martes, 23 de diciembre de 2014

Homeland: la enésima decepción


Antes de empezar a leer aviso que este post está lleno de spoilers correspondientes a la cuarta temporada de Homeland. Así que si no la has visto completa deja de leer y espera a hacerlo porque si no te vas a acordar de mis parientes más cercanos, los cuales además de no tener culpa tampoco la han visto. Por si acaso: ATENCIÓN SPOILERS!!!

Mi espíritu controvertido ya aupó la tercera temporada de la serie de Showtime como la mejor. Más acción, más exteriores y menos triángulos amorosos estúpidos. Me molesta muchísimo cuando supuestamente estás viendo una trama policíaca, de espionaje o política y en medio aparece una simplona historia de amor. Ese componente bucólico es un aderezo extraño, de otra comida. Aparte de que no interesa desenfoca el centro de atención y al final simplemente es un recurso fácil de unos guionistas especialmente perezosos.

Además la tercera temporada incluyó la muerte de uno de sus protagonistas, situación ésta que siempre da sensación al unísono de realismo y conmoción, características exigibles a un drama de este tipo. Algo no debe funcionar en Showtime con esta serie cuando en la cuarta temporada han amagado con resucitar lo irresucitable. Esto no me hubiese extrañado del todo, viendo las persistentes ganas de convertir una serie política en un culebrón, pero me hubiera obligado rápidamente a renunciar seguir viendo semejante bazofia.
Reunión bilateral Pakistán-EEUU
Al final no se llegó a tanto, pero la sensación de vacío es mayor al final de esta última temporada cuando en la misma hemos asistido a capítulos con una tensión dramática admirable. El noveno, en concreto, titulado There’s something else going on (‘Algo más está pasando’) fue el mejor capítulo de Homeland en sus cuatro temporadas. Con esa tensión en el aire de que algo no iba bien, pero el espectador no tiene ni idea de qué es. Eso sí es un buen thriller político. Si hasta la visión de la multigestual Claire Danes no resultaba tan embarazosa como otras veces.

Porque los primeros capítulos, donde Carrie Mathison intenta seducir al joven pakistaní y para ello su argucia es fingir aflicción frente a su propio pasado, son de vergüenza ajena. Esas diez muecas por segundo, para mostrar una inquietud interior que empatizase con el futuro doctor son un ejercicio de sobreactuación extrema que superan incluso a Estela Reynolds en La que se avecina.
Esta cara ¿de qué es? Por Dios, esta mujer es la reina de las muecas imposibles
Lo peor de todo es que no se puede decir que no haya alternativas sin salir de casa. Saul Berenson (Mandy Patinkin) sigue regalando una actuación notable en cada escena. El distante e hipnótico Quinn (Rupert Friend) se haría el amo del cotarro a nada que le dejasen. Este chico tiene, indudablemente, el factor X. La taimada Tasneem (la hindú Nimrat Kaur) se come con patatas a Carrie en su papel de némesis pakistaní de inteligencia. Martha Boyd (Laila Robins) es una dignísima embajadora, incluso cuando debe elegir entre su deber y su marido, Mark Moses (el ‘Duck’ Phillips de Mad Men), que tampoco está mal. Aasar Khan (el británico Raza Jaffrey) también hace una actuación sobresaliente, que suma credibilidad en esta desigual cuarta temporada.   
Tasneem, vehículo de lujo actoral para la hindú Nimrat Kaur
Pero a pesar de todos estos mimbres, de unos exteriores soberbios, de un villano espléndido como Haissam Haqqani, el turco Numan Acar (se me olvidaba) y de una inestabilidad manifiesta en Pakistán que tiene réplica con la actualidad, la trama se desinfla como un globo viejo en los tres últimos capítulos ¿Falta de ideas? Tiene toda la pinta. Al final una vuelta a casa, con un oportuno y póstumo homenaje a James Rebhorn (el padre de Carrie), que sirve de excusa para volver al punto de partida y ofrecernos una incipiente historia de amor entre Quinn y Carrie, tan metida con calzador como predecible, viendo la fe que tienen en SHO en el sex appeal de Claire Danes. No salgo de mi asombro.

Homeland, a través de su protagonista, sigue adoleciendo de credibilidad en ciertos detalles. Obvio el ridículo ejercicio de fe que supone creer que alguien con esos problemas mentales pueda ostentar esos cargos de responsabilidad en la CIA. Pero su facilidad para obtener lo que quiere (como el mando en la base de Islamabad), lo escéptico que es su mimetismo entre la población árabe (a pesar de esa larga melena rubia), el cómo se pone en riesgo continuamente (y que se lo permitan), etc. Creo que la escena final de Homeland será una discusión entre el Presidente y ella, con el primero claudicando ante la incontenible determinación de la voluntariosa Carrie. En fin.    
Seducción para idiotas: 1. Sin remordimientos. 2. Contacto físico. 3. Contacto visual. 4. Fingir cuatro cosas a la vez 
Que tres capítulos más tarde de la magnífica escena del intercambio de prisioneros en las afueras de Islambad hayamos desembocado en un intrascendente beso es una tomadura de pelo. La fallida y chapucera genialidad de ver, en la última escena, a una ofendida Carrie que se marcha al descubrir la complicidad entre Saul y Dar Adal, con paso de penn drive comprometido mediante, es demasiado poco (poquísimo) y demasiado extraño. Lo dicho, los guionistas de vacaciones después del capítulo nueve y las ideas fluyendo del becario robado a la revista Cosmopolitan. Menudo fiasco.  
Estética casual bien. Intentar pasar desapercibida por las calles de Islamabad, mal.