No pienso desvelar nada sobre el final del más famoso
asesino en serie televisivo. Tampoco voy a entrar en comparaciones con otras
series recién terminadas, deporte mental tan de moda últimamente y tan poco
instructivo ¿Mamá o papá? Se les quiere a los dos. Punto.
Uno termina pensado en registrar la frase: ‘Dexter’ tenía que
haber terminado tras la cuarta temporada’, que se repite como un mantra.
Ganaría mi dinero por derechos intelectuales y eliminaría de golpe el corta y
pega reinante, que lo único que pone de manifiesto es la poca originalidad de
algunos y lo más obvio: que los gustos, también los catódicos, son
absolutamente subjetivos.
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| Rita ante el hombre que no sabe amar |
Dexter Morgan (Michael C. Hall) es un individuo que
evoluciona. Comienza saliendo con Rita más por presión social que por otra cosa
y siente especial curiosidad por la empatía de los demás, de la que él,
desafortunadamente o no, carece.
Parece que ese cambio molesta. Pasa muchas veces. Nos gusta
tanto un personaje de ficción que lo encasillamos sin entender que,
precisamente esa evolución suma credibilidad al protagonista.
La ocultación (o no) de su alter ego, las relaciones con la
familia o las propias vivencias (qué difícil es escribir este post para no
spoilear nada a nadie) hacen que las reflexiones del experto en rastros de
sangre de la policía de Miami (Metro) se modifiquen.
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| Quinn, Batista y Masuka |
A la única crítica que puedo dar crédito es a que al
principio la serie de Showtime tenga un gran protagonista rodeado por unos
excelentes secundarios y que éstos hayan perdido fuelle en las últimas
temporadas. Batista (David Zayas), por ejemplo, siempre ha sido un
personaje estupendo y que daba mucho
juego. También lo hacía Masuka (C.S. Lee) con su humor, a mitad de camino entre
lo sórdido y lo tenebroso. Poco a poco dejaron de ser importantes en favor de otros elementos menos atractivos.
Y Debra. Últimamente he leído críticas al personaje que
encarna la exmujer del protagonista en la vida real, Jennifer Carpenter, como histriónica o que
sobreactúa. Los mismos que ven que Claire Danes lo borda en ‘Homeland’. Seamos serios. Dudo mucho que un agente con los problemas
emocionales de la agente Mathison llegue nunca a trabajar en la CIA. Por el
contrario, conozco mujeres con esa ira a flor de piel y ese joder en la boca
continuo, que tan humana y real hacen a Debra Morgan.
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| Debra, excesiva, pasional y estridente |
Ocho temporadas que terminan de una manera un tanto poética
(esto no es un dato, es una sensación).
Cada una de ellas con un (o dos) personaje vertebrador. La primera con el
conflicto con su hermano. La segunda la persecución del sargento Doakes. La
tercera con el amigo Miguel Prado. La cuarta (sí, por fin) Trinity. La quinta
con Jordan Chase, el embaucador de masas (Take it!). La sexta con Travis Marshall y sus representaciones religiosas, más Lumen. La séptima con Isaak Sarko (el
gran Ray Stevenson de ‘Roma’) y Hannah y la última con la Doctora Vogel y Oliver
Saxon.
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| Julie Stiles, dando vida a Lumen |
En definitiva un gran personaje, ocho temporadas muy
distintas entre sí y una serie muy buena. Entretenida como pocas. Digo esto
como final para acercar al personaje a aquellos que no lo conocen todavía y
pierden las ganas de hacerlo tras escuchar a los melifluos críticos que la serie se fue
tras las cuatro primeras temporadas. De eso nada. Dexter for ever.
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| Michael C. Hall como Dexter |






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