martes, 21 de enero de 2014

Masters of Sex: pioneros del punto G


La verdad es que uno tiende a pensar lo contrario de cómo lo hace todo el mundo, aunque sea por espíritu de contradicción o por aceptar de antemano la premisa de que la mayoría raras veces tiene la razón. Por eso y quizá porque he dejado pasar un tiempo para ver la primera temporada de ‘Masters of Sex’, el previo y unánime aplauso de crítica y público acrecentó mi recelo sobre la serie de Showtime. Esta narra la vida del Doctor Masters y su ayudante Virginia Johnson como pioneros en el estudio del sexo, desde un punto de vista biológico. 

El primer acercamiento a la serie lo tuve en el último Festival de Series de Canal +, donde aproveché un intermedio para acercarme al stand que (hábilmente) el FNAC había colocado en la entrada. Allí estaba el libro de Thomas Maier, con la frase ‘la pareja que enseño a Estados Unidos cómo amar’. Toma ya. Sin pretensiones. Además había varios libros sobre ‘Juegos de Tronos’, otros sobre ‘Perdidos’ (sí, aún) y uno colorido titulado 'Bazinga', que era una especie de guía friki de ‘The Bing Bang Theory’. Adivinar cuál me llevé a casa. Sí, este último.
Este se vende él solo...  
Sirva el anterior párrafo para sumar una reticencia más al producto televisivo en cuestión, aunque fuese a través de las ínfulas del libro. Y tras ello me lancé a verlo. ‘Masters of Sex’ comienza errático, sin una idea clara, más allá de que estamos en la génesis de una investigación revolucionaria en materia de sexo. En un contexto social e histórico aún sin preparar para ello y que nace tanto de la inquietud científica del Doctor Masters como de su soberbia personal, que culmina en inequívoca determinación en llevarlo a cabo. Mitad y mitad. Y cueste lo que cueste.
...pero yo me llevé el de al lado
Como defensa ante las posibles críticas mojigatas a su innovador estudio el ginecólogo recuerda sus años de servicio en maternidad. La multitud de niños que ha traído al mundo y no siempre en situaciones fáciles. Esto tiene explicación porque los atribulados, incluso a veces desesperados, padres pusieron en manos del arrogante Doctor la vida de sus pequeños y éste mostró su eficacia, lo que se transformó en gran cantidad de donaciones al hospital. La institución, por tanto, le debe una bien grande.

