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| Quitándole horas al sueño ¿merece la pena? |
Recientemente, el Ministerio de Sanidad, Asuntos
Sociales e Igualdad, a través de su Ministra Ana Mato ha mandado una carta a las
principales televisiones privadas para instarlas a adelantar el horario de
máxima audiencia o ‘prime-time’. Esto vendría sustentado en un adelanto de una
hora en sus informativos de noche (de 21 horas a 20), lo que haría que sus
programas estrella, ya sean películas, realities (palabra horrorosa para
producto infame) o series de televisión terminen antes y así la gente que,
normalmente, debe madrugar al día siguiente para trabajar o estudiar tenga un
mayor descanso y esto redunde en una mejora de la salud general.
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| Tele de madrugada, la confirmación de que el fin del mundo se acerca |
La UTECA (Unión de televisiones comerciales asociadas),
ha respondido a su vez con una carta donde se niega a aceptar esta sugerencia,
argumentando que tal propuesta no se corresponde con la realidad actual de lo
que demandan los consumidores. ¿Alguien tenía dudas de que las televisiones
privadas iban rechazar la sugerencia de la señora Ministra?
Quizá algún purista pueda pensar que desde el
Gobierno (este o el que venga) no se debería educar en hábitos a los
televidentes, pero soy de la opinión de que cualquier medida que se tome que ayude
a mejorar la salud debe aplaudirse. Lo contrario es exponerse a que las
exigencias comerciales supediten absolutamente todo y esto es una barbaridad.
Necesitamos colocar unas líneas rojas éticas que no se puedan traspasar, más
que nada porque si no podríamos ver en unos años cumplimientos de pena de
muerte, mutilaciones u otras barbaridades con éxitos de share ¿Exagerado?
Tiempo al tiempo.
Claro que antes de pensar en adelantar los telediarios
debería pensarse en adelantar el cierre de los horarios comerciales o la
adecuación cada vez más común de la jornada intensiva, muy presente ya en otros
países de Europa. Pero me gusta que de vez en cuando a alguien se le encienda
una luz y desde un tímido consejo se explique que no es sano que los programas
con máxima audiencia terminen a altas horas de madrugada.
No voy a entrar en a qué hora debe acabar un concurso
con famosos haciendo el idiota, porque francamente no me importa en absoluto. Pero
en la parte que me toca, la de las series de televisión, hemos llegado a un
punto donde hay emisiones que doblan (incluso más) el tiempo real de duración por
culpa de la exagerada publicidad. Todos sabemos que hay unas pautas sobre los
parones de los anuncios, al igual que sabemos que a los canales privados les da
igual y pagan gustosamente las multas ridículas (cuando se las ponen) que les
impone la Administración porque las ventajas económicas por infringir la ley
son altamente copiosas.
Llegados al punto de que nos negamos categóricamente
a acostarnos a la una de la madrugada por ver nuestra serie favorita nos quedan
dos opciones. La legal presupone un poder adquisitivo mínimo como para pagar
mensualmente algún canal de pago o alguna plataforma de servicios conjunta, que
oferte también esta opción, tan de moda últimamente, como Movistar con
Imagenio, ONO, etc. Si no podemos (o no queremos) hacer este desembolso ya nos
empezaremos a mover en el terreno de la ilegalidad, con descargas por Internet,
vía emule, utorrent, etc. Aunque cabe una remota última posibilidad, que es
esperar a que saquen ese producto en DVD o Blue-ray o bien verlo en alguno de
los bares o cafeterías que amplían a su oferta de retransmisiones futbolísticas con la de las series de TV de moda. Aplaudo esta estrategia comercial.
Con todo esto se abre el debate sobre el modelo de
televisión que queremos. La tan anunciada televisión a la carta sigue siendo
una quimera o sólo al alcance de quienes hacen un pago mensual normalmente abusivo. Hace unos meses
la plataforma Neftlix decidió no entrar en el mercado español porque no tenía
claro que la gente aquí estuviera preparada para pagar únicamente por aquello
que quisiera ver (el matiz respecto a las teles de pago), cuando, donde y las
veces que se deseen.
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| Neftlix: la maravilla que está por venir. Y por menos de 7 euros al mes |
Demasiada competencia desleal, empezando por las
descargas ilegales, que sigo defendiendo como un mal lógico cuando quienes
están en posesión de ofrecer un mercado a millones de potenciales compradores
siguen obstinados en su desfasado modelo de negocio. También es justo reconocer
que sin estas descargas el impacto de muchos productos sería mucho menor. En
algunos caso residual, incluso inexistente. Seguimos en una situación donde una
ficción del extranjero sólo nos llegará (por vías legales) con el beneplácito
del censor de turno, que decidirá en nuestro nombre que tenemos y que no
tenemos opción de ver. Sea esta opción de pago o vía inundación publicitaria.
El mejor ejemplo de esto que explico es que hay
productos televisivos que sin haberse estrenado jamás en España generan
ganancias por venta de merchandising, algo que para las cabezas pensantes que mandan en las
televisiones en nuestro país les debe parecer absolutamente inverosímil.
Incluso los ejecutivos de algunas cadenas norteamericanas exhiben sus números
de descargas como éxito objetivo, porque implica que su producto es estupendo ya
que pueden negociar con las cadenas la próxima temporada al alza, sus ventas en
otros conceptos van aumentando y cada vez cuesta menos
pagar un dinero por tener para nosotros y para siempre esa maravilla catódica, bien presentada y a precios normales.
Nos encontramos, por tanto, en la actualidad, en un
punto entre dos maneras de entender la televisión, que terminará por evolucionar
cuando las cadenas o quien corresponda ofrezca a todos aquellos que amamos la buena
televisión la oportunidad de poder verla sin anuncios, sin paquetes abusivos, dentro de la legalidad y a un precio razonable. Mientras esa revolución ocurre seguiremos ojerosos,
pagando demasiado o al margen de la ley. Cualquier cosa antes de ver a horteras famosillos
tirándose desde un trampolín. Como si a alguien (con cerebro) le importase.
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| Jesús Vázquez: experto en elegir televisión de calidad |




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