miércoles, 26 de febrero de 2014

Maravillosa ‘Boardwalk Empire’


Si hay una serie en la actualidad que esté infravalorada esta es, sin duda, 'Boardwalk Empire'. Con el inconfundible sello HBO, la creación de Terence Winter está ambientada en los locos años veinte, en Atlantic City y se centra en los turbios negocios de su oligarca, Nucky Thompson (Steve Buscemi). La verdad es que tampoco recibe malas críticas, pero quizá es víctima del hype excesivo de su primer capítulo, dirigido por Martin Scorsese al que siguió, en su primera temporada, una trama un tanto densa, que dejaba al espectador con la duda sobre qué tipo de historia estaba viendo. Las altas expectativas iniciales dejaron una ligera sensación de decepción en el público.

De primeras se puede criticar que la serie protagonizada por Steve Buscemi se sustente demasiado en escenas violentas y sexo explícito. Y tampoco se iría demasiado desencaminado, porque las tiene. Pero al fin y al cabo estamos hablando de un periodo de entre guerras trepidante, con una sociedad moderna que intenta encontrar sus límites morales, a la vez que se divierte e intenta hacer realidad el sueño americano de hacerse millonario por cualquier medio. En este contexto las mafias tienen su importancia, pero no son las únicas fichas puestas en el tapete de unos turbios negocios que mueven millones de dólares. Y no sólo es el, entonces, prohibido alcohol. También las carreras, la prostitución, los sindicatos, los pelotazos inmobiliarios, los consejos de la bolsa y un cada vez más incipiente mercado de droga, donde la heroína va alcanzando a la cocaína en volumen de negocio. Una tarta enorme que los poderosos quieren preservar, mientras las mafias, las minorías judía, negra, eslava o irlandesa anticipan un escenario de múltiples confrontaciones en busca del poder.
Steve Buscemi, como Nucky Thompson
Nucky Thompson es el centro de todo, pero a medida que avanza la historia los incipientes personajes mostrados de inicio van creando su propia subtrama que se irá mezclando con los demás. Con el paso de los capítulos la serie se pule. A veces por exigencias del guión y otras porque entre tantas cosas que contar terminan sobresaliendo las que de verdad son interesantes para el espectador. De ahí que la tesis de que hay series que maduran con el paso del tiempo nunca tuvo tanto sentido como en ‘Boardwalk Empire’.
Stephen Graham es el mejor Al Capone que he visto
Quizá en la primera temporada teníamos la sensación de que estábamos viendo una bicefalia alrededor de la cual se producía todo, pero como no se explicaba bien y los elementos acompañantes estaban en fase germinal el tempo era demasiado pausado y hubo espectadores que desistieron. Craso error. En su segunda entrega esa lucha caínica se recrudece, pero hay brotes verdes (tan de moda hoy en día) que nos permiten vislumbrar una serie grande, con mayúsculas, a las puertas. De hecho esta es la sensación que nos queda tras su final. Ya no hay dudas sobre la calidad del producto en cuestión. Únicamente se cuestiona el giro obligado que dará la serie en su tercera entrega. Y cuando lo hace no deja resquicio para la crítica. Steve Buscemi ya es un personaje eterno en la piel de Nucky, los nudos del guión se van construyendo con la precisión de un reloj suizo y con una plasmación técnica que parece del futuro. Las ambiciones, esperanzas y motivaciones de cada personaje son creíbles y legítimas. Cada paso tiene sentido en un todo perfecto. La contención y la explosión en las actuaciones no dejan lugar sino para el aplauso.‘Boardwalk Empire’ es un maravilloso espectáculo visual.
Michael Shannon, como el atormentado Nelson Van Alden
Lejos de pagar el peaje de una tercera temporada sublime, la cuarta ha cambiado derroteros, pero ha seguido evolucionando. Creciendo. Otro producto con los mismos objetivos podría ser catalogado, sin reparos, de pretencioso. Pero es que ‘Boardwalk Empire’ no sólo nos explica una convulsa época de la historia americana, a través de unos hipnóticos personajes como no se había hecho antes. Es que además  muestra pautas tan atemporales en las miserias humanas que son una representación veraz de sentimientos confrontados a una realidad. A la nuestra. Con otro escenario y otras reglas, pero tan interiorizada dentro de nuestras entrañas que remueve. Desde los tiempos de ‘The Wire’ y su hermana pequeña ‘The Corner’, no me conmovía tanto estar sentado frente al televisor. Y ya aquella vez me preguntaba que tendría que ver mi vida con el tráfico de drogas en un barrio negro de Baltimore para que me emocionase tanto. Pero es que al final, más allá del color, del lugar o de las circunstancias, las personas somos igual en todos los lados. Y la pérdida, la esperanza, el éxito o el fracaso nos trastocan por igual. Y el hecho de que terminemos viviéndolo en primera persona es mérito de la magia de la HBO. En serio, hacedme caso y dadle una oportunidad a esta maravilla. Tras el espléndido final de la cuarta temporada estuve dándole vueltas al porqué de cómo salían parados cada uno de los personajes. De cómo sus decisiones les empujaron en una u otra dirección y sus consecuencias. Eso y una metáfora final que fue de poner la carne de gallina. La vida y la muerte en una secuencia. Triste, hermosa, desgarradora y a la vez como una tibia esperanza disfrazada de caricia. Qué grande es ‘Boardwalk Empire’.
 
