jueves, 30 de enero de 2014

Top 13 del 2013


Con un mes de retraso llega mi lista de las mejores series del año terminado. Tentado he estado de hacer una lista sólo para productos británicos y otros norteamericanos, pero no sabría entonces qué hacer con los proyectos venidos de otros países. También he pensado separar comedia y drama, pero al final he decidido unificar ambas, aunque en ese caso las series de humor no tengan casi espacio en la lista definitiva. Eso es más reflejo de la falta de calidad que de aversión al género cómico. Nada nuevo bajo el sol. Y hace falta.
Por último señalar que esta es una lista totalmente subjetiva y que está confeccionada en base a lo que he visto. Entendiéndose entonces que nadie es capaz de ver todo lo que se emite en televisión, ya sea en abierto o de pago y que para gustos colores.

1. Mad Men; quienes dicen que la serie de los publicistas de Madison Avenue les aburre no deben ver la misma serie que yo. Esta maravilla de AMC sigue, en su sexta temporada, asombrándome y emocionándome por igual. Que planos, que estética, que desarrollo tan interesante, que personajes más ricos. El inconformismo existencial, tan inherente al ser humano es la base en la que se sustenta. Esos recovecos emocionales donde subyacen carencias, sueños y frustraciones. Una maravilla. El último plano de la temporada es sublime. Y sí, es sólo una escena, pero a mí me dejó acongojado.   
Don y Sally Draper
2. Breaking Bad; una última tanda de ocho capítulos excelsa donde, por el contrario, el último no fue el mejor, pero que en su conjunto pusieron el broche a una historia fantástica. El personaje de Walter White ya es inmortal y Vince Gilligan un maestro consagrado. Sólo queda esperar si se materializa (que parece que sí) el spin off ‘Better Call Saul’ para llenar el enorme vacío que nos ha dejado.

3. Juego de Tronos; ha sido EL capítulo del año. Ese giro argumental que nadie (que no haya leído los libros, como yo) espera en una trama. Una conmoción de tal calibre que hay multitud de vídeos en You Tube grabando las reacciones del público en directo. Para que luego digan que la televisión no emociona. Más allá de dicho episodio una tercera temporada en formato ‘road movie’, donde hay muchos personajes yendo a algún sitio, pero bien hilvanada y con una historia cada vez más interesante.
¿Quién es tu favorito?
4. Ray Donovan; la novedad del año y eso que Showtime la vendía como el relevo de 'Dexter'. Palabras mayores. Pero Ray Donovan nos ha dejado un regalo para los sentidos, con temática transversal, unas interpretaciones sobresalientes y una factura soberbia. Además de recuperar  para la causa a Jon Voight, cuyo duelo interpretativo con Liev Schreiber ha sido, sin duda,  de lo mejor del año.

5. Boardwalk Empire; ninguneada por algunos gurús de la televisión, la cuarta temporada de la serie de Atlantic City no ha defraudado a sus seguidores, confirmando el ritmo ascendente que tomó tras una primera temporada algo densa. Quizá la temática gánster la perjudique, pero somos legión los que esperamos ávidos más asuntos turbios de Nucky Thompson.
Atlantic City, años 30
6. House of Cards; ya que Kevin Spacey se iba a convertir en la enésima estrella de Hollywood que se pasaba a la pequeña pantalla lo quería hacer a lo grande. En una historia ambiciosa, mordaz, profunda. Y donde todo girase alrededor de él. Siendo otra fiel representación de lo que la política es, la plataforma Neftlix quería dar un paso más y mostrar la ferocidad del poder en toda su crudeza. Los medios, los fines y la inagotable ambición. Todo se puede resumir con una frase del protagonista, Frank Underwood: ‘El dinero es la mansión de Sarasota que empieza a derrumbarse en diez años. El poder es el viejo edificio de piedra que se sostiene durante siglos. No puedo respetar a quien no vea la diferencia’.

