Lo peor que le puede pasar a una ficción es que el
espectador no tenga claro qué está viendo. Eso precisamente es lo que le ocurre
a Allegiance. Una historia de espías donde en los primeros minutos hay un
asesinato bastante explícito no puede mutar por momentos en una sitcom con la
música de Beethoven (la del simpático perrito) de fondo. A continuación
analizaré el primer capítulo que quizá contenga algún spoiler.
Intentaré contextualizar, pero me es imposible
hacerlo sin compararla con la estupenda The Americans a la que, indudablemente
quiere tomar como referencia. Para marcar diferencias lo primero que establece
la trama de esta serie de la NBC es que esté basada en la actualidad, a
diferencia de la serie de FX que lo hace en los años ochenta. Aquí se encuentra
el primer problema grave. No estamos en la guerra fría y para que el enemigo
rojo siga siendo susceptible de ser tan temido como antaño el episodio piloto
se empeña en dejarnos claro que la KGB soviética ha evolucionado en la también
perversa SVR.
Por si esto no fuera suficiente una de las primeras
escenas nos muestra explícitamente como se las gastan desde Moscú con aquellos
que deciden traicionar a su país. Parece que esto es el punto de partida para
que una espía rusa, presente en la escena, descubra de repente que está al
servicio de un país donde barbaridades tan extremas ocurren.
Que este cambio de perspectiva política sea real o un
postureo será el (inquietante) nudo para que su supuesta predisposición a pasar
información sea tomado por la CIA como una victoria o como un engaño donde
reciban información poco relevante o incluso errónea si al final resulta ser un
agente doble.
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| Pues no, no lo venden como una comedia, aunque lo parece ¿verdad? |
Para desentrañar tal dilema que mejor idea que
encargarle el asunto a un novato analista de la CIA, que, casualidades de la
vida, es hijo de una pareja de espías rusos ‘jubilados’ hace seis años y que ya
viven en la tierra del tío Sam como iguales. El delirio va más allá cuando
vamos conociendo que la hija mayor de la pareja también trabajó para la SVR rusa.
Esto convierte a esta familia en la única en el mundo que tiene a un hijo
trabajando a cada lado del telón de acero ¿He dicho telón de acero? Sí, porque
seguramente las absurdas mentes de los guionistas han tomado las discutibles
decisiones del actual Presidente ruso, Vladimir Putin, en política exterior
como el reinicio de una guerra fría latente.
Este cambio se intuye cuando se les insta a los
antiguos (y retirados) agentes a que recluten a su propio hijo para la causa.
Ante lo que ellos aducen, que ya habían llegado a un acuerdo con las
autoridades rusas seis años antes para dejar su misión, el enlace les señala que
tales pactos son papel mojado para quienes mandan ahora.
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| Los antiguos espías del SVR 'retirados'. No se puede transmitir menos en televisión |
Desde luego entre el tono inestable del drama que va
desde la Spy Kids de Antonio Banderas a una tensión de risa y después el tener
que asumir una situación geopolítica como real (o futura a corto plazo) el
seguir viendo esta serie se convierte en un ejercicio de fe, rayano con el
masoquismo semejante de quien aguanta con estoicismo los vídeos de comuniones
ajenos. No está el panorama para tales sacrificios. Ni para tales bodrios.






