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| Los Winslow sin Steve Urkel |
Hay múltiples alternativas al manido ‘happy place’
que nos evoca un rincón televisivo donde nos encontramos cómodos y al que nos
gusta regresar de tarde en tarde para sentirnos como en casa. Ya hice
referencia en un post anterior a los bares, como lugares de referencia
catódicos http://vic-offtopic.blogspot.com.es/2013/03/bares-como-lugares-de-encuentro.html.
También se podría hacer mención a ese momento esencial, nudo de trama, en que
nos planteamos seriamente qué haríamos nosotros en ese lugar. La empatía
funciona de maravilla y los guionistas tan contentos. Pero en un plano
narrativo inferior, con menores pretensiones, está ese momento familiar de una
serie que, a fuerza de repetirse se nos hace lugar común y propio.
Desde luego, no valen todas las reuniones
familiares. Las comidas de Los Soprano, por ejemplo, empezaban bien, pero
siempre se esperaba el momento tenso en el que o bien Tony, bien Carmela,
ponían todo patas arriba. Tampoco sirven las belicosas cenas de la familia de
Malcolm (Malcolm in the Middle) cuyo final era sinónimo de comida volando y
gritos de histeria. Demasiado estrés. Aunque mi pesadilla propia sería tener que
desayunar en la funeraria con los Fischer, en A dos metros bajo tierra, donde
lo menos malo serían los muertos del sótano.
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| Reese con el pavo, el día de Acción de Gracias. No tiene pinta de acabar bien... |
Las sit-com afroamericanas siempre han
tenido en la mesa del comedor (o del desayuno) un momento propicio para interactuar, desde los tiempos de los
Huxtable (El Show de Bill Cosby), hasta los Banks en El Príncipe de Bel-Air o los Winslow de Cosas de Casa y su vecino Steve Urkel. Luego llegaron comedias más modenas, como Viviendo con Mr. Cooper o Martin (Martin Lawrence) o la tierna Todo el mundo odia a Chris ¿Por qué no sentarnos
en una de esas mesas y sentirnos en familia?
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| Viviendo con Mr. Cooper |
Ya declaré mi amor a Las chicas Gilmore. Esa
relación materno-filial tan madura, tan profunda, tan pedante (cierto) algunas
veces. Otro lugar donde crear un hueco para un mundo paralelo en ese pueblo
ideal de la América profunda. O más lejos, como huéspedes del Doctor Fleischman
en Doctor en Alaska. Puestos a ser los
tíos perfectos, qué más daba ser uno más de las gemelas Olsen en Padres
Forzosos. No me digáis que aquello no era el colmo del buen rollo. Como la familia modelo, los Seaver de Kirk Cameron
en Los problemas crecen o la reina de las familias pintorescas los Tanner de
Alf. En Matrimonio con hijos, los Bundy no eran precisamente un modelo, con esos castañazos dialécticos. Como
tampoco lo eran Roseanne y su radiografía irónica de white trash family.
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| Kirk Cameron y su familia en 'Los problemas crecen' |
La serie Friends es el paradigma de familiaridad y somos muchos los que hemos visto un
grupo de siete amigos donde sólo había seis ¿verdad? Es raro verse en The Big
Bang Theory porque nuestro perfil es demasiado ‘normal’ por mucho que las
cenas temáticas sean una idea genial. Y tampoco fraternizar como vecinos de
Jerry Seinfeld, con el excéntrico Kramer entrando a cada instante. La serie Fraiser es perfecta para adoptarnos, aunque quizá los elitistas apartamentos
‘Elliot Bay Tower’ sean demasiado exclusivos para creernos de verdad esa
posibilidad.
Los dramas actuales son más difíciles de proyectar
como universos propios de calma y descanso ¿Alguien se imagina desayunando con Dexter?
Como bien se muestra en los créditos, con todos los elementos nutritivos
recordándonos crímenes atroces. Y además ‘¿Qué piensas, Dex? Estas muy
callado…’. Mad Men tampoco es un lugar propicio, porque allí son menos de
familia y más de tomar el vermut o una copa tras el trabajo. Breaking Bad menos
aún, ni siquiera con un catador, porque además sabemos que la mejor manera de romper una
familia es hacer lo que sea por ella. La idea de reunirnos en familia en Juego
de Tronos nos transporta inequívocamente a decidir con cuál de ellas ¿Stark,
Lannister, Targaryen, Baratheon? Y hay acontecimientos mayores, como enlaces
matrimoniales a los que declinaríamos lógicamente el acudir. Las escenas familiares
de los Donovan tampoco dan mucho juego, aunque sean entorno a un ring.
La nostalgia nos puede llevar a entrar en el
universo de los Roper, con esos papeles pintados, las ínfulas de Mildred y los
desvaríos de George, aunque esas esquineras para comer sigan siendo la
asignatura pendiente en la decoración de mi casa. Los momentos de exquisita etiqueta de Downton
Abbey, aunque anacrónicos son atractivos si la Condesa viuda de Grantham está
con ganas de ironías. Al contrario, los momentos en familia de Shameless son
demasiado anárquicos. Y los de The Office o The IT Crowd, frugales y con
dobles intenciones.
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| Shameless en Navidad |
Por último en España, las familias a adoptarnos son
más que variopintas. En el camping de Con el culo al aire no nos vamos a
aburrir, en La que se avecina hay demasiadas cuentas pendientes y tensión y
siempre queda la opción de quedarse con los García, aunque a la serie Aída le
quede ya poquito. O con los Martínez, con sus noches de astrología, de feng
shui o literarias. La tensión sexual nos aleja de Velvet y además ¿quién
puede rivalizar con MA Silvestre y Paula Echevarría? Ahí no queda hueco para nadie
más. En las escenas familiares de B&B muchos estarían encantados (cosa
que no me explico), mientras que otras suspirarían en el barrio de El Príncipe.
Sí, he puesto otras. Los Alcántara nos traen recuerdos de la infancia a los que
ya tenemos una edad, aunque sin tanta política. Esas vajillas imposibles son lo
más.
| Paco Tous y el resto del reparto de 'Con el culo al aire' |
Dice Walter Mosley sobre el whisky en la fantástica ‘Betty
la negra’: ‘El whisky es una cosa viva,
capaz de responder a cualquier emoción que lleves dentro. Es el amor y la risa
alegre y esa fraternidad que une a los países. El whisky es tu amigo cuando
nadie viene a verte. Y es un consuelo que te abraza más fuerte que casi
cualquier amante’. Que cambiemos whisky por televisión no vuelve estas
palabras menos deprimentes, pero la ficción siempre es así. Buscamos sensaciones
paralelas a nuestra vida. Emoción, risa, ternura, paz. Si todavía no has
encontrado en la pequeña pantalla ese lugar, donde seas aceptado como uno más,
sigue buscando. Hay un cubierto para ti esperándote en algún sitio.






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