viernes, 18 de enero de 2013

¿Ha perdido frescura ‘Misfits’?



Pasada ya la conmoción de esta historia sobre chicos de un suburbio londinense obligados a realizar trabajos sociales (con mono naranja de por medio) cabe analizar tras cuatro temporadas si el hype del principio ha pasado. Mucha gente se pregunta como una trama basada en la vida de unos adolescentes con poderes, adquiridos éstos tras una oportuna y extraña tormenta, podía tener una respuesta tan positiva de público y crítica.
Ejemplo de fotografía de la serie
Misfits’ se apoya en una idea previa, muy bien planteada y apoyada en tres premisas innegociables: una música oportuna y notable, unos diálogos rápidos y creativos y una fotografía nihilista. La ejecución de cada capítulo ya es otra cosa. Hay alguno que roza la perfección,  conjugando la comedia y un fondo dramático de manera perfecta. Otros, los menos, no son redondos, pero salvan los muebles por la base antes señalada.
Este producto de la E4 británica (filial juvenil de Channel 4) encierra una metáfora en su conjunto. Como la encrucijada vital que representa la edad de sus protagonistas, lo que va a ocurrir es un enorme interrogante. La tormenta aglutina lo bueno y lo malo de lo que somos (son), con poderes (habilidades, destrezas) y peligros inminentes derivados de poderes en malas manos. ‘Misfits’ es un ‘¿y ahora qué?’ (dicho por Kelly, con su acento extraño y en inglés, por favor) y en esa espera a lo que tiene que venir cada capítulo se rige monotema en alguna cuestión metafísica, que es lo que conforma el guión menor y cuyos bloques independientes son rematados de manera irregular.
Nathan, el encanto de lo irreverente
El hilo conductor de las dos primeras temporadas, a pesar de tratarse de una serie coral, son las ocurrencias y excesos de Nathan (Robert Sheehan). Lenguaraz, provocador e irreverente Nathan se come la pantalla y es la estrella indiscutible de las dos primeras entregas, dejando momentos antológicos. Tanto cede la serie al magnetismo de Nathan que, en la segunda temporada se plantea un argumento nuevo con el tímido Simon (Iwan Rheon) como superhéroe que viaja en el tiempo, opción que pierde fuerza ya en la tercera y que se muestra más como una rémora a un guión ágil que algo capaz de abrir nuevas vías de interés. Otro punto interesante de la serie es la relación de los chicos con la autoridad. Y más en concreto con el supervisor de turno que les manda hacer los servicios sociales por los que están castigados. Momentazo la versión karaoke de 'Frankie goes to Hollywood' de 'The Power of love' de uno de ellos.
Simon y Alisha, más divertidos por separado
Tras dos temporadas, Robert Sheehan deja la serie, despidiéndose con un web episodio de diez minutos donde utiliza su nuevo poder, la magia, para hacer trampas en los casinos de Las Vegas. Tal es el vacío que deja que E4 precisa de alguien impactante para reemplazarle y piensa en Joseph Gilgun (‘This is England 86 y 88’), que da vida al también insolente, pero inestable Rudy.

Rudy y su incontinencia verbal
Gilgun pasa a ser el elemento desestabilizador del grupo. Y el más capaz de hacernos reír. Rudy tiene el poder de desdoblarse, de tal modo que a su bocazas y pretencioso yo le complementa otro mucho más inseguro y sensible, con trifulcas entre ellos incluidas. También cobra protagonismo una Lauren Socha (genial como barriobajera, con su ‘fuck off’ siempre en la boca) que deja la serie al final de su tercera temporada por problemas con la justicia.

Kelly (Lauren Socha) demostrando su encanto 
En la cuarta temporada la criba de los personajes del principio es total, quedando solamente el personaje de Curtis (Nathan Stewart-Jarrett) y Rudy pasa a ser el centro de todo. Les acompañan solamente (esto no lo entiendo) dos personajes más: el pequeño escocés Finn (Nathan MacMullen) y la atractiva Jess (Karla Crome). En esta última temporada las tres premisas del principio siguen intactas: música, diálogos y fotografía, pero las historias han perdido algo de fuerza y lo que al principio era transgresor, como el mal lenguaje, la obsesión con la muerte, las conversaciones sobre penes o vaginas o la nula perspectiva real de futuro ya cansa un poquito. Más vale una retirada a tiempo a que la serie (cuya quinta temporada aún no está asegurada) agonice viviendo de lo que fue.   


miércoles, 9 de enero de 2013

La épica humana de 'Raíces'


LeVar Burton, icono afroamericano
Se han cumplido ya los 35 años del estreno (1977) de 'Raíces', una serie que supuso un antes y un después en la televisión, por la temática, por el enfoque generacional y por el tono inequívocamente dramático, pero atenuado con pequeñas alegrías y esperanzas, como la vida. 