Al principio William Masters se apoya en su jefe directo y a la vez mentor, Barton Scully (un Beau Bridges genial) para comenzar el estudio y ante las lógicas reticencias de éste, decide realizar sus primeros experimentos de noche, con prostitutas y siempre escamoteando información. Esto le lleva a un callejón sin salida, porque las meretrices no terminan de confiar en el Doctor, al que atribuyen algún tipo de obsesión no realizada, restando credibilidad a los resultados obtenidos. Aquí emerge la figura de su nueva secretaria, Virginia Johnson, quien aplica psicología y tacto para llegar allí donde la tosquedad de Masters no alcanza. Y hasta aquí puedo leer respecto al argumento. Quien quiera saber más que la vea, porque me voy a centrar en otras cuestiones no menos importantes, como criticar algunas cosas que no me cuadran del todo, con lo que es posible que revele algunos datos que no conviene que sepan aquellos que aún no han visto la serie.  Activada la alerta spoiler (¡¡¡), allá voy.
Virginia documentándose
Por un lado, la manera de convencer a los voluntarios para los experimentos se me antoja demasiado simple, sobretodo en el caso de las mujeres. Es entendible entre hombres solteros y hombres casados (e indefectiblemente infieles) de la época que la posibilidad de intimar con  mujeres, aunque sea en medio de una maraña de cables, se puede antojar atractiva. ¿Pero ellas? Y esto no es una observación sexista, sino una simple constatación de la moral de la época. No termina de convencerme el argumento que se da en la trama, de que una mezcla de ingenuidad y amor a la ciencia las persuade para hacerlo. Creo que en esta parte se saltan varios obstáculos de golpe para aligerar la historia, pero me parecen necesarios para comprender las pretensiones de cada uno.
Tensión sexual 
El personaje de la señora Masters (Libby), a quien da vida Caitlin FitzGerald se antoja incoherente. Por una parte, se revela como una mujer perspicaz y decidida, que entiende exactamente las carencias y defectos de su marido, pero la paradoja surge cuando no ve ni de lejos los lazos que se establecen entre William y Virginia. Algo tan obvio y fácil de sospechar se le escapa. De hecho, la madre de Bill necesita un rato en la oficina de su hijo para percatarse de tal atracción, incluso le persuade sobre ello. Pero Libby prefiere hacerse amiga de Virginia allí donde cualquier mujer estaría afilándose las uñas ¿me equivoco? 
In your face, Libby
El Doctor Ethan Haas es un personaje importante en la historia, pero el actor que le da vida, Nicholas D’Agosto, se me antoja poco idóneo para el papel, quizá por su extrema juventud o por una candidez mal disimulada que sólo tiene sentido en los últimos capítulos. El actor no hace una mala interpretación, au contraire, pero sí que el papel, pese a que soy consciente de que debe ser un doctor joven, se sustentaría mejor en otros hombros.  
El Doctor Haas con los hijos de Virginia
Por último, pese a realizar su estudio en horas nocturnas echo de menos algo más de hermetismo en su ejecución, habida cuenta del escándalo que supone el mismo y que un posible chivatazo puede dar al traste con toda la investigación, antes, incluso, de hacerse pública. Creo que el status del Doctor Masters no da para tanto.

Como punto positivo me han gustado mucho los personajes, así como las interpretaciones, del matrimonio Scully, tanto Margaret (soberbia Allison Janney, a la que recordamos de ‘El Ala Oeste de la Casa Blanca), como el ya mencionado Beau Bridges. Ayudan, además, a completar el retrato de una sociedad que está cambiando y lo hacen con el punto exacto de osadía y sensibilidad.
Los 'felices' Scully
Capítulo aparte merece también Lizzy Caplan, como Virginia Johnson. Una mujer en muchas cuestiones adelantada para su época, pero que intercala las precisas pausas y dudas para medir, dentro de lo posible, el alcance de sus actos.  Esto le da credibilidad al personaje, que es tanto como  dar sentido a la mitad de la historia. Virginia se convierte en la encrucijada de pasiones, desafectos y celos. A través de ella las cosas suceden y los demás personajes giran. Gran elección, por tanto, la de la ex-pareja (cotilleo) de Matthew Perry, nuestro Chandler Bing de ‘Friends’.
Perry y Caplan
Dejo para lo último al otro protagonista, el galés Michael Sheen, que encarna a William Masters. Personalmente no me ha llegado su personaje y contra esta opinión totalmente subjetiva se podría argumentar que su alter ego no es precisamente alguien que, más allá de su talento, se haga querer. Pero el cine y la televisión están llenos de ejemplos de personajes taciturnos y antipáticos que, sin embargo, sí consiguen llegar al gran público, aunque sea porque se adivina una capa de humanidad bajo la fría máscara. Con Sheen eso no me pasa y eso que tiene momentos en que se nos delata más sensible, pero no hay manera.
Michael Sheen como William Masters
Por cierto, estupendo cliffhanger al final de esta primera temporada ¿Qué sucederá tras la súbita confesión del Doctor Masters en la última escena? Se admiten apuestas para la segunda temporada de este drama que, si bien se deja ver, tendrá que pulir algunos defectos si quiere entrar en mi top ten de favoritos del 2014. En el de 2013 no lo está. En breve haré un post con mis elegidas.         
 
To be continued...



1 comentario:

  1. Pues genial por Masters Of Sex que me parece muy buena y muy entretenida! una serie increible con Lizzy Caplan me encancho desde el primer momento

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