lunes, 28 de octubre de 2013

Banshee: la revolución de Cinemax


Los creadores de Banshee, Jonathan Tropper y David Schickler no serán recordados por un guión excelso, tramas originales o una temática atrevida. Más bien al contrario. Pero sí que tenían claro que la base de este producto de Cinemax debía basarse en unas escenas de acción óptimas. En eso y en las escenas de sexo explícito, claro. Quizá algo que la misma cadena les demandó como algo conceptual e inherente a la cadena.

La historia suena a cliché, con tantos ingredientes extras que termina pareciendo una parodia de multitud de películas. El protagonista, recién salido de prisión se afana en la búsqueda de su ex amante y ex compañera de robos, encontrándola en el pintoresco pueblo de Banshee.
Hoon Lee como Job
La pequeña población de Pennslvania tiene de todo: un oligarca que, bajo el negocio de la carne, esconde unos tentáculos que llegan a todo y todos, una población Amish centrada en el cultivo y en la carpintería, una reserva india con casino incluido, un barman excampeón de boxeo, etc.
Problemas generacionales
La suerte o el destino hacen que el ex reo consiga accidentalmente la oportunidad de suplir al nuevo sheriff, Lucas Hood, al estilo de los western clásicos. Desde ahí la estructura temática circunda entre la ocultación de la verdadera personalidad del protagonista, sus escarceos amorosos (gratuitos y prescindibles) y las adversidades a las que se enfrenta el sheriff en cada capítulo, convirtiéndose así en casi un procedimental de manual.
Ivana Milicevic
La serie se deja ver. Más difícil resulta si se hace a continuación de otro producto con más altas pretensiones, aunque las escenas de acción son bastante reseñables, más si uno es fan de este tipo de acción. Cinemax no ha reparado en gastos para los efectos especiales y para cuidar las (exageradas casi siempre) violentas peleas.
Los malos de Banshee son más propios de Mazinger Z
Entre los protagonistas sobresale el afroamericano Frankie Faison, al que ya hemos visto antes en ‘The Wire’ o ‘The Good Wife’.  La actriz principal es la bosnia Ivana Milicevic, que al principio me resultaba incómoda en el papel, pero que poco a poco se asienta y gana credibilidad. Sus notables escenas de acción son memorables y un ejemplo para otras pseudoactrices (no hace falta que te des por aludida Pilar Rubio). 
Frankie Faison, como el barman Sugar Bates
Respecto al protagonista (de la primera temporada, ojo) el neozelandés Antony Starr no termina de ser verosímil, aunque tiene un matiz que valoro positivamente, como es el resultar vulnerable en bastantes ocasiones, alejado del cliché de héroe imperturbable. 

Antony Starr, al que le dan por todos los lados
En fin, acción sin demasiadas ambiciones en cuanto a la historia, en esta primera temporada de diez capítulos que parece tendrá su continuación en el futuro, porque el cliffhanger del final es de los que no dejan lugar a dudas y, además, promete muchos y radicales cambios. Cinemax busca ese matiz diferenciador que le distinga de otras cadenas. Algo que no sé si está bien enfocado del todo.   

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