sábado, 22 de diciembre de 2012

'Secret State' y el bucle del poder



El director y productor de ‘Secret State’, Ed Fraiman, traza de modo inteligente, incisivo y directo en cuatro únicos episodios el porqué las buenas intenciones en política naufragan. Fraiman intenta explicar porqué se pierden por el filtro del poder en nuestras (cada día más) fallidas democracias actuales.
La red de intereses empresariales, los favores políticos, el sectario uso de los medios de comunicación, etc. hacen que preceptos tan loables y exigibles como la verdad y la justicia se conviertan en objetos deformables en función del crisol que maneje quien ostenta el poder.

A través del vicepresidente Tom Dawkins, magistralmente interpretado por Gabriel Byrne, vamos descubriendo los entresijos de los poderes fácticos. Que la economía no es un medio para los ciudadanos, sino que éstos, sus aspiraciones, sus derechos, sus vidas en definitiva se convierten en meras herramientas desechables.
Tom Dawkins en el número 10 de Downing Street
Con los enormes problemas políticos y económicos que padecemos en este comienzo del siglo XXI este es un tema de rabiosa actualidad. ‘Secret State’ se convierte en una excelente crítica de nuestra sociedad y no se esconde en su papel de denuncia social. No exonera, implícitamente a la clase política, pero argumenta que aquel servidor público que quiera hacer lo correcto, seguir un código ético y moral sin ambages chocará seguramente con un muro. Una línea roja dibujada entorno a vicios y corruptelas asumidas y asimiladas por gobiernos de distinto sesgo durante años.

Secret State’ denuncia lo que todos sospechamos. Que las grandes multinacionales y los bancos tienen más peso en muchas decisiones  políticas que los gobiernos que elegimos libremente. Que éstas grandes firmas sólo promoverán mínimos estándares sociales si son denunciados ante la opinión pública y el peso de ésta les hará lavar su imagen ante la sociedad. Que esta opinión pública convertida en juez se despierta de su pasividad social solamente cuando es reclamada por los medios de comunicación. Unos medios que viven alejados de su fin primigenio, la búsqueda de la verdad por encima de todo y con objetividad. Y que estos mismos Media son creados y financiados por intereses políticos y, claro está, las élites empresariales, con lo que el círculo pernicioso se cierra.
Rupert Graves como calculador Felix Durrell
Un contenido pero inmenso Gabryel Byrne intenta hacer lo adecuado, porque cree que es su deber y para eso les han votado. Contra aquellos personajes inquietantemente cercanos que le aconsejan que haga exactamente lo contrario y que le recuerdan que el camino hacia lo correcto tiene varios desvíos inevitables si se quiere seguir haciendo carrera política. El mejor ejemplo de esos atajos es el acto de no hacer nada. La frase ‘laissez faire, laissez passer, le monde va de lui même’ (dejad hacer, dejad pasar, el mundo va solo) es perfecta para entender  la clase de capitalismo radical a que nos obliga en ocasiones el libre mercado.
Consecuencias de la falta de seguridad de PetroFex
Un pueblo del norte de Inglaterra sufre una explosión en una petroquímica norteamericana (PetroFex), dejando diecinueve víctimas mortales, un centenar de heridos y un pueblo arrasado. El Primer Ministro viaja a la central de la petroquímica en Houston para obtener de manera directa a través de su dueño importantes compensaciones económicas y ayudas sociales que acallen ante la opinión pública la presunta falta de procedimientos mínimos de seguridad.
La periodista Ellis Kane sí busca la verdad
La gestión de esta crisis por el gobierno británico centra la historia y muestra los matices de este tipo de situaciones que no siempre salen a la luz pública. Una situación tan brutalmente real, tan observable de una manera análoga en las noticias diarias que se plasma en la pantalla para explicar qué se cuece detrás de estas catástrofes.

Acompañan en el reparto al señor Byrne, el veterano Charles Dance (el Tywin Lannister de ‘Juego de Tronos’), Gina McKee (la minusválida de ‘Notting Hill’) como la incisiva periodista Ellis Kane y Rupert Graves (el Inspector Lestrade de ‘Sherlock’) como ladino compañero de partido de Byrne.         
Sé que me ha salido un post más político que seriéfilo, pero no me arrepiento de ello porque ‘Secret State’ trasciende lo televisivo para hincarse en nuestra conciencia, como anónimos (y casi siempre pasivos) observadores de estos invisibles y turbios equilibrios de poder.     
Charles Dance en el Parlamento

1 comentario:

  1. Esta serie es de lo mejor que he visto en siglos. Engancha, en crescendo, actores impecables, guión magnífico, sobria, agria y ominosa, como solo los británicos saben hacer.

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