BBC America que es la madre del invento gusta de
productos extravagantes, oscuros y tres pasos por detrás (o por delante, según)
de lo convencional. Y sino echar un vistazo al Western (¿lo es?) Copper, a Ripper
Street o a la diferente The Musketeers, por citar solo algunos ejemplos. La
historia de Orphan Black es la de Sarah Manning, quien presencia el suicidio de
una chica exactamente igual que ella y a quien decide suplantar. No destripo
nada si cuento que no es el único doble que se va a encontrar Sarah y que
intentar comprender de donde salen estas réplicas es el núcleo dramático de la
serie.
La canadiense Tatiana Maslany se multiplica para interpretar varios
personajes y la verdad es que lo hace muy bien. No nos hace falta demasiado
contexto para diferenciar qué alter ego está interpretando en cada momento.
Está facilidad para desdoblarse le ha valido varios premios y seguramente ha
sacado a Orphan Black del anonimato al que buen seguro estaría abocada sino
fuera por el buen hacer de su protagonista.
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| Tatiana Maslany desdoblándose |
La historia que en un principio tiene algo de actual por el tema de la clonación humana pierde empaque por mezclar momentos pseudocientíficos con cadenas de ADN difíciles de comprender con secretos y mutaciones más propios de True Blood o Fringe. Tampoco las motivaciones de la protagonista están muy claras. Al principio sólo quiere sacar el máximo rédito económico de su nueva identidad y salir corriendo con su hija. Ah, porque tiene una hija. Y para que ésta no moleste demasiado en las fatigosas peripecias en búsqueda de la verdad el guión la inventa una madrastra que la cuida. Ésta a su vez ha sido la madre de adopción de la huérfana Sarah, allá en Inglaterra. A medida que la historia avanza se van sucediendo los tópicos insufribles. También hay un despliegue de personas alrededor de la protagonista con los que se juega a la ambigüedad de si son malos o no, en plan muy básico, muy inocente.
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| ¿Soy yo o Gavaris se parece a Eduardo Casanova, el Fidel de Aída? |
De este atolladero dramático se salvan dos interpretaciones notables. Por un lado el hermanastro gay Felix, interpretado genialmente por Jordan Gavaris. Aúna gestos arrogantes e ironía con suma frescura y es, quizá, el mayor acierto en el guión. Después está el clon maruja de Sarah, Allison. Sus tics burgueses evolucionan hacia una paranoia sobre quién vigila sus pasos. Tiene momentos realmente buenos, incluida las escenas de tortura a su pobre marido. Encajaría de miedo como otra ‘mujer desesperada’ más. Hay un último personaje que es un quiero y un puedo. Se trata del eventual compañero policía de Sarah, Art Bell, a quien da vida Kevin Hanchard con un resultado positivo, pero que naufraga porque la propia trama de Orphan Black le termina otorgando una relevancia residual. Una verdadera lástima, porque sería un personaje a desarrollar que sumaría mucho.
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| Allison no tiene experiencia torturando, pero le pone ganas |
Orphan Black es una buena historia penosamente desarrollada. Tiene mimbres como para hacer algo mucho mejor y quizá con el próximo comienzo de su segunda temporada tenga la posibilidad de redimirse. No tengo fe, pese a ello, de que abandone esos charcos dramáticos donde tanto le gusta meterse y que la convierten en algo menor, casi destinado para un público adolescente. Y lo peor es que desconfío de que en cualquier momento no salga algún zombie, vampiro u hombre lobo para renunciar del todo a ella. Una pena.
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| Queremos más caras de mala leche de Kevin Hanchard |





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