'Raíces' ('Roots', en original) es la plasmación televisiva de la novela de Alex Haley, 'Raíces: la saga de una familia americana'. Haley, una vez jubilado, decide indagar sobre sus orígenes, desde su primer ancestro americano (aunque nacido en África) hasta el momento en que sus descendientes se convierten en hombres libres.

Su historia es la de la épica búsqueda de la libertad como fin único. En el camino se entrelazan multitud de sentimientos, acciones y anhelos que lo hacen posible. Un via crucis emotivo para entender que las derrotas no tienen porque ser definitivas y para recordar lo que quedó en el camino para conseguir el sueño.
John Amos (Kunta Kinte) y Madge Sinclair (Bell) 
‘Raíces’ va más allá del contexto racial en el que, obviamente, se centra. Nos habla de derechos negados, en este caso una cuestión tan dramática como la esclavitud, pero que es extrapolable a cualquier injusticia humana, planeada y perpetrada por otros seres humanos. El profundo agujero moral que se abre ante cualquier persona que sabe que está humillando a sus semejantes.

La historia comienza en 1750, en la costa atlántica africana (lo que hoy es Gambia), donde un adolescente Kunta Kinte (Levar Burton) se enfrenta a los retos propios de su paso de niño a hombre, en su poblado Mandinka. Inesperadamente es atrapado, hecho esclavo y conducido en un barco negrero hasta los Estados Unidos (Annapolis), aún bajo corona británica.

Kunta en el barco esclavista
Despojado salvajemente de su familia, su cultura y su vida, Kunta es vendido como esclavo a una de los dueños de plantaciones de la zona. Allí es rebautizado como Toby y adiestrado por otros negros de raza negra (pero nacidos en América) para que asuma su esclavitud, trabaje y no de problemas. Kunta Kinte no se resigna y decide escapar una y otra vez en pos de la libertad, poniendo de relieve que pueden atar su cuerpo con cadenas, pero en su corazón nunca dejará de ser un hombre libre.

Ben Vereen como 'Gallo' George 
‘Raíces’ cuenta con un reparto importante, dentro de las figuras afroamericanas de la época. Destaca Louis Gosset Jr. (el primer instructor y padre ‘de facto’ de Kunta), John Amos (el Kunta adulto), Leslie Uggams (Kizzy, hija de Kunta), un joven O.J. Simpson ('Agárralo como puedas'), Levar Burton (el Kunta joven), Ben Vereen (el padre de Will, en ‘El príncipe de Bel Air’). Entre los actores de raza blanca destacan, el capitán del barco con remordimientos, Edward Asner (‘Lou Grant’, ‘The Mary Tyler Moore Show’) y Lloyd Bridges (‘Sólo ante el peligro’, ‘Sea Hunt’ y padre de Beau y Jeff Bridges).

Leslie Uggams como Kizzy y Richard Roundtree
A pesar de que tanto LeVar Burton, como John Amos plasman con gran veracidad el papel de Kunta Kinte, en sus diferentes etapas, los distintos físicos de ambos son algo que, quizá en los 70 no llamase la atención, pero que ahora cuesta más creerse. Por otro lado, en el proceso de envejecimiento de varios actores (sobre todo en ‘Gallo’ George y en su madre Kizzy) desde sus años de juventud a su condición de ancianos es al menos cuestionable, fruto, ciertamente, más de la falta de capacidad en la técnica de maquillaje para estas situaciones de la época, que al empeño de los actores en parecer realistas. Es algo perfectamente perdonable, pero en un producto que cuesta tanto sacarle peros algo había que decir como nota negativa.

Hay que ver ‘Raíces’. Es el legado que un hombre, Alex Haley, quiso dejar a su familia y a toda una raza para que recordasen de donde vienen. 'Raices' es dura, profunda y muy humana. Bucea en nuestro interior para demostrarnos de lo que seríamos capaces por ser libres.