domingo, 6 de octubre de 2013

Dexter for ever


No pienso desvelar nada sobre el final del más famoso asesino en serie televisivo. Tampoco voy a entrar en comparaciones con otras series recién terminadas, deporte mental tan de moda últimamente y tan poco instructivo ¿Mamá o papá? Se les quiere a los dos. Punto.

Uno termina pensado en registrar la frase: ‘Dexter’ tenía que haber terminado tras la cuarta temporada’, que se repite como un mantra. Ganaría mi dinero por derechos intelectuales y eliminaría de golpe el corta y pega reinante, que lo único que pone de manifiesto es la poca originalidad de algunos y lo más obvio: que los gustos, también los catódicos, son absolutamente subjetivos.    
Rita ante el hombre que no sabe amar
Dexter Morgan (Michael C. Hall) es un individuo que evoluciona. Comienza saliendo con Rita más por presión social que por otra cosa y siente especial curiosidad por la empatía de los demás, de la que él, desafortunadamente o no, carece. 

Parece que ese cambio molesta. Pasa muchas veces. Nos gusta tanto un personaje de ficción que lo encasillamos sin entender que, precisamente esa evolución suma credibilidad al protagonista.
La ocultación (o no) de su alter ego, las relaciones con la familia o las propias vivencias (qué difícil es escribir este post para no spoilear nada a nadie) hacen que las reflexiones del experto en rastros de sangre de la policía de Miami (Metro) se modifiquen.
Quinn, Batista y Masuka

A la única crítica que puedo dar crédito es a que al principio la serie de Showtime tenga un gran protagonista rodeado por unos excelentes secundarios y que éstos hayan perdido fuelle en las últimas temporadas. Batista (David Zayas), por ejemplo, siempre ha sido un personaje estupendo y que daba mucho juego. También lo hacía Masuka (C.S. Lee) con su humor, a mitad de camino entre lo sórdido y lo tenebroso. Poco a poco dejaron de ser importantes en favor de otros elementos menos atractivos.

Y Debra. Últimamente he leído críticas al personaje que encarna la exmujer del protagonista en la vida real, Jennifer Carpenter, como histriónica o que sobreactúa. Los mismos que ven que Claire Danes lo borda en ‘Homeland’. Seamos serios. Dudo mucho que un agente con los problemas emocionales de la agente Mathison llegue nunca a trabajar en la CIA. Por el contrario, conozco mujeres con esa ira a flor de piel y ese joder en la boca continuo, que tan humana y real hacen a Debra Morgan.
Debra, excesiva, pasional y estridente
Ocho temporadas que terminan de una manera un tanto poética (esto no es un dato, es una sensación).  Cada una de ellas con un (o dos) personaje vertebrador. La primera con el conflicto con su hermano. La segunda la persecución del sargento Doakes. La tercera con el amigo Miguel Prado. La cuarta (sí, por fin) Trinity. La quinta con Jordan Chase, el embaucador de masas (Take it!). La sexta con Travis Marshall y sus representaciones religiosas, más Lumen. La séptima con Isaak Sarko (el gran Ray Stevenson de ‘Roma’) y Hannah y la última con la Doctora Vogel y Oliver Saxon. 

Julie Stiles, dando vida a Lumen
En definitiva un gran personaje, ocho temporadas muy distintas entre sí y una serie muy buena. Entretenida como pocas. Digo esto como final para acercar al personaje a aquellos que no lo conocen todavía y pierden las ganas de hacerlo tras escuchar a los melifluos críticos que la serie se fue tras las cuatro primeras temporadas. De eso nada. Dexter for ever. 
Michael C. Hall como Dexter

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