Antes de empezar a leer aviso que este post está
lleno de spoilers correspondientes a la cuarta temporada de Homeland. Así que
si no la has visto completa deja de leer y espera a hacerlo porque si no te vas
a acordar de mis parientes más cercanos, los cuales además de no tener culpa tampoco
la han visto. Por si acaso: ATENCIÓN SPOILERS!!!
Mi espíritu controvertido ya aupó la tercera
temporada de la serie de Showtime como la mejor. Más acción, más exteriores y
menos triángulos amorosos estúpidos. Me molesta muchísimo cuando supuestamente
estás viendo una trama policíaca, de espionaje o política y en medio aparece
una simplona historia de amor. Ese componente bucólico es un aderezo extraño, de otra comida. Aparte
de que no interesa desenfoca el centro de atención y al final simplemente es un
recurso fácil de unos guionistas especialmente perezosos.
Además la tercera temporada incluyó la muerte de uno
de sus protagonistas, situación ésta que siempre da sensación al unísono de
realismo y conmoción, características exigibles a un drama de este tipo. Algo
no debe funcionar en Showtime con esta serie cuando en la cuarta temporada han
amagado con resucitar lo irresucitable. Esto no me hubiese extrañado del todo, viendo
las persistentes ganas de convertir una serie política en un culebrón, pero me
hubiera obligado rápidamente a renunciar seguir viendo semejante bazofia.
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| Reunión bilateral Pakistán-EEUU |
Porque los primeros capítulos, donde Carrie Mathison
intenta seducir al joven pakistaní y para ello su argucia es fingir aflicción
frente a su propio pasado, son de vergüenza ajena. Esas diez muecas por segundo,
para mostrar una inquietud interior que empatizase con el futuro doctor son un
ejercicio de sobreactuación extrema que superan incluso a Estela Reynolds en La
que se avecina.
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| Esta cara ¿de qué es? Por Dios, esta mujer es la reina de las muecas imposibles |
Lo peor de todo es que no se puede decir que no haya
alternativas sin salir de casa. Saul Berenson (Mandy Patinkin) sigue regalando
una actuación notable en cada escena. El distante e hipnótico Quinn (Rupert
Friend) se haría el amo del cotarro a nada que le dejasen. Este chico tiene,
indudablemente, el factor X. La taimada Tasneem (la hindú Nimrat Kaur) se come
con patatas a Carrie en su papel de némesis pakistaní de inteligencia. Martha
Boyd (Laila Robins) es una dignísima embajadora, incluso cuando debe elegir
entre su deber y su marido, Mark Moses (el ‘Duck’ Phillips de Mad Men), que
tampoco está mal. Aasar Khan (el británico Raza Jaffrey) también hace una
actuación sobresaliente, que suma credibilidad en esta desigual cuarta
temporada.
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| Tasneem, vehículo de lujo actoral para la hindú Nimrat Kaur |
Homeland, a través de su protagonista, sigue adoleciendo
de credibilidad en ciertos detalles. Obvio el ridículo ejercicio de fe que
supone creer que alguien con esos problemas mentales pueda ostentar esos cargos
de responsabilidad en la CIA. Pero su facilidad para obtener lo que quiere
(como el mando en la base de Islamabad), lo escéptico que es su mimetismo entre
la población árabe (a pesar de esa larga melena rubia), el cómo se pone en riesgo
continuamente (y que se lo permitan), etc. Creo que la escena final de Homeland será una discusión
entre el Presidente y ella, con el primero claudicando ante la incontenible determinación
de la voluntariosa Carrie. En fin.
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| Seducción para idiotas: 1. Sin remordimientos. 2. Contacto físico. 3. Contacto visual. 4. Fingir cuatro cosas a la vez |
Que tres capítulos más tarde de la magnífica escena
del intercambio de prisioneros en las afueras de Islambad hayamos desembocado
en un intrascendente beso es una tomadura de pelo. La fallida y chapucera
genialidad de ver, en la última escena, a una ofendida Carrie que se marcha al
descubrir la complicidad entre Saul y Dar Adal, con paso de penn drive
comprometido mediante, es demasiado poco (poquísimo) y demasiado extraño. Lo
dicho, los guionistas de vacaciones después del capítulo nueve y las ideas
fluyendo del becario robado a la revista Cosmopolitan. Menudo fiasco.