7. What Remains; lo bueno si breve dos veces bueno. Sí, ya sé que el modelo de temporadas cortas con capítulos largos es santo y seña de las producciones televisivas británicas, pero en este caso es un máster acelerado de cómo hacer que la expectación sea máxima en únicamente cuatro episodios. Un policía recién jubilado, David Threlfall (papelón) investiga por su cuenta la muerte de una mujer en un bloque de pisos, cuando la policía ya ha cerrado el caso. Su obstinación le permite irse abriendo camino en los detalles del caso, mientras va conociendo unos vecinos que nunca son lo que parecen.  
David Threlfall
8. Top of the Lake; Jan Campion intenta bucear en el alma humana para llegar a la conclusión que la maldad no tiene límites. En medio del paisaje onírico neozelandés donde se desarrolla la trama, Elisabeth Moss (Peggy Olson en ‘Mad Men’) investiga la desaparición de una niña, en la que fue la tierra donde creció. Allí se van mezclando recuerdos que creía enterrados y que marchan en paralelo con el ambiente sombrío de la gente. A su vez, se establece junto a un lago un campamento de mujeres que huyen de las vidas miserables a las que les han condenado sus hombres. Todo ello bajo el amparo de una Holly Hunter convertida en gurú. Historia muy dura y con un trasfondo poético.   
9. The Big Bang Theory; que esté en esta lista es mérito propio, pero también demérito del resto de comedias (nuevas o veteranas) que no dan el nivel. Hace mucho que ‘Modern Family’ se ha hecho insufrible, el regreso de ‘Arrested Development’, ‘Community’ o ‘Parks and Recreation’ ha sido más frío del que se esperaba y ’30 Rock’ nos dejó a comienzos de año. ‘New Girl’ hace que sigamos odiando la noñez de Zooey deschanel, ‘Two Broke Girls’ ha perdido fuerza, a ‘Broolyn Nine Nine’ sigo sin cogerle la gracia, ‘Veep’ es graciosa, sin más y ‘The Mindy Project’ no la he visto aún, pero las críticas no son muy halagüeñas.  Así que el bueno del Dr. Cooper y su cuadrilla no tienen competencia. Y encima contemplamos una majestusosa Mayim Bialik que no deja de crecer en su papel de Amy Farrah Fowler.  

10. 'The Americans; la conciliación laboral/familiar tiene un sentido nuevo para mí tras ver cómo se las apaña el matrimonio Jennings para mantener a flote la familia y a la vez servir a la madre Rusia en territorio norteamericano durante los años ochenta. El trasfondo de la Guerra Fría y la época Reagan está perfectamente entrelazado con la relación de pareja entre los protagonistas, en esta historia de espías. Todo ello va conformando un contexto, donde las pausas y el tempo dan lugar a una serie brillante, aunque tenga unos primeros capítulos algo espesos. La vi casi obligado y ahora me alegro de haberlo hecho. No digo más.  

11. Vikings; con sólo las letras de crédito, con la canción ‘If I had a heart’ de Fever Ray, ya dan ganas de verla. Si además la némesis del protagonista es Gabriel Byrne ya no hay excusas para no hacerlo. ‘Vikings’ de ‘History Channel’ cuenta la historia de Ragnar Lothbrok que abrió las rutas del este, en búsqueda de riquezas a golpe de espada. La serie suple algunas carencias técnicas con una fotografía brillante, unas actuaciones dignas y una buena trama. Muy buen estreno.  
Travis Fimmel como Ragnar Lothbrok
12. Unsere Mütter, Unsere Väter; una dura, profunda y honesta mirada de los alemanes a su pasado, a través de la historia de cinco amigos, que comienza unos meses antes del inicio de la Segunda  Guerra Mundial. Emitida en España por Canal +  con el desafortunado ‘Hijos del Tercer Reich’. Más que nada porque este título parece resumir lo que ocurre y no es así. Hay errores compartidos, otros fruto de las inquietudes y ambiciones de cada uno y los más terribles nacidos del propio horror de una guerra. En ningún momento sirve para pedir perdón o maniqueísmos parecidos, sino para explicar cómo pudo suceder. Hay corrientes que son más fuertes que la suma de individuos. Terriblemente valiente.     

