lunes, 11 de mayo de 2015

Vis a vis. Vómito televisivo.

‘Se están poniendo de moda las series españolas’ es el mantra entre los críticos televisivos en este comienzo del 2015. Uno espera que tras esta afirmación haya una realidad que lo sustente y no puros intereses de las cadenas para promocionar productos que están muy lejos de lo que intentan vendernos. Pero eso ya está en que dudemos o no de la objetividad de quien está para contarnos si algo es bueno o no lo es. Y el porqué.  

Uno empieza a ver algunos pilotos de series españolas con la esperanza de que, de verdad, las cosas hayan cambiado y que ese sexto sentido que hace que estemos con la guardia puesta para que no nos la cuelen se relaje. Con Vis a vis prometo que fue así, pese a que el tráiler promocional obligatoriamente nos haga referenciar, aunque sea sólo estéticamente a Orange is the New Black. Serie norteamericana de relativo éxito, con tintes de humor negro y que nunca ha sido precisamente santo de mi devoción. Los norteamericanos usan para estos casos el término ‘overated’ (sobrevalorado), pero yo prefiero definirlo como una pastelada sin grandes pretensiones, con ínfulas de algo mucho más profundo y con la que me he aburrido bastante.

Sin embargo y afortunadamente para la plataforma Netflix mi opinión es minoritaria y a los ‘creadores’ de series patrios les llegó el eco de triunfo de las presas de los monos naranjas ¿Monos naranjas? Que buena idea, que impacto visual. Ya está el germen de la nueva joya de AtresMedia. De ahora en adelante intentaré razonar como supongo que lo hicieron la suma de creadores, guionistas y demás palmeros que perpetraron tamaña aberración. Y digo bien palmeros porque cuando quien decide esgrime ideas tan peregrinas sólo bajo ese concepto de aplaudir todo lo que diga el rey se pueden apoyar tantas barbaridades. Aunque el rey vaya desnudo y tenga que llegar un niño (o un borracho) a decirle que va haciendo el ridículo.
Laura Baena, la gitana que parece gitana más allá de un apellido. Me la creo y por tanto me gusta. 
A partir de aquí habrá algún spoiler, por lo que si alguien no ha visto aún la serie y quiere cometer tamaño desatino (cosa que desaconsejo fervientemente) debe dejar de leer.

Como escenario de esta ficción y para no caer en la cuenta de que las presas españolas no van precisamente de naranja las mentes pensantes trasladan la acción a una prisión privada. Que no existe, pero todo se andará, justifican ante sonoras carcajadas. En fin. 

La serie empieza con una metáfora tan obvia, tan ridícula que uno ya empieza a barruntar lo que le sigue. La protagonista que casualmente vive en un piso alto cuyo enorme ventanal da a la plaza de Callao, algo normalísimo, se apiada de un pobre canario vestido de amarillo (¿o es naranja?) encerrado en una jaula y lo deja volar alegremente por la Gran Vía madrileña. A partir de ahí una mezcla de imágenes donde la insulsa Macarena entra en prisión y las probables causas que la han llevado hasta ahí. La escena de desdoblamientos concluye con la protagonista hablando por teléfono con su madre y, para justificar su ausencia durante un tiempo esgrime (astutamente) un supuesto periplo en yate por el Mediterráneo por las Baleares, Cerdeña, incluso Corfú. Total, qué más da. 

Esta primera escena nos deja claras dos certezas: la menos obvia y menos importante es que María Salgueiro, la actriz que da vida a la madre de Macarena es mala hasta sin verla hacer gestos. Su voz es pura filfa y no la sirve de excusa la sarta de tonterías que está escuchando al otro lado de la línea. En otra escena de este piloto parece incluso que no puede contener la risa al hablar con Carlos Hipólito. Conozco vendedoras de castañas que aquí y ahora recitarían cualquier texto mejor que ella, con esa insufrible voz, impostada e irreal. La otra certeza, mucho más grave, es que Salgueiro parece Meryl Streep comparada con la protagonista, Maggie Civantos.

