jueves, 23 de mayo de 2013

Magnífica 'House of Cards'



A pesar de no haber visto la original de la BBC (de los noventa), tenía ganas de enfrentarme a ‘House of Cards’ por muchas razones. La primara por confirmar cuanto había de cierto y cuanto de fuegos de artificio respecto a la serie estrella de la plataforma de pago Netflix. Otro tema era ver cómo se desenvolvían los guionistas en una temática tan árida como la política, con tantas referencias televisivas (‘Boss’, ‘El ala Oeste de la Casa Blanca’ o ‘Veep’) con las que ser comparada.

La última cuestión era comprobar la adaptación a la pequeña pantalla de dos estrellas de cine, como Robin Wright y Kevin Spacey, sobretodo éste último, con sus continuas confidencias a cámara, tan criticadas. Ver al protagonista hablándole directamente a los espectadores no deja de ser un recurso de guión, que se utiliza como hilo conductor y explicativo, algo que, a mí al menos, no me molesta. El que Frank Underwood (Spacey) cuente su siguiente movimiento o que haga una pequeña introducción de la escena es complementario y ayuda a entender aún mejor una trama no demasiado compleja, para lo que suelen ser este tipo de enredos políticos. 
La 'House of Cards' original
Quizá, más allá de las actuaciones, este sea el punto fuerte de la serie. Un guión redondo, sin flecos y sin preguntas sin resolver, con ingredientes diversos, motivaciones personales demasiado humanas para parecernos ficticias y personajes secundarios con sentido. Todo a disposición del maestro de orquesta, el señor Spacey.

El protagonista es Frank Underwood, un asesor sin escrúpulos en la Casa Blanca, que mueve los hilos del poder con el fin de medrar políticamente. Paradójico a veces,  racional y ambicioso, Kevin Spacey se encuentra otra vez en su carrera con un papel que le viene como anillo al dedo.
 
Frank Underwood (Spacey) de confidencias
Le escoltan dos personajes femeninos, que junto a Frank conforman un triángulo de deseo y ambición. La mujer de Frank, Claire, interpretada de manera sobresaliente por Robin Wright, es directora de una empresa que trabaja con proyectos en el tercer mundo. Este punto de partida, que nos muestra una mujer sensible y altruista choca con el fondo que subyace en una persona extremadamente fría. Su relación con el protagonista nos mantiene expectantes ante una lealtad sin límites ni prejuicios, aunque sus propias metas pongan a prueba la reciprocidad de esa confianza.
 
La leyenda de esta imagen es bastante elocuente
La otra mujer es la joven redactora Zoey Barnes (Kate Mara), cuya ambición sin límites la hace pactar con Underwood, en una relación confidente-portavoz donde busca cobrar notoriedad en el mundo de los media. Esta alianza y el pago de la misma la harán plantearse si está preparada para descender a los infiernos y, sobretodo, que porcentaje de control tiene en la sociedad.  
 
Zoey Barnes (Kate Mara), con el descaro por bandera
La realización técnica de ‘House of Cards’ es impecable y elimina cualquier crítica en este sentido. Los créditos, que recuerdan bastante a los de ‘Boss’ (aunque ésta en Chicago) nos van mostrando imágenes de Washington D.C., el escenario de los obscenos juegos de favores y venganzas políticos donde Frank Underwood se mueve como pez en el agua.

A la espera de la ya anunciada segunda temporada, la serie de Neftlix se erige como una de las mejores sorpresas de este año. 
   

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