personaje de Al Capone. 

4. Dexter. Para alguien, que como yo, no entendió las críticas del Dexter post-Trinity, en su quinta y sexta temporada, la unanimidad del aplauso general en esta séptima le ha pillado por sorpresa. Cierto es que, argumentalmente la serie dio varios pasos gigantes con el tremendo cliffhanger en la escena del último capítulo, ampliado a casi todo el primero de esta nueva. Ya con las cartas sobre la mesa la trama podía haberse estancado, pero en Showtime entendieron que el nuevo escenario podía tener interesantes vías. Además, Dexter Morgan ha encontrado un rival de altísimo nivel (como personaje, por lo interpretativo, por todo) en Ray Stevenson (el Tito Pulo de la maravillosa ‘Roma’), dando vida al mafioso ucraniano Isaak Sirko. ‘Dexter’ sigue con ese ritmo frenético, poniéndonos el corazón en un puño y a la vez, haciéndonos sentir mal por esa sombra de duda moral que nos invade ante lo que vemos. La espera de la octava (y última) temporada nos invita a apostar por donde irán los tiros. Un tema de conversación con multitud de posibilidades.   

3. Breaking Bad. Cuando Vince Gilligan decidió que esta última temporada de dieciséis capítulos iba a tener un ecuador de casi un año no esperábamos que el primer capítulo se iniciaría con un flashforward, sin interpretación posible hasta la consecución de ésta segundo ciclo de ocho capítulos. Como truco para levantar expectación ha sido inmejorable. Por lo demás las desventuras de la familia White siguen como siempre. A la deriva, en una huída hacia adelante donde siempre existe un resquicio  para aguantar el naufragio. Opción que casi, queda descartada tras una última escena. Un cliffhanger con mayúsculas, que habrá que materializar en las últimas ocho entregas donde la duda se cierne en cómo se van a cerrar todos los flecos abiertos y si dará tiempo en explicar todo sin atajos. Hasta ahora AMC no nos ha hecho dudar de su capacidad. Walter White tampoco.   

2. Girls. Si alguien define su creación televisiva como ‘la voz de mi generación’ lo primero que pienso es en desmesurada soberbia y en la tremenda dificultad que tiene cumplir unas expectativas tan ambiciosas. Sin embargo, Lena Dunham y su ‘Girls’,obra  que escribe, dirige y protagoniza, es un soplo de aire fresco, un ejercicio de honestidad brutal. Hace que obras previas en esa línea queden como grotescas y falsas. Lena, a través de su alter ego, Hannah, bucea en las relaciones de veinteañeros, en el manido contexto de Manhattan, sin dejar de esbozar matices, por pequeños, sórdidos y ridículos que sean. ‘Girls’ dibuja unos personajes imperfectos, llenos de inseguridades y defectos, pero reales. Esa realidad es el punto fuerte de esta serie. Puede que las cosas que les ocurran a Hannah, Shoshanna, Marnie y Jessa nos sean ajenas, pero sabemos que en algún lugar hay chicas reconociéndose en ellas. Hannah Horvath se desnuda para nosotros en cuerpo y alma, para provocarnos, para vernos reflejados en sus miedos, ambiciones y locuras, para renegar de ella y colocarnos automáticamente en un plano superior. Pero es mentira. Allá donde Lena Dunham planta rasgos negativos sabe que tarde o temprano surgirá una flor que restituirá nuestra fe en ella. En nosotros mismos. Así es ‘Girls’, mucho más compleja que la vida aparentemente superficial que nos presenta. Un descubrimiento que hay que ver y darle la oportunidad de que nos redima de ser como somos.    

1. Juego de Tronos. Dudo de si soy afortunado o no al ver esta producción de la HBO sin haber leído ninguno de los libros de George R.R. Martin en los que se basa, ‘Canción de hielo y fuego’. Seguramente para su legión de fans debería hacerlo, pero tengo la experiencia de haber leído los cómics de ‘The Walking Dead’ y después haber visto su primera temporada y la palabra decepción se queda muy corta. Lo que tengo claro es que las dos temporadas de ‘Juego de Tronos’ me han encantado. Y eso para alguien no especialmente tentado por historias de magia, medievales o de reyes y princesas es ya un dato. El guión, la historia vertebradora, el equilibrio de las ‘casas’o familias en disputa, el excelente y creíble atrezzo (ojo, la época es indeterminada y ficticia) y, sobretodo, el nivel técnico de producción de esta colosal aventura, con localizaciones tan dispares como zonas glaciares, desiertos o bosques. ‘Juego de Tronos’ es un espectáculo visual. Por sí sola ha abierto el debate sobre si sería rentable su distribución en cines, de manera paralela a la pantalla pequeña. Para un servidor que sí la ha visto en sala grande la respuesta es claramente afirmativa. SI además tiene personajes dotados de una especial singularidad, ya casi legendarios, como el menudo Tyrion Lannister, la reina de dragones, Daenerys Targaryen o el bastardo Jon Snow es que está preparada para entrar en la historia y marcar un antes y un después en la industria televisiva.

Por último el gran ausente y que quizá debería haber entrado en esta lista: ‘Mad Men’  paga el castigo de una quinta temporada algo errática. El personaje de Don Draper está desdibujado, en una fase en la que parece haber perdido la ambición por la vida que le caracterizaba y donde la asimilación de su recién estrenado matrimonio acapara su atención y su incertidumbre. También es intermitente la importancia de Peggy, su alumna aventajada (y mi personaje favorito) y casi inexistente el de Betty Draper, debido a unas supuestas ínfulas de estrella de January Jones con el resto del rodaje, que han hecho que sus escenas se hayan visto recortadas. Una pena, porque la relación de amor-odio entre Don y Peggy, fue de lo mejorcito en la cuarta temporada y nos quedamos con ganas de más, algo que entraba dentro de la lógica ocurriese en esta quinta entrega. De capítulos prescindibles y con poco que significar a otros como ‘The Other Woman’ y sobretodo ‘Far Away Places’ redondos. Extraordinarios.
En definitiva, personajes que no terminan de cuajar, como el de Jessica Paré (Megan) y otros con creciente atractivo, como el Pete Campbell (Vincent Kartheiser) y en medio de todo un Roger Sterling, cada vez más pasado de tuerca y con frases más lapidarias.
Para enmendar una temporada de la que se esperaba bastante más, una escena final para el lucimiento técnico de Matthew Weiner. Una pirueta artística para recordarnos que sigue siendo televisión, pero con la ambición del mejor cine.   

 También faltan de la lista comedias ya consolidadas como 'The Big Bang Theory' o 'Modern Family', que quizá deberían haber estado, aunque pagan el pato de que quizá, inconscientemente seguimos entendiendo el drama como el hermano mayor. También lo merecen regresos triunfales como 'Justified', culebrones de lujo y con sentido, como 'Revenge', procedimentales al uso (o no) como la entretenida 'Person of Interest' (gran Michael Emerson) y coproducciones (Canal +, ZDF alemana y Sky británica, ojo) de temática arriesgada, como 'Falcón', un detective en una Sevilla donde todo el mundo habla inglés. 
2012 ha sido un buen año en ficción de pantalla pequeña. Espero que tengamos un mejor 2013. En cuestiones televisivas y en las demás.
Feliz año nuevo.  

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