miércoles, 19 de junio de 2013

La mejor serie de televisión de la historia


Ahora que están tan de moda las listas de mejores producciones televisivas muchos de mis amigos se atreven a convertirme en su gurú catódico (pobres) y me hacen LA pregunta: ¿cuál es la mejor serie de televisión? Tremenda pregunta y tremendo el papelón para un servidor, cuyo único mérito atribuible es restar casi completamente el tiempo a la tele convencional para dárselo a la ficción televisiva programada (entre otras cosas).

Lo primero que hago al elaborar mi respuesta es resaltar la (obvia) división entre drama y comedia. Puede haber más y la frontera entre ambas está muchas veces desdibujada, con tanta dramedia (‘Entourage’, ‘Weeds’, ‘Girls’), pero es la más sencilla y divide de golpe la legión de series en dos.  

Como comedia hace tiempo que elegí ‘Frasier’. Es inteligente, dinámica, irónica, sutil, creíble y se constituye en mi ‘happy place’ por méritos propios. Once gloriosas temporadas, que parten desde que el ético psiquiatra deja Boston (y su ‘Cheers’) para regresar a Seattle y que nos dejan momentos extraordinarios liderados por un David Hyde Pierce (Niles Crane) sublime.
David Hyde Pierce y Kelsey Grammer: los hermanos Frasier
Al igual que ocurre en cine, literatura o teatro, en televisión la comedia es el hermano pobre, afirmación curiosa cuando es evidente que cuesta más hacer reír que llorar, pero los clásicos griegos marcaron unas pautas donde el drama (la tragedia) se elevaba sobre lo demás.

Así, finalmente, mi respuesta sobre cuál es la mejor serie de televisión (hasta la fecha, ojo, que soy optimista) es ‘The Wire’, el maravilloso homenaje de David Simon a la ciudad de Baltimore, donde se muestra con toda crudeza la problemática de la droga, desde un punto de vista global: policíaco, social, mediático, político, etc.     

El gran Vargas Llosa lo resume así: 'The Wire tiene la densidad, la diversidad, la ambición totalizadora y las sorpresas e imponderables que en las buenas novelas parecen reproducir la vida misma, algo que no he visto nunca en una serie televisiva, a las que suele caracterizar la superficialidad y el esquematismo'. 

Stringer Bell y 'Proposition Joe'
Perdón por el copia y pega de wikipedia, pero es que no se puede resumir mejor. Ninguna otra obra televisiva (o no televisiva) me ha hecho llorar tanto por dentro. Me ha devastado de esa manera emocionalmente. Me ha incluido en una realidad social a miles de kilómetros, pero como suele decirse, tan lejos, tan cerca.  The Wire’ (el alambre) es tan real que se respira. Cada una de las cinco temporadas de esta obra maestra de la HBO se centra en un tema. Con una base y personajes comunes y una trama que evoluciona a la par.

La primera temporada narra el trapicheo en una zona marginal llamada ‘las casa baratas’, escenario desde donde se esboza la lucha entre la policía y las bandas de narcotraficantes. El comienzo de ‘The Wire’ es denso, tanto que los espectadores menos pacientes abandonan haciendo caso omiso de que la espera será ampliamente recompensada. Un escenario verosímil donde la droga es casi el único medio de subsistencia para mucha gente y donde los policías no son esos superhéroes perspicaces que resuelven casos de manera mágica. Este inicio es así porque el universo que se plantea necesita cocinarse a fuego lento. No es un capítulo de ‘CSI’, la historia quiere forma, fondo y alma y vaya si lo consigue.

La segunda entrega se centra en el puerto de Baltimore, el control de los sindicatos, las grietas por donde cada cual intenta medrar más allá de un trabajo duro, pero honrado y donde los límites, una vez traspasados pueden ser fatales. Ese matiz, de personas honradas que, por avaricia, se mezclan con delincuentes peligrosos es la base de estos capítulos.
A la derecha, Chris Bauer como Frank Sobotka
La tercera temporada es un bello canto a la utopía, un regalo para aquellos que no conocen límites cuando se trata de encontrar una solución a la droga. En paralelo a la lucha política y el liderazgo social que marcan estos capítulos, se asigna una zona deprimida y acotada de la ciudad para el tráfico de drogas, eliminando casi el control policial en la zona. Esta situación de legalización de la droga de facto causa recelo no sólo en los defensores de la ley, sino también entre los delincuentes. Es un experimento social a espaldas de la opinión pública, que tarda tiempo en saber lo que de verdad ocurre.
Hamsterdam: la utopía hecha realidad
La cuarta sesión analiza la problemática desde el punto de vista educativo, donde se observan los condicionantes para que los niños pasen de un aula a una esquina a vender droga.  A la vez describe las elecciones a la alcaldía, de manera diáfana y concreta, demostrando el carácter absolutamente transversal de esta producción. Personalmente es mi temporada favorita y la que más adentro me llegó.
Niños con un destino escrito
Por último, en la última entrega, se examina la problemática de las drogas y la delincuencia desde el punto de vista mediático, a través de los reporteros de un diario de Baltimore. Sirve también como colofón al argumento central y como síntesis de la evolución de los personajes.
Los media como ojos de la opinión pública
Creo que no se ha hecho nunca nada, ni en cine, ni en TV, al nivel de la obra de David Simon. ‘The Wire’ tuvo una precuela en forma de miniserie llamada `The Corner’, donde en formato semidocumental se narraba la historia de un barrio sumido en la venta y el consumo de droga.

‘The Wire’ es una serie de obligado visionado si se quiere disfrutar de la mejor serie de televisión (hasta ahora) y si se quiere entender mejor cómo funciona el mundo.  
Omar Little, McNulty y 'Kima' Greggs

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