13. Dates; la premisa es fácil. Dos desconocidos tienen su primera cita y a través de la misma el espectador contempla las diferentes estrategias que se utilizan para presentarse ante los demás.  El miedo a qué se encontrarán, la presión de una primera buena impresión, el saber cuánto de uno mismo se ha de mostrar y en ese punto, cuánto hay de real y cuánto de idealizado. Las parejas durante estos primeros nueve capítulos de los que consta esta primera temporada casi nunca repiten. Personalmente me quedo con el personaje de Ben Chaplin, que presenta una espléndida madurez interpretativa, alejada ya de aquellas comedias románticas donde se encasilló.  Episodios que se ven bien, son amenos y nos permiten calcular cuánto hay de nosotros mismo en cada uno de los personajes.
Ben y la madrileña Oona Chaplin (y no son familia)
Soy consciente de que hay ausencias notables: una tercera temporada de ‘Homeland‘ que evidencia mejoras, ‘The Escape Artist’, protagonizada por David Tennat, al igual que la inquietante ‘Broadchruch’,una ‘The Good Wife’ que sigue creciendo, ‘Peaky Blinders’ (casi casi entró), ‘The Fall’ con Gillian Anderson y Jamie Dornan (el próximo protagonista de ‘50 sombras de Grey’), el cómic violento que es ‘Utopia, la segunda temporada de una siempre impactante ‘Black Mirror’, una menospreciada por crítica y público ’Person of Interest’, ‘Girls’, floja en su segunda temporada, etc. No cabían todas, pero las trece que he seleccionado merecen la pena verlas.



martes, 21 de enero de 2014

Masters of Sex: pioneros del punto G


La verdad es que uno tiende a pensar lo contrario de cómo lo hace todo el mundo, aunque sea por espíritu de contradicción o por aceptar de antemano la premisa de que la mayoría raras veces tiene la razón. Por eso y quizá porque he dejado pasar un tiempo para ver la primera temporada de ‘Masters of Sex’, el previo y unánime aplauso de crítica y público acrecentó mi recelo sobre la serie de Showtime. Esta narra la vida del Doctor Masters y su ayudante Virginia Johnson como pioneros en el estudio del sexo, desde un punto de vista biológico. 

El primer acercamiento a la serie lo tuve en el último Festival de Series de Canal +, donde aproveché un intermedio para acercarme al stand que (hábilmente) el FNAC había colocado en la entrada. Allí estaba el libro de Thomas Maier, con la frase ‘la pareja que enseño a Estados Unidos cómo amar’. Toma ya. Sin pretensiones. Además había varios libros sobre ‘Juegos de Tronos’, otros sobre ‘Perdidos’ (sí, aún) y uno colorido titulado 'Bazinga', que era una especie de guía friki de ‘The Bing Bang Theory’. Adivinar cuál me llevé a casa. Sí, este último.
Este se vende él solo...  
Sirva el anterior párrafo para sumar una reticencia más al producto televisivo en cuestión, aunque fuese a través de las ínfulas del libro. Y tras ello me lancé a verlo. ‘Masters of Sex’ comienza errático, sin una idea clara, más allá de que estamos en la génesis de una investigación revolucionaria en materia de sexo. En un contexto social e histórico aún sin preparar para ello y que nace tanto de la inquietud científica del Doctor Masters como de su soberbia personal, que culmina en inequívoca determinación en llevarlo a cabo. Mitad y mitad. Y cueste lo que cueste.
...pero yo me llevé el de al lado
Como defensa ante las posibles críticas mojigatas a su innovador estudio el ginecólogo recuerda sus años de servicio en maternidad. La multitud de niños que ha traído al mundo y no siempre en situaciones fáciles. Esto tiene explicación porque los atribulados, incluso a veces desesperados, padres pusieron en manos del arrogante Doctor la vida de sus pequeños y éste mostró su eficacia, lo que se transformó en gran cantidad de donaciones al hospital. La institución, por tanto, le debe una bien grande.

