miércoles, 22 de abril de 2015

Mejor televisión, mejores ciudadanos: Borgen


Hace pocos días el fenómeno televisivo/dirigente de Podemos, Pablo Iglesias, tuvo la ocurrencia durante una audiencia con el Rey Felipe VI de regalarle unos DVD de Juego de Tronos. Nada tengo que objetar al presente ya que es una de las mejores cosas que le pueden regalar a uno. Como no estoy en la cabeza del profesor de ciencias políticas no puedo alcanzar a entender el significado real del gesto, pero me gustaría saber qué cara pondría si el monarca, días más tarde, le hubiera correspondido con otro DVD de Borgen, la extraordinaria ficción sobre política en Dinamarca.

No quiero centrar mi reflexión en el representante de Podemos. Me gustaría que toda la clase política española disfrutase de su visionado. Y siendo ambicioso, los sueños siempre deben serlo, sería feliz si todo aquel que pudiera se regalase a sí mismo esa experiencia. A pesar de las diferencias que siempre se empeñan en recordarnos, Dinamarca (o cualquier país escandinavo) y España no son tan diferentes. Quizá las dimensiones, la población y la cultura sí lo sean, pero al final la búsqueda del estado del bienestar para sus conciudadanos es algo por lo que cualquier político debe luchar.
Katrine Fønsmark intentando dejar su sello propio en TV1    
En lo que sí es diferente Dinamarca es en la calidad de sus productos televisivos: Forbrydelsen (la excelente y original The Killing), su predecesora como thriller policiaco Ørnen, el drama Sommer, la coproducción Bron/broen (mediodanesa, medio sueca), Arvingerne (Legacy en inglés) o la más reciente bélica 1864. Cuesta entender que DR, un canal público con la mitad del presupuesto de TVE haga series de tantísima calidad.   

Borgen esboza la política en general, con tramas transversales que unifican la historia y capítulos que claramente nos exponen una problemática concreta. Educación, sanidad, emigración o libertad de prensa son algunos de los temas que esta maravilla de la cadena pública danesa DR nos ponen sobre la mesa. Como en una tertulia (seria) estos temas son diseccionados, explicados y devueltos al espectador para que cada cual conforme su propia opinión. Los protagonistas también lo harán, pero eso no quiere decir que esto interfiera en nuestra opinión. A mí me encanta la pasión y la manera de pensar de la protagonista Birgitte Nyborg y eso no quiere decir que esté de acuerdo en todo con ella. Casi al contrario, de tal modo que no creo que la votase nunca en la realidad.   
  
Cada asunto es expuesto de manera distinta. Se analizan los diferentes puntos de vista y luego el guión confronta unas opiniones contra otras. Las piruetas dialécticas nos llevan a veces a asentir con una cara de la moneda y con la contraria. O a negar las dos y crearnos nosotros mismos una alternativa. Esto presentado tal cual, sería sencillo y aburrido si no confluyesen unos personajes de carne y hueso que son los encargados de hacernos empatizar con lo que vemos. Un reparto donde cada uno sabe lo que tiene que hacer, la evolución que debe acarrear, donde los grandes espadas saben que tendrán su momento donde nos emocionarán y nos veremos reflejados en ellos.        
Kasper Juul, la mente en la sombra del poder
Desde el práctico y directo Kasper Juul, la ambiciosa y rebelde Katrine Fønsmark o la natural y apasionada de la política Birgitte Nyborg todos tiene deseos y anhelos más allá de la política. Y será esa condición humana la que haga crecer la dimensión de las decisiones políticas que se tomen. Aquí Borgen enseña que la política no es algo de lo que podamos ser ajenos. Que lo políticamente correcto no es siempre lo adecuado y que a veces es mejor dar una vuelta a una idea o una opinión antes de hacerla nuestra. Pero por encima de todo lo que la serie creada por Adam Price enseña es a pactar, a dialogar, a saber hacer concesiones en momentos determinados. No sólo en política. La vida misma es un toma y daca donde no pasa nada por cambiar de opinión si con ello conseguimos un acuerdo con la otra parte.       

No se puede obviar sin duda la importancia a los medios de comunicación que se le da a la serie. Los mecanismos que hacen que una entrevista hecha de una manera determinada consiga generar una corriente de opinión que saque una controversia a la calle. Los intereses empresariales en todas y cada una de las decisiones políticas tomadas en Borgen (que es como Moncloa aquí). Los hilos que van de las grandes corporaciones a los partidos políticos pasando por los media. En fin, actualidad pura, aunque el objeto de reflexión y análisis sea un país casi ejemplar como Dinamarca.
La presidenta de un partido yendo a trabajar en bici. Aunque sea ficción, ojalá copiásemos estas cosas por aquí 
Nos queda tanto por hacer, tanto por pensar y analizar que Borgen es una excelente piedra de toque para mostrarnos por donde volver al camino para ser ciudadanos responsables con todo lo que nos rodea. Y lo hace tratando al espectador con todo el respeto que su inteligencia se merece. Sin moralinas baratas, ni adoctrinamientos. Si te gusta la política o al menos eres consciente de que no eres un simple individuo y que tu opinión cuenta Borgen es tu serie. 

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