jueves, 8 de mayo de 2014

Los 100: sobran todos

El cartel promocional sí mola
Cuando uno bucea entre series nuevas en busca de algo interesante siempre corre el riesgo de darse de bruces con algún bodrio del estilo de ‘Los 100’. La culpa la tengo yo, por intentarlo con un producto del canal The CW, que como su presidenta de entretenimiento confirmó se trata de una cadena orientada a un público entre 18 y 34 años. Esto, lejos de sustentarse en un target de edad concreto, como se define, quiere decir que se intentarán colar productos que con gente con más de dos neuronas lo tendrían complicado, sean o no jóvenes. Eso es lo de menos. 

La sinopsis es al menos sugerente, en mi defensa. Han pasado noventa y siete años desde que una guerra nuclear destruyese la tierra y dejase toda la atmósfera contaminada con radioactividad. Sólo han sobrevivido los descendientes de las estaciones espaciales que, viendo la catástrofe, construyeron en el espacio una estación única desde donde volver a empezar. En vista de que la población de la estación empieza a crecer para una cantidad concreta de oxígeno el jefe de la colonia humana (el canciller) decide mandar una expedición de reclusos a la tierra, para comprobar si es posible el regreso de modo permanente al planeta. 
Estos son...¿me puede importar menos?
Lo primero que choca es que las cien, número redondo, personas enviadas frisen los 18 años, lo que da pie ya desde el principio a conatos de rebeldía, a disfrutar de la aventura y a hacer caso omiso de las autoridades de la nave. A esto se añade las heridas abiertas por unas leyes drásticas en lo que se refiere a prescindir de todos aquellos que cometan cualquier infracción, mandándoles alegremente al espacio, vía escotilla de emergencia.Esto explica, de aquella manera, la desafección general de los púberes reclusos enviados a la tierra.  

Desde el comienzo se divide la trama en dos escenarios, la estación espacial con una cruenta guerra por el poder, mientras intentan contactar con los rebeldes adolescentes y otra en la tierra, donde además del peligro de la radiación está la inquietud de pensar que el planeta no está tan deshabitado como pensaban. Más allá de eso, enamoramientos, canallas con encanto, sustitos de tren de la bruja, música ñoña de fondo (por si algún despistado no se ha percatado aún de la porquería que estamos viendo) y caritas rosadas juveniles, limpias de acné y aburridísimas. Como la serie.
Paige Turco, lo único salvable
Por rescatar algo me quedo con Paige Turco, que hace de madre de la protagonista y que por tablas (y que es muy atractiva, aunque esto no sea un mérito) se merece algo mejor. Y también a Henry Ian Cusick ¿no os suena el nombre? El Desmond de Perdidos, haciendo un papel de malo. Lo demás se podría mandar a otra galaxia, como paradoja a la serie en sí, aunque nadie se extrañe de que nos multen por lanzar basura al espacio. Lo llaman ciencia-ficción, pero Asimov debe estar en el cielo vomitando. Ni intentéis verla. 
 
Henry Ian Cusack

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