Al principio William Masters se apoya en su jefe directo y a la vez mentor, Barton Scully (un Beau Bridges genial) para comenzar el estudio y ante las lógicas reticencias de éste, decide realizar sus primeros experimentos de noche, con prostitutas y siempre escamoteando información. Esto le lleva a un callejón sin salida, porque las meretrices no terminan de confiar en el Doctor, al que atribuyen algún tipo de obsesión no realizada, restando credibilidad a los resultados obtenidos. Aquí emerge la figura de su nueva secretaria, Virginia Johnson, quien aplica psicología y tacto para llegar allí donde la tosquedad de Masters no alcanza. Y hasta aquí puedo leer respecto al argumento. Quien quiera saber más que la vea, porque me voy a centrar en otras cuestiones no menos importantes, como criticar algunas cosas que no me cuadran del todo, con lo que es posible que revele algunos datos que no conviene que sepan aquellos que aún no han visto la serie.  Activada la alerta spoiler (¡¡¡), allá voy.
Virginia documentándose
Por un lado, la manera de convencer a los voluntarios para los experimentos se me antoja demasiado simple, sobretodo en el caso de las mujeres. Es entendible entre hombres solteros y hombres casados (e indefectiblemente infieles) de la época que la posibilidad de intimar con  mujeres, aunque sea en medio de una maraña de cables, se puede antojar atractiva. ¿Pero ellas? Y esto no es una observación sexista, sino una simple constatación de la moral de la época. No termina de convencerme el argumento que se da en la trama, de que una mezcla de ingenuidad y amor a la ciencia las persuade para hacerlo. Creo que en esta parte se saltan varios obstáculos de golpe para aligerar la historia, pero me parecen necesarios para comprender las pretensiones de cada uno.
Tensión sexual 
El personaje de la señora Masters (Libby), a quien da vida Caitlin FitzGerald se antoja incoherente. Por una parte, se revela como una mujer perspicaz y decidida, que entiende exactamente las carencias y defectos de su marido, pero la paradoja surge cuando no ve ni de lejos los lazos que se establecen entre William y Virginia. Algo tan obvio y fácil de sospechar se le escapa. De hecho, la madre de Bill necesita un rato en la oficina de su hijo para percatarse de tal atracción, incluso le persuade sobre ello. Pero Libby prefiere hacerse amiga de Virginia allí donde cualquier mujer estaría afilándose las uñas ¿me equivoco? 
In your face, Libby
El Doctor Ethan Haas es un personaje importante en la historia, pero el actor que le da vida, Nicholas D’Agosto, se me antoja poco idóneo para el papel, quizá por su extrema juventud o por una candidez mal disimulada que sólo tiene sentido en los últimos capítulos. El actor no hace una mala interpretación, au contraire, pero sí que el papel, pese a que soy consciente de que debe ser un doctor joven, se sustentaría mejor en otros hombros.  
El Doctor Haas con los hijos de Virginia
Por último, pese a realizar su estudio en horas nocturnas echo de menos algo más de hermetismo en su ejecución, habida cuenta del escándalo que supone el mismo y que un posible chivatazo puede dar al traste con toda la investigación, antes, incluso, de hacerse pública. Creo que el status del Doctor Masters no da para tanto.

Como punto positivo me han gustado mucho los personajes, así como las interpretaciones, del matrimonio Scully, tanto Margaret (soberbia Allison Janney, a la que recordamos de ‘El Ala Oeste de la Casa Blanca), como el ya mencionado Beau Bridges. Ayudan, además, a completar el retrato de una sociedad que está cambiando y lo hacen con el punto exacto de osadía y sensibilidad.
Los 'felices' Scully
Capítulo aparte merece también Lizzy Caplan, como Virginia Johnson. Una mujer en muchas cuestiones adelantada para su época, pero que intercala las precisas pausas y dudas para medir, dentro de lo posible, el alcance de sus actos.  Esto le da credibilidad al personaje, que es tanto como  dar sentido a la mitad de la historia. Virginia se convierte en la encrucijada de pasiones, desafectos y celos. A través de ella las cosas suceden y los demás personajes giran. Gran elección, por tanto, la de la ex-pareja (cotilleo) de Matthew Perry, nuestro Chandler Bing de ‘Friends’.
Perry y Caplan
Dejo para lo último al otro protagonista, el galés Michael Sheen, que encarna a William Masters. Personalmente no me ha llegado su personaje y contra esta opinión totalmente subjetiva se podría argumentar que su alter ego no es precisamente alguien que, más allá de su talento, se haga querer. Pero el cine y la televisión están llenos de ejemplos de personajes taciturnos y antipáticos que, sin embargo, sí consiguen llegar al gran público, aunque sea porque se adivina una capa de humanidad bajo la fría máscara. Con Sheen eso no me pasa y eso que tiene momentos en que se nos delata más sensible, pero no hay manera.
Michael Sheen como William Masters
Por cierto, estupendo cliffhanger al final de esta primera temporada ¿Qué sucederá tras la súbita confesión del Doctor Masters en la última escena? Se admiten apuestas para la segunda temporada de este drama que, si bien se deja ver, tendrá que pulir algunos defectos si quiere entrar en mi top ten de favoritos del 2014. En el de 2013 no lo está. En breve haré un post con mis elegidas.         
 
