sábado, 4 de enero de 2014

Pues ahora sí me gusta ‘Homeland’


Parece que me empecino en ir contracorriente y ser el verso libre, pero no puedo evitar estar en desacuerdo con la mayoría de la gente, que piensan que ‘Homeland’ ha perdido todo el crédito en esta tercera temporada.
Y discrepo al igual que lo hice cuando todo el mundo ensalzaba la serie de Showtime en su primera temporada, como si nos encontrásemos ante algo nuevo o si el guión fuese algo primoroso. Tanto fue el hype que incluso columnistas que no hablan nunca de televisión y personajes públicos ajenos a la pequeña pantalla se declararon fans de la serie. Allí fue donde me quedó claro que ‘Homeland’ era la serie con la que alucinaban aquellos que, normalmente, no ven series.
Intentaré analizar 'Homeland', temporada a temporada, sin desgranar demasiado la historia, aunque si no has visto las tres entregas estás a tiempo de dejar de leer.

La verdad es que la primera escena, con el condenado a muerte susurrándole a Carrie Mathison información al oído está pensada para enganchar al más reacio. Pero el error de esta primera temporada subyace en que la trama carece de un esquema general previo por el que guiarse. Las escenas de celos entre el señor y la señora Brody, las muecas y gestos exagerados de Claire Danes y las escenitas de amor/tensión entre los protagonistas terminaron por desquiciarme y sólo aguantó mi reconocimiento al enorme trabajo de Mandy Patinkin como Saul Berenson.
Dana (Morgan Saylor). La parte más emotiva de Homeland
La segunda temporada, a mi juicio, mejoró. El cliffhanger tremendo que unía ambas partes nos descolocaba un poco y eso, dentro de un producto que empezaba a ser predecible, se agradeció. Persistió, no obstante, en algunos errores de la primera entrega, como fue concederle a Morena Baccarin más planos de los que se merece (véase: ninguno), la lógica de la CIA de pensar: ‘vaya tenemos un problema enorme. Lo mejor es que nos ayude esta ex -agente absolutamente inestable’ y de nuevo el catálogo gestual de Carrie. Por el contrario, sumo algunas cosas positivas. El capítulo ‘Q & A’ es prácticamente perfecto y obliga al actor Damian Lewis a dar lo mejor de sí mismo. Algo que descubro es bastante más de lo que esperaba.  También hay más escenas de exteriores, más allá de la casa de los Brody, oficinas de la CIA que parecen centros comerciales  y cabañas perdidas en el bosque. Y por último, la irrupción paulatina de un nuevo personaje, Peter Quinn (Rupert Friend), que consigue que el triángulo exasperante Nicholas-Carrie-Jessica sea menos importante. Los giros finales hacen que remonte en sus capítulos finales y mejore, ostensiblemente, una primera temporada demasiado plana.  
Rupert Fiend y el veterano F. Murray Abraham
La tercera temporada empieza, para mi sorpresa, alejada de la trama dual que me esperaba, donde por un lado Carrie busque respuestas y por otra Nicholas esté metido de lleno en un runaway de manual. Saul empieza a tener más relevancia, el lado político se hace notar aún más y los equilibrios de poder de Langley consiguen que la historia sea más atractiva . Además, el trabajo de campo se describe de una manera más adecuada, tanto que por momentos me hace recordar mi añorada ‘Rubicon’ y sus analistas de información estresados.  El personaje de Quinn reclama más espacio, algo que se agradece (me gustaría verle en un papel protagonista) y hay varios momentos donde, la expectación ante posibles giros de guión, los buscados silencios y la destreza en los planos nos hace ver que estamos ante una serie mucho mayor.  
Mandy Patinkin, como Saul Berenson
Como ocurrió en la segunda temporada, las escenas de exterior aumentan, la señora Brody pierde importancia y, aunque lo gane su hija Dana, no parece tan tedioso y explica en parte las consecuencias que tiene para los demás los actos (o no) de su padre, por mucho que tengamos la sensación de que esta subtrama es de relleno y que nos distrae de lo esencial. Además tenemos más de F. Murray Abraham. Eso que ganamos.  
Si, son escenas más técnicas y más caras, pero me encantan
En definitiva una última entrega, esta tercera, donde sí parece que se haya trazado un camino previo por donde moverse y  donde lo bueno de la serie se optimiza, aunque nos deje la misma sensación que la primera temporada con su final. Que si termina ahí no pasa absolutamente nada.
En la cuarta temporada, ya programada para este 2014 recién comenzado, los guionistas tendrás que cambiar de nuevo de dirección si quieren despertar la curiosidad en el espectador. Un reconocimiento que al menos conmigo han merecido plenamente.   
Damian Lewis, creciendo como actor


    

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