Atlantic City
     

   



martes, 18 de febrero de 2014

Suma de mucho igual a vacío: ‘B & B’


Que en el piloto de la nueva serie de Daniel Écija la mejor actuación, bajo mi humilde criterio, la haya hecho un Fran Perea con marcado acento andaluz explica bien a las claras que tipo de aberración es 'B & B'. Espero que sea un mal temporal, este que me aqueja y que me hace darle otra oportunidad a las producciones españolas. Como si tuviera fe en que de la abierta competencia en la que parecen haberse volcado las dos grandes cadenas privadas, A3 Media y Mediaset, en materia de ficción televisiva, tuvieran que resultar, sí o sí, productos buenos.

Hablando de decepciones, ya salí escaldado hace una semana con el estreno de ‘El Príncipe’. Una verdadera lástima que un decorado real tan apto para la recreación fotogénica se vaya por el desagüe de un guión ridículo, unos actores cuyo único doble mérito es ser jóvenes y guapos (se salva José Coronado) y, lo que es más grave, se arroguen la delirante pretensión de ejercer de veraz reflejo social. Pero uno a uno, que se me acaban los adjetivos descalificativos y eso que aún no he visto ‘Galerías Velvet’, con Paula Echevarría y Miguel Ángel ‘susurros’ Silvestre, conocido por su aversión a visitar al foniatra.     

Daniel Écija, el padre del invento, es ese guionista, productor y creador de casi la mitad de las series de televisión en España en los últimos veinte años. Así de golpe: Los Serrano, Periodistas, Médico de familia, El barco, Águila roja, Lex, Más que amigos,  Los hombres de Paco, Un paso adelante, El internado y El grupo son algunas, que no todas, las ficciones que el señor Écija ha perpetrado.  
Daniel Écija, gurú del vanguardismo televisivo
La experiencia del señor Écija no le ha valido para que entienda la diferencia entre una comedia y un drama. O a que desista de intentar algo a medio camino. Hay actores de ‘B & B’, que se mueven claramente dentro de la comedia, mientras otros le dan un sentido trágico ( y exagerado) a su actuación. Mientras el espectador, zarandeado de un lado a otro no sabe qué está viendo, porque cada giro interpretativo abre aún más el abismo entre los que quieren hacernos reír y los que se ahogan en lo solemne.  