To be continued...



sábado, 4 de enero de 2014

Pues ahora sí me gusta ‘Homeland’


Parece que me empecino en ir contracorriente y ser el verso libre, pero no puedo evitar estar en desacuerdo con la mayoría de la gente, que piensan que ‘Homeland’ ha perdido todo el crédito en esta tercera temporada.
Y discrepo al igual que lo hice cuando todo el mundo ensalzaba la serie de Showtime en su primera temporada, como si nos encontrásemos ante algo nuevo o si el guión fuese algo primoroso. Tanto fue el hype que incluso columnistas que no hablan nunca de televisión y personajes públicos ajenos a la pequeña pantalla se declararon fans de la serie. Allí fue donde me quedó claro que ‘Homeland’ era la serie con la que alucinaban aquellos que, normalmente, no ven series.
Intentaré analizar 'Homeland', temporada a temporada, sin desgranar demasiado la historia, aunque si no has visto las tres entregas estás a tiempo de dejar de leer.

La verdad es que la primera escena, con el condenado a muerte susurrándole a Carrie Mathison información al oído está pensada para enganchar al más reacio. Pero el error de esta primera temporada subyace en que la trama carece de un esquema general previo por el que guiarse. Las escenas de celos entre el señor y la señora Brody, las muecas y gestos exagerados de Claire Danes y las escenitas de amor/tensión entre los protagonistas terminaron por desquiciarme y sólo aguantó mi reconocimiento al enorme trabajo de Mandy Patinkin como Saul Berenson.
Dana (Morgan Saylor). La parte más emotiva de Homeland
La segunda temporada, a mi juicio, mejoró. El cliffhanger tremendo que unía ambas partes nos descolocaba un poco y eso, dentro de un producto que empezaba a ser predecible, se agradeció. Persistió, no obstante, en algunos errores de la primera entrega, como fue concederle a Morena Baccarin más planos de los que se merece (véase: ninguno), la lógica de la CIA de pensar: ‘vaya tenemos un problema enorme. Lo mejor es que nos ayude esta ex -agente absolutamente inestable’ y de nuevo el catálogo gestual de Carrie. Por el contrario, sumo algunas cosas positivas. El capítulo ‘Q & A’ es prácticamente perfecto y obliga al actor Damian Lewis a dar lo mejor de sí mismo. Algo que descubro es bastante más de lo que esperaba.  También hay más escenas de exteriores, más allá de la casa de los Brody, oficinas de la CIA que parecen centros comerciales  y cabañas perdidas en el bosque. Y por último, la irrupción paulatina de un nuevo personaje, Peter Quinn (Rupert Friend), que consigue que el triángulo exasperante Nicholas-Carrie-Jessica sea menos importante. Los giros finales hacen que remonte en sus capítulos finales y mejore, ostensiblemente, una primera temporada demasiado plana.  
Rupert Fiend y el veterano F. Murray Abraham
La tercera temporada empieza, para mi sorpresa, alejada de la trama dual que me esperaba, donde por un lado Carrie busque respuestas y por otra Nicholas esté metido de lleno en un runaway de manual. Saul empieza a tener más relevancia, el lado político se hace notar aún más y los equilibrios de poder de Langley consiguen que la historia sea más atractiva . Además, el trabajo de campo se describe de una manera más adecuada, tanto que por momentos me hace recordar mi añorada ‘Rubicon’ y sus analistas de información estresados.  El personaje de Quinn reclama más espacio, algo que se agradece (me gustaría verle en un papel protagonista) y hay varios momentos donde, la expectación ante posibles giros de guión, los buscados silencios y la destreza en los planos nos hace ver que estamos ante una serie mucho mayor.  
Mandy Patinkin, como Saul Berenson
Como ocurrió en la segunda temporada, las escenas de exterior aumentan, la señora Brody pierde importancia y, aunque lo gane su hija Dana, no parece tan tedioso y explica en parte las consecuencias que tiene para los demás los actos (o no) de su padre, por mucho que tengamos la sensación de que esta subtrama es de relleno y que nos distrae de lo esencial. Además tenemos más de F. Murray Abraham. Eso que ganamos.  
Si, son escenas más técnicas y más caras, pero me encantan
En definitiva una última entrega, esta tercera, donde sí parece que se haya trazado un camino previo por donde moverse y  donde lo bueno de la serie se optimiza, aunque nos deje la misma sensación que la primera temporada con su final. Que si termina ahí no pasa absolutamente nada.
En la cuarta temporada, ya programada para este 2014 recién comenzado, los guionistas tendrás que cambiar de nuevo de dirección si quieren despertar la curiosidad en el espectador. Un reconocimiento que al menos conmigo han merecido plenamente.   
Damian Lewis, creciendo como actor