‘Se están poniendo de moda las series españolas’ es
el mantra entre los críticos televisivos en este comienzo del 2015. Uno espera
que tras esta afirmación haya una realidad que lo sustente y no puros intereses
de las cadenas para promocionar productos que están muy lejos de lo que
intentan vendernos. Pero eso ya está en que dudemos o no de la objetividad de
quien está para contarnos si algo es bueno o no lo es. Y el porqué.
Uno empieza a ver algunos pilotos de series españolas con la esperanza
de que, de verdad, las cosas hayan cambiado y que ese sexto sentido que hace
que estemos con la guardia puesta para que no nos la cuelen se relaje. Con Vis
a vis prometo que fue así, pese a que el tráiler promocional obligatoriamente
nos haga referenciar, aunque sea sólo estéticamente a Orange is the New
Black. Serie norteamericana de relativo éxito, con tintes de humor negro y que
nunca ha sido precisamente santo de mi devoción. Los norteamericanos usan para
estos casos el término ‘overated’ (sobrevalorado), pero yo prefiero definirlo
como una pastelada sin grandes pretensiones, con ínfulas de algo mucho más
profundo y con la que me he aburrido bastante.
Sin embargo y afortunadamente para la plataforma
Netflix mi opinión es minoritaria y a los ‘creadores’ de series patrios les
llegó el eco de triunfo de las presas de los monos naranjas ¿Monos naranjas?
Que buena idea, que impacto visual. Ya está el germen de la nueva joya de
AtresMedia. De ahora en adelante intentaré razonar como supongo que lo hicieron
la suma de creadores, guionistas y demás palmeros que
perpetraron tamaña aberración. Y digo bien palmeros porque cuando quien
decide esgrime ideas tan peregrinas sólo
bajo ese concepto de aplaudir todo lo que diga el rey se pueden apoyar tantas
barbaridades. Aunque el rey vaya desnudo y tenga que llegar un niño (o un
borracho) a decirle que va haciendo el ridículo.
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| Laura Baena, la gitana que parece gitana más allá de un apellido. Me la creo y por tanto me gusta. |
Como escenario de esta ficción y para no caer en la
cuenta de que las presas españolas no van precisamente de naranja las mentes
pensantes trasladan la acción a una prisión privada. Que no existe, pero todo
se andará, justifican ante sonoras carcajadas. En fin.
La serie empieza con una metáfora tan obvia, tan
ridícula que uno ya empieza a barruntar lo que le sigue. La protagonista que
casualmente vive en un piso alto cuyo enorme ventanal da a la plaza de Callao,
algo normalísimo, se apiada de un pobre canario vestido de amarillo (¿o es
naranja?) encerrado en una jaula y lo deja volar alegremente por la Gran Vía
madrileña. A partir de ahí una mezcla de imágenes donde la insulsa Macarena
entra en prisión y las probables causas que la han llevado hasta ahí. La escena
de desdoblamientos concluye con la protagonista hablando por teléfono con su
madre y, para justificar su ausencia durante un tiempo esgrime (astutamente) un
supuesto periplo en yate por el Mediterráneo por las Baleares, Cerdeña, incluso
Corfú. Total, qué más da.
Esta primera escena nos deja claras dos certezas: la
menos obvia y menos importante es que María Salgueiro, la actriz que da vida a
la madre de Macarena es mala hasta sin verla hacer gestos. Su voz es pura filfa
y no la sirve de excusa la sarta de tonterías que está escuchando al otro lado
de la línea. En otra escena de este piloto parece incluso que no puede contener
la risa al hablar con Carlos Hipólito. Conozco vendedoras de castañas que aquí
y ahora recitarían cualquier texto mejor que ella, con esa insufrible voz,
impostada e irreal. La otra certeza, mucho más grave, es que Salgueiro parece
Meryl Streep comparada con la protagonista, Maggie Civantos.
En todos los años que llevo viendo televisión en
España, y soy de los que se iba a la cama con la familia Telerín, jamás he
visto a nadie más incapacitada para ponerse en frente de una cámara. Todo en
ella es absolutamente falso, increíble, absurdo. Acepto que los diálogos que la
imponen no los salvaría ni la Hepburn y que durante todo el piloto uno sospecha
de un grave retraso mental en la protagonista debido a las cosas que dice. Pero
eso no la incapacita para mostrar algo, para quitarnos la horrible sensación de
que estamos contemplando un cyborg especialmente tosco cada vez que vomita una frase. Es la suma de su
vergonzosa actuación y un guión propio de niños de siete años lo que nos impide
hacer zapping ante el cúmulo de arcadas producidas ¿Exagero? Muy bien. Un
ejemplo. Macarena entra en su nueva celda y se presenta a sus compañeras
penadas: ‘Hola, me llamo Macarena y soy nueva’. ‘Soy nueva’, sí. Sin
comentarios.
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| 'Hola me llamo Macarena y soy nueva' Y el mejor guión 2015 es para... |
Otro clásico de estos intentos de suspense es el personaje bueno con problemas de adaptación. Aquí este rol lo interpreta Roberto
Enríquez (como Fabio) actor que no me entusiasma, pero que en medio de tanta
ineptitud sobresale. Le reconozco, de propina, el hecho de que su voz sea un
ejemplo de cómo debe sonar alguien que intenta transmitir a quien le está
viendo. Muchos fallidos actores españoles podrían tomar
nota. Su compañero en el arduo trabajo de vigilar el buen funcionamiento de la
cárcel, Alberto Velasco (Palacios) podría ser uno de ellos, porque su actuación
es tan pavorosa como la de otros compañeros de reparto. La sensación al verle y escucharle es la de estar frente a una actuación de final de curso escolar. Y particularmente mala. Otro presunto actor con el
trabajo equivocado.
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| Palacios y Enríquez. Uno actuando y el otro no se sabe muy bien qué. |
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| María Isabel Díaz, una buena actriz en un proyecto equivocado |
Vis a Vis seguirá en antena porque la suma del qué
ocurrirá de mercadillo, los desnudos en las duchas y la promoción hecha por lo
que cobran por ello y los que no (o no deberían) le da cuerda para continuar un tiempo. Al
menos de momento no aparece el típico guaperas, muestra torsito gratuito, que
confunde hablar con balbucear y que arrastraría fans adolescentes (y alguno/a
más), tipo Mario Casas. A cambio está Berta Vázquez, la guapísima rizos, que es
la novia del susodicho en la vida real y que al menos destila frescura y
naturalidad. Salimos ganando.
Mientras tanto yo intentaré olvidar la escena en que
Macarena intenta colar antipiojos y gingseng en la cárcel, aunque total no pasa
nada, porque todo es un error y en breve ella estará fuera. Que AtresMedia
venda esto como la pera limonera es lógico, porque es su obligación. Que
lo alaben personas que cobran por hacer crítica televisiva y que, se supone,
han visto suficientes series como para saber de qué va esto no es falta de
criterio. Es falta de vergüenza.
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| Carlos Hipólito acordándose del director de casting. Hasta trancas y barrancas son más expresivos. |