‘B & B’, o ‘De Boca en Boca’ (Telecinco), es una serie coral. Y coral a lo bestia. Mi gancho ha sido Gonzalo Castro que para mí siempre tendrá el beneficio de la duda, haga lo que haga. De hecho, (atención, pequeño SPOILER!!!) un murmullo socarrón suyo, ante la amenaza de su futuro suegro, fue lo único que me levantó una sonrisa. Además, de Gonzalo, que tiene más de su tocayo de ‘7 Vidas’ que del Doctor Mateo, tenemos a Belén Rueda, guapísima pero continuando bajo otro nombre su papel (y perfil) de ‘Periodistas’, doce años más tarde. Cambia Clara por Candela y la magia está hecha.     
Luisa Martin, como (sorpresa)...sirvienta. 
Su hermano en la serie es el actor Carlos Iglesias, sí el de ‘Manos a la obra’ que hace de…Benito, el de ‘Manos a la Obra’, aunque sea periodista deportivo reconvertido. Después viene Luisa Martín, en un papel que da un giro en su carrera, con un papel rompedor para ella. Hace de cocinera quejica, pero graciosa y sacrificada. No creo que estemos preparados para tanta novedad. Sigo. La actriz Neus Sanz, cuñada en la ficción, de Belén Rueda, cuyo acento exagerado, su sobreactuación y sus gestos ostentosos podrían recordarnos, sin dificultad, a su papel en los ‘Hombres de Paco’. Pero eso sería tener mala leche. Y no lo haremos. Por añadir elementos ‘transgresores’ tenemos a Hugo (César Mateo), que hace de chófer del Presidente de ‘B & B’. Hugo es guapo, honesto, noble y de mirada serena. Todo hace pensar que vivirá una turbia relación amor-odio con la descarada hija pequeña de su jefe. Ayer esperaba que en cualquier momento empezase a hablar en susurros.
Carlos Iglesias y Neus Sanz, dando un giro de 360º a sus carreras
No vi ‘B & B’ entera porque, además de que no dejo que el masoquismo me controle, hubo un diálogo que me apremió en mi retirada. Atención otro SPOILER (¿le importa a alguien?) El periodista becario, Dani Rovira, en un alarde de osadía informativa y empujado por Fran Perea, se encuentra en una habitación donde espera encontrar una primicia informativa. En lugar de eso descubre que su gran amor de la redacción (Cristina Brondo) ejerce de chica de compañía. La explicación al día siguiente, ante el requerimiento del becario, es que lo hace puntualmente para pagar las facturas médicas de su hijo enfermo. Suficiente. Buenas noches.      
Gonzalo Castro y Belén Rueda




miércoles, 12 de febrero de 2014

¿Qué pasó con Melissa Young?: 'What Remains'


Así de pronto, una miniserie de la BBC de sólo cuatro episodios no debería tener el empaque suficiente como para haberse colado entre mis diez producciones televisivas favoritas del 2013. Pero es que el drama escrito por Tony Basgallop es extraordinario.

La historia comienza cuando Melissa Young es encontrada en el ático de un edificio de varias viviendas en avanzado estado de descomposición. A raíz del hallazgo la policía se empieza a cuestionar lo evidente ¿cómo ha podido estar tanto tiempo ahí sin que nadie la haya echado de menos? ¿Muerte natural, suicidio o asesinato?
¿Qué te ocurrió, Melissa?
Cobra fuerza la idea de muerte natural y como nadie hace demasiadas preguntas el caso se cierra con esa teoría. Pero el detective Len Harper (David Threlfall), a quien le llega la jubilación en mitad del caso, discrepa. Sospecha que hay algo más y que entre los vecinos se encuentra la clave de todo. Para ello finge seguir al mando del caso y empieza a bucear entre secretos, verdades a medias y prejuicios de unas personas que distan mucho de ser lo que parecen a primera vista.
La obstinación como virtud para no dar el caso por cerrado
La serie juega con la dualidad de mezclar flashbacks explicativos con el tiempo real. En los primeros se traza la vida de la fallecida Melissa, quien suma a sus evidentes problemas de peso dificultades obvias para relacionarse por su timidez. En el presente el detective Harper hace preguntas que en muchas ocasiones incomodan, porque las respuestas obliga a los vecinos a mostrar una parte de sí mismos que yace en la sombra. Así comienza una especie de ‘Cluedo’, donde cualquiera puede ser el asesino o al menos tiene algún motivo, en mayor o menor grado, para no sentir aprecio por Melissa.

Los vecinos son estos:
- La pareja, Michael y Vidya, de recién llegados al edificio, que sin estar casados están a punto de ser padres. Son los que descubren el cadáver y llaman a la policía.

- Joe, el viejo y malhumorado profesor, que vive ajustado a las reglas y que hace años tuvo como alumno a Michael, relación por la que el joven aún le guarda rencor.   

- Kieron (Steven Mackintosh) y su problemático hijo adolescente. Kieron es periodista, pero prefiere que la muerte de su vecina no se convierta en noticia.


- La pareja lesbiana, donde Elaine (Indira Varma) ejerce un control despótico, rayando en el maltrato, sobre la dulce Peggy.       

Comprobar si ha sido un asesinato y, en ese caso, señalar al culpable se convierte en la obsesión del detective Harper. Cuatro capítulos que prácticamente vuelan en la mejor versión del suspense británico, de la mano de un fantástico David Threlfall (Shameless), en una de las mejores interpretaciones del año. Otra joya de la BBC.

Por cierto, que acabo de descubrir una comedia de mediados de los noventa, ‘Men of the World’, donde Threlfall comparte cartel con John Simm. Casi nada.

Men of the World