martes, 11 de marzo de 2014

La violencia gótica de 'Peaky Blinders'

A la serie creada por Steven Knight se le puede acusar de muchas cosas, pero nunca de haber buscado el convencionalismo, bajo el sello BBC, para que bajo los estándares de calidad propios de la cadena haberse evitado el arriesgar. No tengo muy claro que esa decisión haya sido acertada y quizá tenga que mirármelo, pero siempre he sido de la idea de que los malabares los prefiero en la trama o en el guión, antes que en planos imposibles, pausas impostadas o en filtros de color aquí o allá. Y de eso ‘Peaky Blinders’ tiene mucho.
La oscura y peligrosa Birmingham de entre guerras
Para bien o para mal la serie protagonizada por Cillian Murphy es diferente. La misma historia en un principio nos pilla a contrapié. Y no lo digo por el protagonista, cuya voz bien merece un aparte, pero con un rostro difícil de catalogar. Hablamos de una serie de bandas, pero no son los manidos gánster norteamericanos, sino del otro lado del atlántico. A los que ya nos costó imaginarnos los años setenta de Manchester en la fantástica ‘Life on Mars’, el esfuerzo para ubicar Birmingham frisando los años veinte es aún mayor. Parece que todo lo que salga de la capital londinense nos exige un esfuerzo máximo, aunque últimas experiencias, como ubicar la trama de ‘The Fall’ en Belfast, hayan tenido bastante éxito.
Cillian 'Monchito' Murphy, la cabeza pensante de los 'Peaky Blinders' 
Los ‘Peaky Blinders’ intentan medrar en esa Birmingham post gran guerra, por medio de las apuestas hípicas con los hermanos Shelby a la cabeza, donde la astucia de Tommy (Cillian Murphy) intenta imponerse a la fogosidad de su hermano mayor Arthur. Enfrente clanes enemigos de irlandeses, gitanos, revueltas sindicales con los comunistas como instigadores y un nuevo jefe de policía llegado de Irlanda, Chester Campbell (Sam Neill) que acecha en el horizonte. A un escenario de enorme pobreza, oscuridad y absolutamente industrial se une las heridas aún abiertas de la confrontación bélica que ha dejado múltiples secuelas en los combatientes a su regreso. Tommy ha de bregar con que la pesadilla se olvide entre su gente, pero también debe convivir con las suyas propias.

El Inspector Jefe Campbell es enviado allí para poner en orden unas fuerzas policiales que muchas veces miran para otro lado, en connivencia con grupos de delincuentes y en medio de unos barrios propios de la peor pesadilla Dickensiana. El choque es inminente e inevitable, pero el modo en que ambos protagonistas hacen uso de su poder es parte principal de la trama. El status quo debe cambiar, siempre y cuando haya partes del mismo que siga inalterado.   
La atractiva Annabelle Wallis da vida a Grace Burgess
Técnicamente ‘Peaky Blinders’ es una serie notable. Personalmente huyo de los planos exageradamente oscuros, pero eso no es óbice para reconocerlo. Después está el tema de la banda sonora (o fondo musical). El término riesgo se queda corto para entender algunas secuencias grabadas a ritmo de rock, con tempo pausado o prácticamente detenido, enfatizando el momento. Esos recursos les valdrán, seguramente, a sus directores para hacer acopio de premios o, al menos, halagos por su ciertamente arbitraria elegancia. A mí no me gustan. Quizá porque estoy acostumbrado a unas narraciones lineales donde el tiempo se mide de manera más o menos regular. Tampoco es que abusen de ellos, pero descolocan bastante.      


Los caballos están muy presentes en la serie
En resumen, una serie aceptable, con una trama que tampoco deslumbra, pero que se ve bien. Quizá las propias expectativas de los responsables hayan sido más altas y la búsqueda de elementos diferenciadores hayan perjudicado al producto final, al que, por otra parte, mucha gente ha comparado con ‘Boardwalk Empire’. La analogía deja muy mal parada a la producción británica y quizá sea un mal ejemplo, porque la serie de HBO juega en otra liga llamada élite. En todos los aspectos.  

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