En todos los años que llevo viendo televisión en España, y soy de los que se iba a la cama con la familia Telerín, jamás he visto a nadie más incapacitada para ponerse en frente de una cámara. Todo en ella es absolutamente falso, increíble, absurdo. Acepto que los diálogos que la imponen no los salvaría ni la Hepburn y que durante todo el piloto uno sospecha de un grave retraso mental en la protagonista debido a las cosas que dice. Pero eso no la incapacita para mostrar algo, para quitarnos la horrible sensación de que estamos contemplando un cyborg especialmente tosco cada vez que vomita una frase. Es la suma de su vergonzosa actuación y un guión propio de niños de siete años lo que nos impide hacer zapping ante el cúmulo de arcadas producidas ¿Exagero? Muy bien. Un ejemplo. Macarena entra en su nueva celda y se presenta a sus compañeras penadas: ‘Hola, me llamo Macarena y soy nueva’. ‘Soy nueva’, sí. Sin comentarios.          
'Hola me llamo Macarena y soy nueva' Y el mejor guión 2015 es para... 
Pero tampoco sería justo cebarse con Maggie Civantos, cuyo único error ha sido creer a quien predijo que algún día tendría capacidad para ser actriz. Vis a Vis es un catálogo de tópicos y lugares comunes donde las ideas nuevas son un concepto imposible. Todo es cortado y copiado de algún sitio, como la malvada Zulema (que quizá algún día nos demos cuenta que no lo es tanto) quien juguetea con su mascota en la celda. Un escorpión. Normalísimo. WTF. Para dar vida a Zulema se eligió a Nawja Nimri. Y digo vida con cierto reparo porque la también cantante persevera en su costumbre de hablar en susurros. Esta mujer cree que los espectadores tenemos alma de sacerdotes confidentes a quienes nos encanta subir el volumen seis puntos cuando ella entra en escena.

Otro clásico de estos intentos de suspense es el personaje bueno con problemas de adaptación. Aquí este rol lo interpreta Roberto Enríquez (como Fabio) actor que no me entusiasma, pero que en medio de tanta ineptitud sobresale. Le reconozco, de propina, el hecho de que su voz sea un ejemplo de cómo debe sonar alguien que intenta transmitir a quien le está viendo. Muchos fallidos actores españoles podrían tomar nota. Su compañero en el arduo trabajo de vigilar el buen funcionamiento de la cárcel, Alberto Velasco (Palacios) podría ser uno de ellos, porque su actuación es tan pavorosa como la de otros compañeros de reparto. La sensación al verle y escucharle es la de estar frente a una actuación de final de curso escolar. Y particularmente mala. Otro presunto actor con el trabajo equivocado.
Palacios y Enríquez. Uno actuando y el otro no se sabe muy bien qué.
La coartada para no ser tachados de burda copia de Orange is the new black es el tono. Mientras que la producción americana es el día a día en una prisión, con un trasfondo más humano que nos plasma la vida carcelaria, Vis a vis es un thriller. Algo que, vista la alta capacidad de los guionistas está tirado de hacer. Porque en España las personas podemos no ser muchas cosas, pero cotillas somos un rato. Si Agroesfera terminase todos los días con un cliffhanger sus audiencias se multiplicarían asombrosamente. Ahí es donde el guión se lo curra. Un padre con un arma entre la caja de herramientas, un dinero escondido en alguna parte, una tarjeta de móvil enterrada en el huertecillo de las clases de jardinería. Que subidón. No puedo esperar al próximo capítulo.
María Isabel Díaz, una buena actriz en un proyecto equivocado
Lo mejor, ya en serio, de Vis a vis son las secuencias tipo documental donde las reas se expresan sobre cuestiones relacionadas con su vida entre rejas. Aquí Sole (María Isabel Díaz) o la presa gitana, no la patética Alba Flores, sino Laura Baena, se muestran aún más reales que en sus papeles. Y es que hasta un reloj estropeado marca bien la hora dos veces al día. Pero eso no quita que ambas sean buenas actrices encerradas en un desastre que ni les da la importancia que deberían tener, ni las merece.

Vis a Vis seguirá en antena porque la suma del qué ocurrirá de mercadillo, los desnudos en las duchas y la promoción hecha por lo que cobran por ello y los que no (o no deberían)  le da cuerda para continuar un tiempo. Al menos de momento no aparece el típico guaperas, muestra torsito gratuito, que confunde hablar con balbucear y que arrastraría fans adolescentes (y alguno/a más), tipo Mario Casas. A cambio está Berta Vázquez, la guapísima rizos, que es la novia del susodicho en la vida real y que al menos destila frescura y naturalidad. Salimos ganando.

Mientras tanto yo intentaré olvidar la escena en que Macarena intenta colar antipiojos y gingseng en la cárcel, aunque total no pasa nada, porque todo es un error y en breve ella estará fuera. Que AtresMedia venda esto como la pera limonera es lógico, porque es su obligación. Que lo alaben personas que cobran por hacer crítica televisiva y que, se supone, han visto suficientes series como para saber de qué va esto no es falta de criterio. Es falta de vergüenza.     
Carlos Hipólito acordándose del director de casting. Hasta trancas y barrancas son más expresivos.