miércoles, 24 de julio de 2013

Redención dickensiana


Tras maravillarme con Romola Garai en ‘The Hour’ tenía ganas de verla dando vida a la prostituta Sugar en ‘The Crimson Petale and the White’. No exagero al concluir que la actriz británica es uno de los mayores talentos del momento. Todo en esta producción de la BBC gira en torno a ella, a través de sus expresivos ojos, sus pausas, su sonrisa inacabada.
¿Amor, lujuria, necesidad, seguridad?
La novela de Michael Faber, es una obra de envergadura, que bien podría haber escrito Charles Dickens, aunque la época le habría obligado a ser pacato allí donde Faber sí consigue llegar, por medio de la crudeza y de un sórdido realismo. Ese Londres victoriano y lujoso de 1870, que no esconde precisamente los bajos fondos, extraordinariamente descritos en la novela y bien plasmados en la serie, aquellos precisamente de donde Sugar quiere escapar.
Richard E. Grant como Doctor Curlew 
Sugar es una meretriz que ofrece sus servicios en la casa de su madre, Mrs. Castaway (Gillian Anderson). Un día aparece William Rackham (Chris O’Dowd), caballero educado, que no termina de hacerse cargo del próspero negocio familiar. William queda prendado de Sugar y la establece en un apartamento para gozar en exclusiva de su compañía. Así se produce un quid pro quo donde Sugar escapa del mísero e insano mundo cuyas puertas nunca ha traspasado y comienza a soñar con seguir medrando y el empresario encuentra una mujer que le motiva y hace sentir fuerte y seguro.
Chris O'Dowd
Pétalo carmesí, flor blanca’ (que mal suena en español) no es una historia de amor, a pesar de que la mayor fuente de motivación de Sugar sea eso mismo, aunque ella en un principio crea que lo hace motivada por el odio que siente hacia los hombres en general y los que tratan mal a las prostitutas en particular.
Gillian Anderson, dando miedo
Magnífico el trabajo de Chris O’Dowd,  que borda la evolución de su personaje a raíz de conocer a la protagonista, pero también lo hace en su propia compasión y empatía, aunque en sentido contrario. Conmueve ese William pendiente de su mujer enferma, Agnes, aunque sabe que sus trastornos mentales no tienen remedio, que nunca le dará un hijo y que le obliga al celibato matrimonial por su aversión al sexo.
Sugar multiusos
The Crimson Petale and the White’ no es una historia de grandes tramas, pero sí de personajes bien dibujados, que llenan de matices sus anhelos, actos y sueños. En formato british, miniserie de cuatro capítulos largos, se ve casi del tirón y puede ser opinable su mayor o menor atractivo, pero nunca se le podrá criticar que deje indiferente o que esté exenta de calidad interpretativa o realización técnica.
No he podido resistirme. Romola. 
 
              


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